viernes, 19 de octubre de 2018

Munich-Venecia en bici (I) Lluviosa Baviera

Dos veces en un año Baviera y el Tirol. Parece que le haya cogido afición, pero es lo que tiene disponer de poco tiempo y encontrarse frente a una infraestructura ciclable como esta, de las mejores del planeta sin duda.


Empezando viaje. Foto típica en la Marienplatz

De arranque, para quien tenga dudas sobre su condición física para realizar esta ruta (son 560km a priori, pero siempre salen más) que no se lo piense. Hay posibilidad de subir la bici al tren en todo el recorrido. La única limitación es el clima que hace que sea una ruta a realizar entre mayo-septiembre o te arriesgas a pedalear sobre un metro de nieve. Mojarte algún día es casi inevitable, pues todo el recorrido pasa por una zona muy lluviosa.
Por mi parte empecé por Munich. Es la alternativa más cómoda en cuanto a hacer más kilómetros de bajada, lo que no evita atravesar un par de puertos de montaña.
Desde muchas ciudades de la península hay vuelo directo tanto a Munich como a Venecia, incluida Zaragoza, con lo que es fácil transportar la bici.
Bueno... fácil pagando más por la bici que por el pasaje y cargando con un muerto considerable.


Munich me recibió lloviendo y me fui lloviendo. Tampoco nada novedoso, aunque los tres primeros días de lluvias intermitentes se hicieron algo pesados.
Una vez en la ciudad lo mejor es ir a información turística en Marienplatz donde te facilitan  una guía gratuita con todo el recorrido detallado (en inglés), que a mí me fue de mucha utilidad. Además incluye pequeñas referencias turísticas de las localidades por la que se pasa y las diferentes rutas alternativas.



Munich es una ciudad muy activa, capital de Baviera, con un alto nivel de vida y un casco antiguo bastante reformado pero que merece un paseo. Tampoco está mal tomarse una cerveza (todo el mundo recomienda la Augustiner) en un biergarten, pues es de lo más económico que se encuentra en esta cara ciudad porque comer es caro y la gastronomía tampoco es para tanto.


Si no se visita ningún museo, madrugando un poco se puede recorrer en un día el centro histórico. La catedral estaba en obras este verano y parece que hay para rato.


Desde allí mismo hay que acercarse al río Isar y una cómoda vía nos sacará de la ciudad, aunque el área metropolitana acompaña 15km. Eso sí, casi no te das cuenta, pues la vía discurre por una zona boscosa muy tranquila que amortigua el ruido del tráfico.





Los pueblos que rodean Munich no tienen un gran patrimonio, pero el recorrido es bonito, todo el tiempo entre bosque y campos de cultivo. El camino resulta resbaladizo y angosto en algunos tramos, pero hay carreteras secundarias de tráfico muy tranquilo para evitarlo si se quiere.


Un árbol caído lo pone difícil

De las dos rutas posibles elegí la más cercana al río, que se aleja en algunos tramos y que, básicamente, es llana.


El río Isar

Hay muchos súper para comprar a lo largo del camino, campings y albergues juveniles. Los campings no son baratos, así que hay que valorarlo si viajas solo.
A unos 50km se encuentra la ciudad balneario de Bad Tölz, con un aire muy tradicional, preciosas casas decoradas y la ventaja de no haber resultado muy dañada en la Segunda Guerra Mundial.
La parada y el paseo es imprescindible. Seguro que, en fin de semana, encuentras bávaros ejerciendo como tales con sus Lederhosen (pantalones de cuero tradicionales) y una jarra de cerveza en la mano.




Bad Tölz

Desde allí se cruza el río de nuevo y la subida se va haciendo algo más evidente, pero sigue siendo muy leve. En mi caso paré a dormir en Lenggries, donde estaban en plena feria. Desde este pueblo las vistas de los Alpes ya empezaban a ser prometedoras.



Despertar en Lenggries

La lluvia se empeñó en no dejarme en paz y el camino hasta Austria (y más allá) fue pasado por agua.
Desde Fleck la ruta se vuelve peliaguda si se quiere hacer por camino, así que está la posibilidad de seguir la carretera, bastante tranquila.
El camino tiene constantes sube-bajas y suele estar resbaladizo con lluvia, así que opté por tomarlo con calma.
El entorno del lago Sylvenstein (en realidad un embalse) me recibió con más lluvia pero un paisaje muy imponente. Justo es en esa zona donde se junta la otra ruta alternativa, poco antes de cruzar la frontera.



