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viernes, 28 de agosto de 2020

Remontando el río Ariège.

El río Ariège es un afluente del Garona que desemboca junto a Toulouse. No es muy conocido como ruta ciclable, pero es una ruta muy estimulante que añade a su atractivo tener varias vías verdes muy cercanas.

Es un río montañoso de recorrido mayormente rural pero que atraviesa varios enclaves monumentales, el más conocido la ciudad de Foix.

Comencé el recorrido desde Toulouse, a donde había llegado siguiendo el Garona. Desde allí fue un paseo llegar al Parc du Confluent, reserva natural donde desemboca el Ariège junto a la localidad de Portet-sur-Garonne. La primera parte del camino es carril-bici y luego se toma la D4 para evitar el tráfico intenso.


De las varias formas de seguir el río opté por ir lo más pegado posible al cauce. Eso hizo que me metiera en más de un camino estrecho e inapropiado para bici con alforjas. Es frecuente que el río cambie de caudal y hay mucha zona de regadío, por lo que los senderos de tierra pueden ser un barrizal.

Mejor fiarse del instinto que de Google Maps, eso para empezar. Como no pude encontrar camping dormí por libre en el pueblo de Cintegabelle, junto a su zona deportiva. Me llevó allí Esteban, un joven del pueblo que encima hablaba castellano.


 

Al poco de arrancar al día siguiente llegué al memorial del campo de concentración de Vernet, una visita no agradable pero sí necesaria. Miles de españoles pasaron por allí. El más conocido el escritor Max Aub que dejó escrita su experiencia allí en el libro Manuscrito cuervo. Queda en pie la estación desde donde se deportaba a los infortunados presos y parte del cementerio.


Memorial campo de concentración de Vernet

Desde allí una corta tirada me dejó en la histórica Pamiers. Una ciudad pequeña y tranquila de la que me gustó especialmente su sistema de canales, en uso desde la Edad Media. Pamiers es una especie de réplica en pequeño de Toulouse y es un buen lugar para dedicar un rato.




Pamiers

El mismo día llegué a Foix, otra villa histórica dominada por el imponente castillo condal. Foix, pero también todos sus alrededores, tienen historia de sobra. Desde los cercanos abrigos prehistóricos que se pueden visitar a los restos medievales, edificios modernistas y toda la herencia de los cátaros.



Foix, villa señorial


Desde Foix la la carretera empieza a ascender. Primero poco a poco y luego en fuertes pendientes. También muy cerca de Foix podemos tomar una interesante vía verde de la que hablaré en otra entrada.

Tarascon-sur-Ariège


En unos kilómetros llegué a Tarascon-sur-Ariège, un pueblo partido en dos por el río desde el que se divisan ya varias cumbres pirenaicas. Aunque es inevitable a ratos tomar carreteras transitadas la idea es coger siempre la margen derecha del río, que va por pueblos pequeños y tomar la carretera D719 que se llama Route d'Espagne. A mi lado el Ariège fue transformándose en un río de montaña abundante en rápidos y con torrentes y cascadas que desembocan en él.


El río llega a Ax les Thermes, balneario y estación de esquí. Desde allí no queda otra que tomar la carretera N20 que es en algunos tramos un poco pesada porque coincide con bastante tráfico. Al mismo tiempo alguna rampa empieza a ser especialmente inclinada. Un buen sitio para hacer noche es el camping de Mérens.


Aguas termales en Ax-les-Thermes

Llegué hasta un poco más allá de la localidad de L'Hospitalet-près-l'Andorre, fronteriza con Andorra, hasta la cota de 1500. Me quedé a 8km del nacimiento, por eso de evitar el engorroso paso de la Aduana. Otra vez será.



RECORRIDO CICLOTURISTA POR EL RÍO ARIEGE

Desde Toulouse a L'Hospitalet-près-l'Andorre

7 al 9 de Julio 2020

178km de carreteras secundarias y pistas de tierra.

Varios campings por todo el camino, posibilidad pernocta libre




lunes, 17 de agosto de 2020

Garona en cicloturismo. Tramo Beret-Toulouse

Parecía que la pandemia iba de bajada, así que junté unos días de vacaciones para una pedaleada que tenía en la cabeza hace tiempo: Recorrer el río Garona desde su nacimiento hasta la ciudad de Toulouse y añadirle unos kilómetros recorriendo alguna otra zona del Languedoc ya de paso.

