lunes, 3 de abril de 2017

Una peregrina de menos de tres meses en la Ruta Jacobea


Goya nació en junio de 2016. Con ella empezó un viaje que nos sobrevivirá y que pasa por ser la mayor de mis aventuras.
Los papás, pero sobre todo las mamás, caminan mucho. Caminar es lo que más hace una madre con una criatura que va creciendo y pesando más, durante meses y años.
Por otro lado el vínculo paterno cuesta más, es más tiempo el que se necesita pues la gran teta, la necesidad de mamar del bebé, lo domina todo en los primeros tiempos de vida.


Así pues no nos pareció mala idea coger los bártulos y plantearnos hacer lo que más se hace con un bebé, caminar y cargarlo, pero con un destino: Santiago.
Allí que nos fuimos, Paloma, Goya y yo, a tan turístico y masificado recorrido, pero en una época más suave que el duro verano, en septiembre, ya terminando la estación.
Aclarar que, viendo que el Camino entero se nos hacía inviable, cosa de las vacaciones, optamos por el tramo gallego partiendo de Sarria, donde llega el cómodo tren nocturno que sale desde Zaragoza. Es la distancia mínima que se requiere para obtener la Compostela, poco más de 100km.
Si se quiere llegar a Galicia desde Zaragoza el TrenHotel 00922 es totalmente recomendable como medio de transporte. Tiene una ventaja añadida y es que también se pueden transportar bicicletas en el coche cama y te pones en Sarria a primera hora de la mañana, ideal para arrancar tras un buen desayuno.
Fue casi el único día en que veríamos la lluvia, algo insólito en Galicia, como insólito ha sido todo este otoño e invierno, secos como no se recordaba en años.
Para caminar con un bebé en el Camino el llevar un carrito se nos antojaba labor titánica, aunque no falta quien lo haya hecho. Mucho más práctico, habida cuenta de que nuestra hija tenía dos meses y medio en aquel momento y era un ser muy delicado, llevarla pegada al cuerpo en una mochila. La senda está pensada para hacerse a pie y, de hecho, en todo el recorrido se aclaran los tramos que no son ciclables, como para pensar en hacerlos con un cochecito.



Desde el primer momento te das cuenta de lo que ya te habían contado: el camino se ha convertido en un destino turístico de primer orden. En el recorrido se puede escuchar hablar más inglés o alemán que gallego y esa afluencia "guiri" ha repercutido en lo que eran unos precios más que modestos hace unos años, cuando Paloma empezó este camino.
Unos datos. En 1990 hubo apenas 5000 peregrinos. En 2016 la cifra oficial fue de 278.041 de los que 150.000 eran internacionales. La ruta jacobea ha sido protagonista en películas, como la infumable The Way de Emilio Estévez. Fue recomendada como antidepresivo por un humorista alemán y hasta escenario para un reality coreano. Esto ha disparado el número de peregrinos exponencialmente y son de lo más variopintos los motivos para peregrinar, aunque esta caminata tenga más que ver con un trekking que con el concepto de peregrinaje religioso.

El camino desde Sarria empieza fácil. Soutos galegos, castaños y carballos que nos acompañarán todo el camino y un clima en general benigno. Por nuestra parte recomendamos no seguir a pies juntillas las etapas que recomiendan las diversas guías, especialmente si se va cargado con una bebé extra, y parar cuando realmente se necesite. Eso sí, ello obliga a cargar con todas las pertenencias y no a enviarlas mediante empresas, una práctica muy extendida entre los peregrinos.
El camino desciende al valle a orillas del Miño y cruza el pueblo nuevo de Portomarín, movido tras anegar la preciosa villa medieval el embalse franquista de Belesar. Tras ello empezará el continuo sube-baja que nos acompañará hasta Santiago. No hay grandes cotas en altura, pero sí algunas subidas molestas.