Lago Sylvenstein


Llovía y hay peores fotógrafos que yo. Aún así, gracias al amable voluntario

Desde allí otra vez subida y entorno verde, bosque y pista de tierra en buen estado.
En el desvío de Fall es fácil despistarse, a mí me pasó y tuve que dar la vuelta, sobre todo con mal tiempo. Toca otra vez rompepiernas en el que hay que ser especialmente cuidadoso con las bajadas. Eso sí, un bosque alucinante y poca población.
De repente se acaba la pista, se llega a una carretera muy transitada y ¡Bienvenidos a Austria!


Ruta Munich-Frontera austriaca, aproximada. Por el sendero 113kms


13 al 15 de septiembre 2018

Coste vuelo i/v Zaragoza-Munich-Venecia-Zaragoza 176€ bici incluida.

Campings en Munich, Arzbarch y Lenggries. Caros. 

Albergues juveniles en Bad Tolz, Hochland Y Lenggries.

Próxima entrada: Munich-Venecia en bici (II). Austria en un sube-y-baja

domingo, 7 de octubre de 2018

Innsbruck-Baviera-Salzburgo en bici (II): Por la Baviera rural


Seguimos con la ruta que nos llevó desde el Tirol austriaco a Baviera entre mayo y junio de este año y de allí a Austria de nuevo, en concreto a Salzburgo a través del sendero de Mozart.
Nada más pasar la frontera alemana empezaron los problemas. Un incómodo viento racheado presagiaba la fuerte tormenta, granizo incluido, que nos hizo refugiarnos en un cobertizo a toda prisa.
Hasta Rosenheim la ruta fue un calvario de lluvia intermitente y falta de alojamientos por el puente festivo del Corpus. Al final encontramos plaza en un hotel infame que presumía de cuatro estrellas... en fin.




Rosenheim no es una gran ciudad, es una de las muchas que tiene Baviera, el estado alemán más densamente poblado con sus casi 13 millones de habitantes. Un pequeño centro histórico muy reformado y varios parques muy tranquilos. En cualquier caso un excelente punto de partida para conocer unos interesantes alrededores.



Lo más sorprendente al salir de Rosenheim es pasar en unos pocos kilómetros de una continuidad de polígonos industriales a una Alemania de vacas, prados y explotaciones agrícolas.
En menos de una hora llegamos al lago Sim, de pequeño tamaño y rodeado de granjas y pequeños pueblos.


Todo Baviera está muy poblado, así que entre poblaciones hay rutas ciclables bien señalizadas, llanas como una mano, un lujo que no conocemos en estas tierras.
Por otro lado están los diferentes senderos (de la miel, de la leche, la sal, vías romanas, sendero de Mozart) que recorren cientos de kilómetros. Hay tantas señalizaciones que es fácil llegar a liarse un poco, pero suelen coincidir en parte del trayecto. Perderse es un placer, en cualquier caso.


El lago Sim se rodea rápido y no ofrece el atractivo natural del llamado mar de Baviera, el lago Chiem, a una corta pedalada.




La Chiemgau, región que rodea el lago, es un destino muy popular que rodean en bici miles de personas cada año. Buena parte de sus orillas son zona natural protegida, por lo que no te puedes acercar al agua, pero los caminos son estupendos, aunque conviene hacerse con un buen anti-mosquitos.
Ya por la tarde, tras un recorrido de km paramos a dormir en Rimsting en una casa de huéspedes totalmente recomendable: Gastezimmer Nigglhof, regentada por la familia Daxenberger ¡Y el propietario hablaba perfecto castellano!




Noche de granja, desayuno opíparo y otra jornada de calor sofocante, una constante en el viaje.
Arrancamos tirando a tarde y optamos por un sendero que circunda el Chiemsee en la zona más cercana al agua, evitando las zonas más propias para BTT. Mejor preguntar pues hay muchas opciones.


La zona que rodea a las pequeñas islas interiores del lago ofrece unas vistas estupendas sobre las mismas y la posibilidad de cruzar en barco hasta ellas.
En general la ruta es un paseo, con zonas de baño y vistas al lago. Ayuda a la tranquilidad el escaso tráfico.
Por nuestra parte no rodeamos totalmente el lago, pero es una opción al alcance de cualquiera.
En el camino nos cruzamos con restos romanos en Seebruck y con las laderas de los Alpes que se intuyen desde el mismo lago.