Antes que nada aclarar que el recorrido es muy cómodo, apto para todos los públicos, sin grandes cuestas ni puertos si se parte directamente desde Vielha. Además se está habilitando, con tramos aún pendientes, el llamado Parcours cyclable de la Garonne, que ahora mismo va de Cierp Gaud a Carbonne. En el futuro próximo  llegará hasta Toulouse donde empalmará con la vía ciclable que va paralela al canal del Garona y también la del Canal de Midi. También está en construcción el proyecto Trans-Garona que unirá la Val d'Aran con Haute Garonne y que combinará zonas más propias para la BTT con carretera.

Pero empecemos por la salida. No está claro cual es el punto exacto de nacimiento del Garona, así que opté por el que sale en los mapas, en la Pla de Beret, a un paso de la estación de esquí de Baqueira y en lo alto de un puerto que pica bastante está la llamada Fuente de la Garona. Desde la subida hay unas hermosas vistas a parte del Pirineo catalán y aragonés, aunque pillé un día bastante cubierto.

En el nacimiento del Garona, justo antes de empezar.

Llegar hasta allí en transporte público es imposible. Por otro lado la única forma de llegar al Valle de Arán es desde Lleida hasta Vielha con el bus de Alsa. Yo hice trampa y llegué con furgoneta hasta la estación de esquí de Baqueira-Beret.

Baqueira

El valle pirenaico de Arán ha permanecido históricamente aislado y con personalidad propia. Ahora mismo los leñadores y vaqueros, formas tradicionales de vida de la zona, han dejado paso al turismo, el pijerío del esquí y los supermercados para clientela francesa. Eso no quita para que sea un valle precioso.

La bajada desde el nacimiento del Garona hasta Vielha es vertiginosa.  Los 20km hasta Vielha permiten ver el río en cada curva, aunque a mí me tocaron varios tramos en obras con tráfico desagradable.


En Vielha

Desde Vielha el camino es muy fácil. Una carretera en buen estado que atraviesa todo Arán hasta la frontera con Francia y que invita a parar y meter los pies en el río.

Un buen sitio con estupenda oferta gastronómica es Bossost y con una ruta a pie por el patrimonio minero que aprovechaba las aguas del río que me quedó pendiente. La mayor parte de los pueblos, eso sí, se encuentran encaramados a pendientes considerables.

Interesante parada también en la frontera donde se reseña el intento de derrocar el régimen de Franco mediante una invasión terrestre en 1944. Todo el recorrido del Garona es una lección de historia que merece la pena seguir. 

Ya en Francia la carretera sigue tranquila en paralelo al río atravesando varios pueblos, todos con sus baños públicos y sus fuentes de agua potable, algo que se agradece en todo el trayecto. 

Hice noche en el camping municipal de Cierp-Gaud, una elección barata y cómoda a orillas del río Pique, afluente del Garona. El tiempo, con lluvias intermitentes, me hizo llegar algo más tarde de lo previsto. Esto en la Francia rural (más de las 18h) equivale a encontrar todo cerrado, pero un amable funcionario municipal me inscribió en el camping.


Cierp-Gaud

En Cierp-Gaud arranca la vía ciclable del Garona. Comodísima y muy bien señalizada aprovecha tramos sin tráfico que la hacen muy agradable. Es la forma ideal de recorrer parte de lo que se llama el país de Comminges, antiguo reino medieval que tiene su parada estrella en el espectacular pueblo de Saint-Bertrand de Comminges. Un pueblo muy bien conservado que tiene restos romanos, varias necrópolis, una ciudad amurallada o una catedral gótica. Me pilló lluvia ese día también, pero luego la cosa mejoró.



Saint Bertrand de Comminges

De camino se pasa por Saint-Gaudens, un polo industrial con una gigantesca fábrica de celulosa. De la ciudad histórica poco queda, pero es el primer punto con ferrocarriles regionales que se pueden tomar como alternativa para subir la bici si uno se siente flojito.


Casa tradicional restaurada. Se encuentran pocas.

La ruta sigue pasando de una ribera a otra del río y yo paré en el camping municipal du Lac en Boussens.

Toda la zona está llena de lagos artificiales en las márgenes del río y represamientos a modo de pequeños embalses, además de canales que salen y mueren en el Garona. Hay mucha agricultura de forrajeras, maíz, patatas y ganadería fundamentalmente bovina.


Conforme avanza el río las poblaciones se hacen más grandes. Las señales de la vía ciclable desaparecen casi de golpe un poco más allá de la población de Carbonne, pero es fácil tomar carreteras secundarias sin apenas tráfico y conectar con pistas agrícolas pavimentadas.


Catedral de Muret. Ejemplo de Gótico Meridional.

Poco antes de Toulouse está la ciudad de Muret, célebre por una batalla medieval, desde donde hay que ser cuidadoso para no meterse en carreteras muy transitadas y agobiantes. Un consejo raro: buscar un centro penitenciario cercano a Muret. Por detrás del mismo pasan varias pistas de tierra que nos conducen al extrarradio de Toulouse en un entorno de lagos que son áreas protegidas.