La cuestión de dormir cuando se va con niñas de corta edad restringe los lugares. Una habitación común puede ser un incordio para los demás durmientes y nada cómoda para la mamá sobre todo.
Así pues hay que buscar los albergues que tienen alguna habitación para discapacitados que no se use o bien tirar de habitaciones individuales y pensiones que, por desgracia, suelen tener precios a veces abusivos para lo que ofrecen. Pernoctar al raso no es una opción, aunque muchos peregrinos tienen que hacerlo en temporada alta.
En el top de los albergues señalar el reconvertido pajar de Mercadoiro por su encanto y por instalaciones el Albergue Pereiro en Melide.
Sigue el camino atravesando Galicia y la conversación con los gallegos habla de un mal repetido y que de sobra conocemos en Aragón: la despoblación. Galicia languidece en localidades cada vez más envejecidas y los recursos tradicionales como la ganadería o la explotación maderera dan para mantener a muy pocos.




Al mismo tiempo lo más interesante que uno encuentra en la caminata son las pequeñas aldeas. Furelos, Ribadiso o Astrar son lugares que cuesta encontrar en un mapa, pero, al mismo tiempo, prados y casitas de piedra desde las que ver pasar el tiempo... o las vacas.
Van apareciendo los hórreos, algunos de ellos espectaculares e incluso catalogados. Por desgracia su función agrícola tradicional, nos cuenta un paisano, ha pasado a decorativa.
En la parte gallega de la ruta, hasta llegar a Santiago, no hay grandes iglesias ni catedrales espectaculares, pero sí pequeños templos, muchos cerrados, generalmente de origen románico o gótico. Algunos monasterios y los pazos de la baja nobleza que luego han terminado en manos de la gente con posibles.




Conforme fuimos avanzando nos encontramos con la curiosidad natural que hacía que en alguno de los lugares donde se sella la credencial del peregrino ya esperaban a la bebé de Zaragoza. También hubo detalles simpáticos, como los regalitos que Goya recibió: una flecha de peregrino, una medallita de María Magdalena o un banderín de Puerto Rico.
Cuanto más se acerca el camino al destino final da la sensación de que más personas viven de la ruta en sí. Esa sensación me asaltó en pueblos como Arzua y conforme aumentaban los puestos de souvenirs. A falta de una economía más sólida el fluir de caminantes puede ser un estupendo negocio.
También, sin darse uno apenas cuenta hacen su aparición, por miles, los eucaliptos. Son inmensos, pues crecen rápido y, aunque han desplazado a los tradicionales robles gallegos, hay que reconocer que proporcionan un intenso aroma y son muy estéticos, con sus capas de corteza de colores variados.
Y a lo largo de toda la ruta nos permitimos unas cuantas experiencias gastronómicas. Galicia es tierra de temporadas. En invierno y comienzo de la primavera pote y grelos, comida fuerte y calurosa. Pescado para todo el año y pulpo en todas partes. Septiembre es un mes para el pimiento de padrón. Y siempre vino de ribeiro, albariño y algunas cervezas artesanas de nuevo cuño.








Terminando casi Santiago nos recibe con el Monte do Gozo y su monumento estrambótico donde rezó Juan Pablo II. Barriadas de cemento, el aeropuerto y carreteras hacen que la llegada no sea especialmente bonita. La ilusión amortigua esa fealdad y el casco histórico de la ciudad compensa de sobra.





Por otro lado Santiago es una ciudad activa y moderna. Hay que aprovechar su oferta cultural además de cumplir con el abrazo al santo o visitar sus monumentos. También es un buen punto para acercarse a todo Galicia, especialmente a la Costa da Morte como hicimos, aunque eso dará para otra historia.
Y, terminando, ya se habrá dado cuenta el lector que esto no es una guía de viaje. Tampoco es la intención, pues la idea del peregrinaje, del movimiento, incluso de una cierta espiritualidad es lo que convierte una experiencia tan trillada en algo muy personal, con la ilusión de único. Paloma terminó una ruta empezada nada menos que 15 años atrás. Mi experiencia fue un primer acercamiento. A Goya se lo contaremos más adelante.
Merece la pena recorrer la Ruta Jacobea, no importa si es sólo, acompañado o con una vida que recién empieza y camina contigo.

domingo, 26 de junio de 2016

Cicloturismo balcánico. Ficha técnica

Recorrido en bici con alforjas del 3 al 23 de Septiembre de 2015, atravesando Montenegro, Bosnia-Hercegovina y Croacia.