Prados y bosque de pinos seguidos de más prados de vacas y más pinos. Una tranquilidad envidiable.
También nos encontramos una ruta insospechada: el Camino de Santiago. Realmente el peregrinaje a Santiago partía desde toda Europa, así que las principales ciudades conectaban con la ruta jacobea.
Tras un día de pedaleo tranquilo recalamos en Traunstein, pequeña ciudad a un paso de Austria de nuevo.



En Traunstein, como en otras ciudades, hay un albergue de peregrinos oficial. Es una posibilidad, aunque en el caso de esta ciudad está en una pedanía del extrarradio, lejos de cualquier parte.
Eso sí, el lugar merece la pena aunque solo sea por su curiosa decoración y su precioso jardín.
Desde aquí a la frontera austriaca fue un boscoso paseo de pinos que casi no dejan pasar el sol.
Muchos bosques y carreteras secundarias que cambian el perfil por un sube y baja que puede resultar un tanto cansino, hasta alcanzar la orilla del río Salzach que nos lleva hasta el centro de Salzburgo.

Rosenheim-Salzburgo por lago Chiem







sábado, 8 de septiembre de 2018

Innsbruck-Baviera-Salzburgo en bici.(I) Un pedacito de Tirol

Autora de la mayor parte de las fotos: Paloma Marina

Un pequeño viaje y una vez más pedaleando con nuestra hija Goya en cicloturismo muy tranquilo.
Con el transportin infantil a la trasera de la bici y equipaje para varios días no es cosa de hacer muchos kilómetros y la ruta a recorrer merecía la pena para detenerse en ella y turistear.



Para empezar alquilar las bicis. No es la primera vez y, vistos los precios asequibles de algunas tiendas en Austria, merece la pena más que cargar con los pesados bultos y pagar la barbaridad que te cobran las líneas aéreas por transportar tu bici.
Optamos por Vienna Explorer, pero hay otras alternativas. En este caso simplemente porque alquilar muchos días iba rebajando el precio y facilitan gratis cosas como herramientas o repuestos.
El recorrido que habíamos pensado originalmente lo cambiamos sobre la marcha porque el río Inn, Eno en castellano, que íbamos a seguir hasta el Danubio, tenía bastante recorrido por una incómoda y aburrida pista de tierra.
Así pues optamos por hacer una ruta semicircular que partió de Innsbruck, donde llegamos con tren desde Viena (caro pero comodísimo) atravesando parte del Tirol hasta entrar en Baviera, rodear los lagos Sim y Chiem para llegar a Salzburgo por una de las variantes del llamado Sendero de Mozart, una cómoda y preciosa vía ciclable.



El Tirol nos recibió con un café (los tiroleses lo beben por litros) y con la hospitalidad de Yvonne y Fabian gracias a la red warmshowers de apoyo entre cicloturistas.
Innsbruck es una ciudad donde las montañas se te caen encima. Impresionan realmente sus picos y su ubicación al pie de estaciones de esquí a las que se llega en un paseo+teleférico.



Otra cosa que nos soprendió fue su tamaño. Es una pequeña urbe de 130.000 habitantes, mayormente dedicados a la industria, pero que ha tenido un papel muy activo en la historia. De estas ciudades que te suenan y te imaginas más grandes, pero no defrauda, desde luego.




Principados efímeros, guerras fronterizas con la cercana Baviera, señorío feudal y hasta leyendas tan cómicas como la de la tacañería del conde Federico IV, llamado el de los bolsillos vacíos. También la historia moderna viene al paso, con un recuerdo a la convulsa época nazi. Y en el casco histórico palacetes de la nobleza y burguesía local e iglesias que evidencian la asentada raigambre católica de la ciudad.


Tejadillo de Oro (pero las tejas son de cobre). Innsbruck

La estructura de la ciudad antigua es un tanto distinta a las otras ciudades austríacas. Es más medieval y con callejuelas frente a las avenidas inmensas de Viena, que acabábamos de visitar.
La zona que fue recinto amurallado se visita rápido pero conviene no perder ojo de sus muchos detalles en forma de rótulos, pequeñas esculturas y tejados decorados.



También conviene no perderse una visita a alguno de los biergarten tradicionales, en realidad una tradición de la cercana Baviera. La cerveza es de lo poco asequible que hay en Austria.
La salida de Innsbruck se hace por la margen izquierda del río Inn/Eno, que nos acompañó durante un centenar de fáciles km.