En Toulouse busqué camping, pero no es una gran idea. Los dos de la ciudad son caros e incómodos, por lo que no los reseño. Ya estaba allí así que hice noche.


El Garona en Toulouse

Dediqué el día siguiente a visitar la ciudad, que ya conozco y que me encanta. Toulouse tiene  un importante casco histórico y mucha vida. 

Impresionante es su Jardin des Plantes y el Museo de la Ciudad anexo. También sus parques y palacios neoclásicos o las casas tradicionales que se conservan. 


Toulouse tiene, además, abundancia de una de las señas de identidad de esta zona: el ladrillo occitano característico del llamado Gótico Meridional.

Pero mejor verlo en persona, al fin y al cabo no soy un experto.

Cerca de Toulouse desemboca el río Ariège en el Garona. La siguiente fase de mi viaje fue remontarlo hasta Andorra. Luego lo cuento.


FUENTE DE LA GARONA-TOULOUSE

Del 1 al 3 de Julio 2020 

226 km por carretera y pistas

Numerosos campings en todo el recorrido, pernocta libre posible aunque difícil.

Transporte público: Buses Val d'Aran permite bicicletas. Trenes regionales en Francia.


jueves, 16 de mayo de 2019

Un recorrido natural y preocupado por el Jalón

Gracias a la gente de arainfo que me publicó este artículo

El río Jalón es el afluente más caudaloso de la margen derecha del Ebro.

Es un río que riega miles de hectáreas de cultivos, que alimenta industrias, que da de beber a poblaciones. Un río muy vivo y muy aprovechado. A veces más que aprovechado explotado hasta la última gota.
En sus orillas crecen proyectos absurdos como el embalse de Mularroya, uno de esos despropósitos en forma de obra hidráulica tan típicos de España, otros de industria ‘sucia’ como la cementera de Morata, pero también es fuente de vida para miles de familias de la agricultura aragonesa.
Y ahora llega a Épila el complejo industrial de Guissona, dispuesto a beber y verter al río.
Un río de ríos, con multitud de cursos que caen en él desde las sierras que atraviesa. Desde caudales constantes como el Jiloca a pequeños barrancos sin nombre.
Este artículo no es una visión fría. Es el resultado de un recorrido ciclista, tranquilo, que salió de la llamada Serranía Celtibérica en la provincia de Soria.
Le llaman la Laponia del Sur, víctima de la despoblación y el abandono institucional. La otra cara de la moneda son los últimos kilómetros del río, hasta casi la entrada de Zaragoza, territorio de fábricas y unifamiliares.
Tradicionalmente el Jalón ha sido aprovechado desde tiempos de los celtíberos. Los romanos construyeron su calzada XXV tomándolo como referencia y en la época moderna ha sido sendero natural entre Aragón y Castilla.
Hace siglos se extraía ya sal de cerca del nacimiento. Vino la minería, la agricultura y ganadería, primero de autosuficiencia, luego feudal, de señoríos y, con la mecanización, la agricultura extensiva y, casi al mismo tiempo, la despoblación.
Para verlo todo, o al menos una parte, una recomendación: coge el tren y remonta el río. Uno de esos trenes regionales como de otro tiempo que todavía cruzan el interior de la península.
Paso lento y un paisaje para tomar con tiempo y un libro. Los lugares en los que para el tren tienen suerte. Muchos otros pueblos languidecen a falta de transporte decente.
Porque el entorno del Jalón se revela como territorio de contrastes. Una flamante autovía junto al cauce comunica Zaragoza y Madrid. También una línea del AVE con sus viaductos, auténticos monstruos de hormigón.
Al lado mismo carreteras secundarias, la antigua N-II, convertida en una pista parcheada y unas vías de ferrocarril con un trazado del XIX.
El río se encañona en sus primeros kilómetros y muestra su patrimonio natural. Varios hitos que se encuentran junto a todo el recorrido hasta Ricla: Buitreras, relieve abrupto, antiguos azudes y molinos en ruinas.
El Jalón es tierra de frutales, pero con ellos vienen los agroquímicos. Aunque la claridad de sus aguas en algunos tramos puede llamar a engaño, los índices de contaminación son altos.
Tampoco es ajeno a la invasión de granjas. Pollos y cerdos se hacen evidentes hasta para la nariz menos sensible. Sus purines se han convertido en un problema y filtrado a los acuíferos. Algunos pueblos, como Cetina, tienen problemas con su agua de boca.
El cauce se esconde en los pliegues del terreno al acercarse a Alhama de Aragón, pueblo balneario con un toque decadente y nos deja en Calatayud tras pasar por la industriosa Ateca. Aquí es la industria la que empieza a beber del río y sus afluentes.