Todo el recorrido sin usar transporte público. Aún así es susceptible el uso de tren+bici y se puede pedir permiso para subir la bicicleta en algunos buses.



Distancia total: 1104Kms


Bicicleta Orbea Aran con múltiples añadidos.
Cubiertas anti pinchazos Schwalbe Marathon Plus. Alforjas Ortlieb y Bolsa delantera Norco.
Bici y materiales de Recicleta


Clima: seco y caluroso, sin llegar a calor extremo. Más fresco en el interior de Montenegro y Bosnia. Recomendable evitar julio y agosto.

Condiciones del tráfico: ideal para cicloturismo en carreteras secundarias. Hay bastantes tramos con pavimento deficiente y vías señaladas como pavimentadas que no siempre lo son.
Atención a los alrededores de las grandes ciudades. Las carreteras no tienen arcén y el tráfico está muy saturado.




Carril-bici: el único realmente funcional en Sarajevo, atraviesa toda la ciudad y conduce al centro histórico. Algunos tramos útiles en Split.

Alojamiento: acampada libre, tolerada en los tres países y permitida en zonas de Montenegro. Prohibida en playas. Hay campings, aunque no muy abundantes y de calidad cuestionable. 
Albergues relativamente económicos, salvo en la costa croata, donde son prohibitivos y de poca calidad.
Red warmshowers para cicloturistas. Pocas posibilidades pero las que hay son gente muy amable.




Avión: Lo más fácil es lo que yo hice, volar a Dubrovnik. Hay decenas de vuelos a este enclave turístico por precios económicos, sobre todo si se vuela fuera de temporada y/o se reserva con tiempo.

Coste: con billete de avión i/v a Dubrovnik más alojamiento, comida y cervezas 500 euros aprox.







viernes, 6 de mayo de 2016

Cicloturismo balcánico. Dubrovnik y fin de trayecto

Dubrovnik es un escaparate, un escenario, un producto si quieres y luego también hay una ciudad, más o menos cercana al centro histórico, donde viven los ragusinos.
Es la maldición de las ciudades pequeñas con atractivo turístico: terminar siendo víctimas de su propia belleza.





Dubrovnik es una ciudad de belleza florentina o veneciana, no en vano tuvo mucha relación con las ciudades-estado italianas y ella misma lo fue. También tiene el toque mediterráneo, de ciudad mercante y penetrada por muchas culturas. Tiene su propia personalidad croata y unos precios en la zona turística que te trasladan a parámetros suizos o noruegos. Aún con esos inconvenientes, o con el hecho de que una ciudad del tamaño de Huesca sea asaltada por hordas de 25.000 turistas al día en verano la parada es necesaria.