Todo el recorrido está muy bien señalizado y, si te asalta el cansancio, a un paso hay un ferrocarril con varios trayectos a la hora en el que se pueden subir las bicicletas. Mejor los trenes regionales, pues tienen muchas paradas intermedias y es más fácil subir la bici.


Vista desde Volders

El comienzo del camino tiene su atractivo en las impresionantes montañas que lo rodean. Moles de granito de 2500m con ideales prados y campos de cultivo a sus pies, que alternan con tranquilas localidades. Lo desluce un poco en algunos tramos la presencia de numerosas industrias. Se atraviesan varios polígonos y la autopista que se dirige a Munich está cerca del camino, por lo que a ratos es un tanto ruidoso.


Polígonos industriales en el entorno del río Eno


Este no ha sido un año normal en Austria ni en general en la Europa más húmeda. De hecho ha sido un año con un calor inusual, por lo que todo el trayecto fue fácil, pero lo normal es esperar algún día lluvioso, incluso frío a finales de la primavera. En nuestro caso sudamos de lo lindo.



El Tirol austriaco es eminentemente rural. A pueblos como Hall in Tirol o Volders se accede directamente desde el trayecto por el río y tienen todos los servicios pero a la vez son tranquilos y tienen rincones de postal como pequeñas iglesias, casas tradicionales y algún que otro castillo y palacio.


Hicimos noche en Wiesing, a los pies del macizo donde se halla el lago Achen, muy popular como zona de esquí y veraneo. Es un pueblo con sus casitas de madera y el que más alojamientos tiene en la ruta. Además en poca distancia hay dos campings.
Desde aquí el camino empieza a estar rodeado de montañas más bajas y sigue su suave descenso hasta la pequeña ciudad de Kufstein, ya casi en la frontera con Alemania.


Llegada a Kufstein

Las fechas que elegimos fueron un tanto problemáticas para alojarse, pues era la festividad del Corpus Christi y en la católica Baviera y el no menos católico Tirol es un importante y celebrado puente festivo. Por ello nuestra llegada a Kufstein fue todo un regalo.
Una banda de música tradicional, un numeroso grupo de personas con trajes típicos y bendición con cura bajo palio al aire libre.
El espectáculo era bonito, aunque para mi gusto rozaba (y sobrepasaba) lo kitsch. Era como una mezcla de peli de época y Sonrisas y Lágrimas reescrito.



Fiesta tradicional del Corpus


Kufstein es una pequeña ciudad de centro medieval con varias fortalezas, la más impresionante sin duda la que domina el Casco Histórico. Enclavada sobre una peña, a 90m de altura, es el típico bastión medieval, del s XIII pero reformada en varias ocasiones.
Su calle más célebre, Römerhofgasse, tiene cervecerías, restaurantes y una estética muy cuidada. Otra verdadera postal.
Desde Kufstein el río se ensancha y cada margen pertenece a un país. Lo más fácil es seguir por la margen derecha, situada en Austria, que atraviesa dos reservas de aves. Si no se desea seguir el río hay alternativas por carreteras locales, poco transitadas y muy tranquilas. Allí nos encontraremos ya con las primeras indicaciones del sendero de Mozart y, casi sin darnos cuenta, un pequeño cartel nos indica que estamos en Alemania.



Recorrido Innsbruck-Kufstein-Frontera siguiendo el río Inn

viernes, 17 de agosto de 2018

Viena. Arquitectura y algo más


Viena suena a Imperio y lo fue. A avenidas inmensas y grandes plazas. A sátrapas que se revestían de glamour y que contaron con los mejores arquitectos, jardineros, paisajistas y artistas de todo el mundo que dieron a la ciudad el aspecto que tiene.


En su momento, junto con París y un selecto grupo de ciudades europeas, fue un símbolo de planificación urbana hecha a medida de los aires de grandeza del Imperio primero austriaco y luego austrohúngaro.
Esos cambios urbanos, que buscaban sanear la ciudad, tuvieron sus contrapartidas. Para empezar las sociales, pues se movieron al antojo imperial a miles de habitantes. Eso sí, en aquel entonces la democracia no se llevaba mucho.


No menores las culturales, pues se pasó por la piqueta miles de edificios. Esto lleva a que en Viena no cabe esperar, excepción hecha de la catedral de san Esteban y el trazado de un puñadito de calles, muestras de arquitectura anteriores al Barroco.