No suelo hacerlo, pero voy a denostar el lugar donde pasé una noche, el Hostel and Rooms Anna. Un lugar donde me atendieron una australiana con un resacón del quince, absolutamente dejado, sucio y, para colmo, caro. El mundo mochilero está lleno de estos negocios que sacan unos pingües beneficios: mínima inversión, máximo beneficio y, con demasiada frecuencia, salarios míseros. Por desgracia, conversando a posteriori con otras personas, me comentaron que la calidad-precio de los alojamientos dejaba mucho que desear para los viajeros de poco presupuesto.
Aún sin desanimarme, teniendo en cuenta que la noche anterior la había pasado al raso en un pinar, aproveché para desayunar fuerte a cuenta de la casa esquivando las botellas de vodka barato y cerveza.
Lo de tomar fuerzas es fundamental. Ya en un primer vistazo se da uno cuenta que Dubrovnik es una ciudad que requiere de buenas piernas. No hay más que ver a las legiones de cruceristas echando el bofe por las interminables escaleras que hacen las veces de calle y natural defensa de la ciudad.
Ragusa fue construida como alternativa segura al antiguo puerto de Epidauro, encaramada a la parte más escarpada de los alrededores y rodeada de un robledal (dubrava quiere decir robledal, de ahí el nombre de la ciudad) del que no queda ni rastro. El emplazamiento de la ciudad es lo que limitó la extensión de la misma por un lado y la convirtió en bastión seguro y una suerte de paraíso fiscal.
La centenaria Ragusa fue una ciudad libre que ejerció las veces de ciudad-estado al más puro estilo de las polis griegas, lo que le valió el sobrenombre de la Atenas dálmata. Nombre que hace también referencia a su apoyo a las artes que llevó consigo la construcción de impresionantes palacios, edificios civiles o iglesias.





Desde el punto de vista defensivo, por otro lado, la ciudad se dotó de un recinto amurallado que la convirtió en plaza fuerte, lo que no fue óbice para que los venecianos la ocuparan dos siglos.
En las banderolas de la ciudad reza la palabra Libertas, que la ha definido históricamente como consigna. La palabra hace referencia a la independencia que ha ostentado siempre negociando ya fuera con corsarios como con monarcas o con el sultán otomano, que respetó la ciudad a cambio de un tributo y que permitió el comercio con Asia, lo que enriqueció aún más el patrimonio
Ahora el negocio va por otro sitio. De hecho ha llegado al punto que se confunde la ciudad con el mero proyecto turístico y ello lleva a encontrarse con mensajes en la puerta de las casas recordando que, pese a todo, allí aún vive gente que merece un respeto.









Se entiende hasta qué punto puede ser una molestia la presencia de turistas en calles donde casi puedes tocar los dos lados con extender los brazos.
Por otro lado hay muchas formas de recorrer la ciudad y diversas épocas del año, en que se puede disfrutar de la misma con relativa tranquilidad. Yo estuve a finales de septiembre y aún se podía transitar con calma. En cuanto llega el otoño Dubrovnik se adormila y algún lugareño me dijo que era la época ideal para disfrutarla.
Madrugar es fundamental, sobre todo si es en verano cuando el sol cae a plomo. Evitar la hostelería local también es un gesto de inteligencia. En cualquier caso preguntar no es un delito y siempre es mejor que pagar tres euros por un café o más de cinco por un helado. Las alternativas extramuros son las mejores.




En cuanto a atractivos turísticos poco hay que decir. Lo más fácil es dejarse llevar, pasar de la inmensa horterada de Juego de Tronos y fijarse en el audaz diseño de las murallas, en la riqueza increíble de palacios e iglesias y hacerse una idea de cómo fue la vida en los tiempos de esplendor de la ciudad.
Las playas de Dubrovnik son perfectamente prescindibles. En cualquier caso hay un paseo tanto en bus como en coche o bici hacia mejores alternativas.
Pero todo lo bueno llega a su fin, así que me tocó terminar periplo cicloturista. Me despedí de la vieja Ragusa en un día de sol espléndido tras un agradable paseo matutino por la ciudad.
Una vista al extrarradio de Dubrovnik me enseñó otra ciudad. No diferente a cualquier otra: centros comerciales, talleres, fábricas...
Y al poco una parada en la antigua Epidauro, ahora llamada Catvat, del mismo nombre que la ciudad griega del Peloponeso, aunque no tan esplendorosa.
Puerto de mar a un paso de Dubrovnik es un buen lugar donde tomar algo, comer estupendamente y relajarse. Tiene sitios para visitar, aunque sus ruinas más antiguas necesitan mucha imaginación.
Vi atardecer degustando unos mejillones y un buen vino croata. Dormí en un pinar y empezó mi vuelta.









sábado, 23 de abril de 2016

Cicloturismo balcánico. Costa dálmata Neum-Dubrovnik 84kms

Casi llegando al final de mi recorrido con un tiempo estupendo salí hacia la brillante Dubrovnik, antigua ciudad-estado de Ragusa. Ciudad-decorado sobre la que tengo mis reservas que expondré en otra entrada.



La etapa, en un primer momento, fue un rápido paso de la frontera bosnia para llegar a Croacia en una carretera que fue aumentando en tránsito. La prudencia es fundamental en esta parte del recorrido. La que, por desgracia, no tienen muchos conductores en una carretera especialmente sinuosa.
La costa siguió siendo accidentada y de aguas cristalinas. Aumentaron los resorts de lujo, más cuando se aproximaba la ruta a Dubrovnik.Tomarse un simple café puede ser prohibitivo, pero no dejan de aparecer pueblos donde viven croatas de verdad, no sólo orondos turistas alemanes o nórdicos.
La actividad pesquera sigue estando presente en bastantes localidades y eso garantiza un suministro más que aceptable de buen pescado fresco.



Las vistas a pequeñas islas como Lopud o Sipan son realmente imponentes y siguen apareciendo, aquí y allá, restos históricos, bastiones defensivos y huellas de lo que fue la gran prosperidad de la zona en siglos pasados. La actividad corsaria y las ciudades-estado tuvieron sus luces y sus sombras, pero generaron una costa llena de lugares interesantes.



El calor se hizo fuerte durante el día y provocó una pequeña tormenta que me pilló a cubierto, por fortuna.
Antes de entrar a Dubrovnik el puente sobre la bahía es un punto impresionante para tener una gran panorámica. En una costa tan irregular y quebrada, que se da un aire a los fiordos noruegos, se ha optado por esta solución de ingeniería civil para ahorrar kms.


La llegada a Dubrovnik, sin tener reserva de habitación, fue complicada y finalmente terminé dando muchas vueltas, pero durmiendo con unas estupendas vistas sobre la ciudad. Eso sí, en un pequeño pinar al que se accede siguiendo la calle Frana Supila. Se puede preguntar por la ermita de Sveti Orsula (Santa Úrsula) en el parque del mismo nombre.
Una noche preciosa y llena de estrellas. Merecido descanso, pues al día siguiente tendría que cambiar la bici por el pateo constante entre hordas de turistas.


miércoles, 6 de abril de 2016

Cicloturismo balcánico. Costa dálmata. Makarska-Neum 99kms.

Un comienzo de día realmente idílico, con un sol estupendo, sonido de mar y ardillas correteando en el pinar donde desperté.
Luego toda una maratón ciclista de 99kms, aunque con el viento levemente a favor y un perfil plano tampoco es de extrañar.







El primer punto de parada y desayuno con palacinke (versión eslava de los pancakes) fue en Tucepi. Baño en la playa, normalmente saturada, aunque si se acude a una hora temprana se puede estar bastante tranquilo.
Conviene recordar aquí que en Croacia no están permitidas las playas privadas, por mucho que lo intenten los resorts hoteleros, así que viene bien aprovechar para bañarse en las claras aguas del Adriático, siempre accesibles en bicicleta.



La costa tiene unas vistas impresionantes en todo momento: La isla de Hvar, la península donde se encuentra Trpanj y Loviste. También algunos lagos más hacia el interior y bastantes aves.
Pese a la abundancia de residencias turísticas, apartmani y hoteles entre medio sobreviven iglesias medievales, monasterios o restos de fortaleza.





Y especialmente agradable la zona de la desembocadura del Neretva, donde se atraviesa una fértil albufera típicamente mediterránea con cultivos de cítricos, huertas y miel. En la zona sorprende un pequeño puerto con unas pronunciadas cuestas que me hicieron sudar. Fue de agradecer el zumo natural al terminar la cuesta.