Partiendo de esta premisa, porque ignorar la historia social es ignorar la historia, queda disfrutar.
Disfrutar de una combinación de parques grandes y muy cuidados con muchas plazas que hacen de espacio diáfano conectado por anchas avenidas.
La estructura en red de la ciudad romana se copió en Viena, aunque con centros neurálgicos en un edificio sin el que esta ciudad es impensable: el palacio.


El excesivo Schonbrunn, Belvedere, Hofburg, Pallavicini... La lista es larguísima y hay que seleccionar en función de los gustos personales. También porque todas las atracciones turísticas de Viena son pagando y no poco precisamente. El nivel de vida austriaco es realmente alto para el estándar del ibérico medio.
Muchos de estos edificios son museos, aunque también estaría muy bien explicar a muchos turistas que un museo es algo más que un sitio donde hacer selfies absurdos. Y hay de todo, desde la excepcional pinacoteca del Belvedere hasta la exclusiva casa de subastas Kinsky.



Cuando uno se cansa de tanto barroco y rococó una visita a uno de los cafés tradicionales vieneses garantiza un sablazo pero también, eligiendo bien, encontrarnos con diseños entre el XIX y el XX. Decó, Modernismo, mobiliario bauhaus y todo el vintage imaginable. Desde el esteta café Museum de Loos al ambiente recargado del solarium en el Palmenhaus. Para todos los gustos y para casi ningún bolsillo. Aún así la pasión de los austriacos por el café es innegable.



Recorrer la ciudad en bici es muy recomendable, aunque un placer a ratos, pues el tráfico en algunas de las avenidas es muy intenso, nada distinto de cualquier otra gran urbe. Eso sí, el respeto a los ciclistas es muy grande, por lo que no hay que temer animarse a alquilar una bici (es barato y hay muchos lugares) y ponerse a ello. Un paseo muy fácil es seguir el canal que conecta con el Danubio hasta el río. Graffitis, algunos locales alternativos y la incineradora de Hundertwasser.
Pero ¿Quién es Hundertwasser? El diseñador vienés contemporáneo por excelencia. Mejor no perderse su obra y conocer un poco de su discurso ecologista y cargado de crítica social. Lo mejorcito, sus viviendas sociales. De camino también se puede uno aproximar a la obra del racionalista Otto Wagner.








Lo cierto es que hasta para un profano el desfile de arquitectura y diseño de esta urbe es una suerte de enciclopedia al aire libre.
Aunque Viena es algo más que un edificio tras otro, como toda ciudad es un paisaje humano por encima de todo.



De los vieneses de siempre decir que son silenciosos, corteses sin ser cordiales y hechos a una sociedad del bienestar. Los nuevos vieneses son muchos y se agrupan en los márgenes de la arquitectura lujosa.



Unas pocas paradas de metro o una charla en un parque te enseña a los nuevos austriacos. Los que llegaron hace un tiempo, o siguen llegando, de los Balcanes, África o Turquía y que han traído todo un panorama culinario y cultural que demuestra que una ciudad se puede enriquecer con la inmigración. En este sentido puede que Viena no haya dejado de ser metrópoli, como en tiempos coloniales, equiparable a otras grandes capitales europeas.


Además, vista la poca variedad de la cocina local, que más allá del mundo salchicha y algunos dulces es un páramo, la inmigración ha traído un mundo de sabores nuevos que merece la pena probar. Vale, sí aceptamos tarta Sacher y Strudel como ejemplos gastronómicos.
Sobre su integración no entraré en el espinoso panorama político que ofrece el hecho de que el xenófobo FPO sea la segunda fuerza política. Hay pintadas antifascistas, pegatinas y una parte de la sociedad que alardea de tolerancia, pero las urnas parecen indicar otra cosa.


Aunque el fantasma del nazismo es algo que, eso sí, no eluden en absoluto los austriacos y no ocultan  lo más oscuro de su pasado.
Muy recomendable en este 80 aniversario del Anschluss (fusión de Austria y Alemania en marzo de 1938) las diferentes exposiciones que se están llevando a cabo.
Una serie de banderolas en las calles de Viena muestran archivos fotográficos de hechos relacionados con el nazismo en los lugares donde se produjeron. También conviene no evitar la visita al monumento que recuerda la sede de la Gestapo.






Pero tras el empacho de arquitectura, monumentos y estatuas (muchas, una verdadera colección) vive una ciudad que es mucho más que escaparate. Muy europea, un tanto fría, pero inquieta y, a ratos, como la historia demuestra, también convulsa.