Por contra al bajar el puerto me encontré con la fea e industrial bahía de Ploce. Una zona portuaria donde termina la línea del ferrocarril croata. En el breve descanso se me comieron los mosquitos.
El atardecer me pilló justo cruzando la frontera con Bosnia-Herzegovina.
Así pues, mi largo recorrido terminó en territorio Bosnio, pues Neum es la única salida al mar de Bosnia-Hercegovina, aunque el lugar no tiene ningún interés.
Una larga hilera de edificios turísticos apelotonados junto al mar y un camping caro y que no recomiendo al que llegué de noche. El señor que lo atendía, muy amable, no hablaba inglés pero sí un curioso francés de academia.



La ruta del día, aproximadamente

lunes, 29 de febrero de 2016

Cicloturismo balcánico. Costa Dálmata. Split-Makarska 70kms

La salida de Split fue por un breve tramo de carril bici para ir a parar a una horrible carretera atestada de tráfico, antes de conseguir encontrar la carretera que discurre por la costa, mucho más recomendable para pedalear y con un tráfico más tranquilo.



Al salir de la ciudad me encontré rápidamente con uno de los males de todo el Mediterráneo: la presión urbanizadora del turismo. Las urbanizaciones crecen como setas, con la consecuencia añadida del consumo de agua y energía. También, no diferente a lo que sucede en la costa levantina o catalana, encuentra uno los esqueletos de los proyectos que fallaron y que ahí quedan como testigos mudos de su propia burbuja inmobiliaria.
A pocos kms de Split, aún así, uno ya va encontrando localidades con cierto encanto. Es el caso de Podstrana, con su puerto pesquero, situada en una bahía de aguas transparentes.
Más adelante Omis, preciosa ciudad situada en la desembocadura del río Cetina.


Antaño puerto de corsarios, Omis es ahora una localidad muy turística, aunque los largos kms de costa permiten disfrutar del centro histórico con relativa tranquilidad.
La ciudad es de estructura medieval, pero tiene detalles renacentistas que demuestran que ya hace unos siglos hubo quien valoró tan privilegiado emplazamiento.
Tomar algo en la zona histórica es especialmente agradable. Los bares cercanos a la iglesia principal ofrecen música, wi-fi y buena cerveza. Comer tampoco es mala opción. En la costa es más caro.
La historia de Omis merece capítulo aparte. Se utilizaba como base para asaltar navíos despistados y como puerto franco. El río era ideal, según parece, para escapar de los eventuales perseguidores.
Por otro lado tiene una huella religiosa plasmada en varias iglesias, alguna de ella especialmente notable.
Para grandes frikis de la lingüística este fue uno de los centros de estudio principales del glagolítico, un alfabeto eslavo antiquísimo.
A lo largo del camino aproveché el tiempo para zambullirme en el Adriático. Hay playas y calas para todos los gustos y en alguna puede uno disfrutar de una relativa soledad. Eso sí, tras descender por senderos de vértigo, con bici y todo.
Un buen sitio para recalar es Mimice. Tranquilo, con una playa de arena limpia y puerto pesquero.




La ruta terminó en Makarska. La ciudad ha sido engullida por los resorts playeros, pero está rodeada de manchas verdes de pinos donde se puede acampar por libre, con el sonido de fondo del mar y una tranquilidad absoluta con vistas a la cercana isla de Brac.
Aún así, tiene un pequeño casco histórico para dar un paseo y beber de su fuente, en teoría santificada.



El tiempo de casi finales de septiembre fue idílico, casi demasiado caluroso y la noche especialmente agradable, con la tienda plantada en el parque forestal de Osejava.





La ruta del día, aproximadamente

sábado, 27 de febrero de 2016

De Spalatum a Split. Muchas ciudades en una

Si bien entrar a Split no difiere de cualquier otra ciudad del otro lado del llamado Telón de Acero, con sus bloques de hormigón y sus avenidas que parecen hechas para un desfile militar, el casco histórico sorprende y encandila al primer golpe de vista.
Para empezar aclarar que Split es una ciudad adecuada para la bicicleta. No hay que desanimarse por la cercana cordillera y los escarpados alrededores.


El clima suele ser benigno, aunque me aseguraron que el verano solía ser tórrido, y hay una modesta red de carriles bici que comunica con los barrios del extrarradio y que permite recorrer parte de la costa y acceder a zonas comerciales más alejadas del centro. Esto, para alguien que llega tras dos semanas de pedaleo balcánico fue una agradable sorpresa.
Frente a los desbocados precios de Dubrovnik, Split presenta alternativas en su hostelería bastante más módicas. De hecho todo el turismo se concentra en una zona relativamente pequeña de la ciudad y el "sabor croata" está a diez minutos en bici.
Para empezar la entrada desde el Noroeste en bicicleta ofrece la posibilidad de hacerlo por la extensa área verde cercana, llena de los nativos haciendo deporte, paseando y haciendo pic-nic.
En esta zona, como en toda la costa dálmata, hay fortificaciones, ruinas romanas y bosque mediterráneo.
Ya en el centro son muchas las atracciones turísticas para recomendar. El carril bici te deja a la entrada de la ciudad antigua por la romana Puerta de Oro y la peculiar estatua del patrón de la ciudad, san Gregorio Ninski.

Lo que sí puede ser un error es introducirse por las intrincadas callejuelas romanas y medievales por algunas de las cuales a duras penas caben dos personas juntas. Las pasé canutas con la bici y alforjas, especialmente cuando me crucé con alguno de los vehículos eléctricos que se utilizan para transportar cargas en la zona.

Desde allí llegué al hostel con facilidad. Recomiendo el Split Backpackers para cicloturistas porque tiene un espacio para atar las bicis en un patio interior donde están seguras y el lugar es limpio y cómodo.
En cuanto a recorrer la ciudad, como digo en el título, Split son muchas ciudades.
Por un lado el impresionante casco antiguo, con su peristilo de columnas y su catedral que deja boquiabierto. Al menos este atractivo turístico merece la pena la entrada. Septiembre, o mejor incluso octubre, son mejores meses que los atestados julio y agosto. Mejor no consumir nada en la zona: los precios son abusivos.



También hay todo un dédalo de callejuelas lleno de pequeñas joyas en las que fijarse. Dinteles, columnas, fachadas blasonadas y detalles que van apareciendo aquí y allá.




Asimismo es esta una ciudad muy, pero que muy católica. Son muchas las iglesias que funcionan en la ciudad y muchas las personas que las llenan. También está el pasado oscuro croata, que vincula catolicismo, fascismo y colaboración con el régimen nazi. Una etapa oscura sobre la que se habla poco.
En la actualidad en Croacia hay un gobierno de coalición en que está presente la extrema derecha. Preocupante.


Hay otra Split marchosa a un paso de bici. Muchos bares con cerveza barata y pequeños snacks.Ninguno en especial que recomendar, aunque en todos ellos te espera una Ozujsko, Lasko o Karlovacko, las marcas más populares del país.



Y también hay una Split gastronómica. Es una ciudad donde se puede comer muy bien por un precio razonable. El barrio pesquero, cerca del puerto, tiene muchos locales y, buscando un poco, se come de miedo y por no mucho dinero.
Comprar comida es otra buena opción. El clima mediterráneo y la cercanía del mar hace que haya de todo: desde estupendas frutas y verduras a pescado fresco o incluso tabaco para liar.



Y hay una ciudad moderna e inquieta, con locales cool, galerías de arte y un espacio dedicado al arte contemporáneo con exposiciones constantes y alguna propuesta muy audaz, como por ejemplo, la ballena que atravesaba una pared a modo de instalación. La comunidad extranjera que se ha establecido tiene un gran peso en esta visión de la ciudad.



Mi tiempo era limitado, pero la verdad es que la ciudad merece mucho más que el par de días que pasé en ella. Mucho para ver y seguro que cosas que se me quedaron pendientes. Otra vez será.