El Jalón a su paso por Alhama de Aragón.
Y desde Calatayud una de esas carreteras perdidas que son una joya para recorrer en bici, la Ronda Campieles, que nos lleva hasta Embid de la Ribera y Sabiñán por un paisaje deshabitado. Ha terminado el invierno, nadie se ha molestado en recoger los caquis que sirven de comida para pájaros. Almendreras y olivares abandonados rodean la carretera.
Avanzando junto al cauce te encuentras con los aportes de agua de varios ríos: Piedra, Manubles, Aranda, Grío… Y pasando Morata las obras del pantano de Mularroya.

Cementera de Morata de Jalón. 
A saber a quién se le ocurrió un despropósito como Mularroya, que puede secar al mismo tiempo el Jalón y el Grío, intentando represar un río con un caudal muy escaso y un estiaje muy fuerte.
Como solución se va a construir un túnel para trasvasar el agua desde el Jalón, obra muy costosa que detraerá caudales y a la que se oponen parte de los habitantes de la zona.
Ironías del regadío: Se acumula agua para regar más, lo que hace que la mayor producción tire los precios y, al final, parte de la producción se queda en el árbol.
Cuando el Jalón se acerca a la llanura es territorio de cultivo extensivo. Los migrantes de varias nacionalidades trabajan en las grandes explotaciones y mantienen las naves donde se congela la fruta para la exportación. Los polígonos frutícolas se suceden. Se escucha hablar en árabe o rumano más que en castellano. El envejecimiento cada vez más acusado de la población local obliga a que acudan nuevas manos a ayudar.
Por el camino se cruzan conejos, muchos, casi una plaga. Parece ser que su introducción artificial en cotos de caza ha hecho que se reproduzcan por miles a falta de depredadores.
También la población humana empieza a crecer ostensiblemente. Muchas naves y la industria necesita agua. Por suerte las carreteras secundarias y los caminos agrícolas evitan el tráfico enloquecido de la zona.
Cualquiera puede ver un segundo impacto ecológico como es la contaminación dispersa por sólidos. Desde envoltorios de todo tipo, cajas, envases, hasta vehículos abandonados.

Vehículo abandonado junto al cauce del Jalón.
Muy cerca del polígono industrial de Épila las ruinas de un antiguo molino recuerdan a otros usos. En los llanos más frutales y cereal, el paisaje combina la fábrica de Opel PSA con el Moncayo al fondo.
Es el bajo Jalón y aquí los polígonos han proliferado y piden más y más agua. Las exigencias de Guissona son claras: necesitan una concesión de agua de al menos 5,5Hm3 anuales. Como un pantano pequeño para ellos solitos. Y el gobierno aragonés ha dicho sí. Eso sin tener en cuenta el vertido que llevará aparejado.
El río se encuentra con el Canal Imperial y la que, para sus tiempos, fue un reto de la ingeniería: la muralla de Grisén, en realidad un acueducto,  construido en 1780 que salva el cauce por encima.
En el recorrido nos cruzamos con el Camino de Santiago del Ebro, con la ruta Cervantina y con cientos de personas que hacen BTT, corren, pasean. Deporte junto a la actividad febril de los cientos de camiones que circulan por Alagón.
La industria se sucede, el tráfico es intenso y Zaragoza ciudad casi llega hasta allí con sus urbanizaciones dormitorio.
La extracción de áridos ensancha el cauce. Graveras en desuso y el paraje de la Virgen del Castellar donde el río se funde en un caudaloso Ebro, junto a la barca de Torres de Berrellén, que ya solo funciona unos días al año.

Desembocadura del Jalón en el Ebro.
En Alhama de Aragón, cerca del Jalón, José Luis Sampedro pasó días tranquilos y nos dejó un libro delicioso: El río que nos lleva. Aunque la historia transcurre en el Tajo, el libro en sí es una metáfora de la vida misma, como lo es cualquier río, símbolo de la cotidianidad.
En este caso el Jalón no puede ser más ilustrativo de la realidad aragonesa: despoblación, agricultura intensiva, granjas factoría pero también pastoreo tradicional. Industria en torno a las cabeceras de comarca, contaminación de las aguas y a veces sobreexplotación.
Río vivido, explotado, pendiente de conocer y, ya de paso, de respetar.

lunes, 14 de enero de 2019

Jalón en cicloturismo. Río vivido y explotado

El río Jalón es el afluente más caudaloso de la margen derecha del Ebro.
Es un río que riega miles de hectáreas de cultivos, que alimenta industrias, que da de beber a poblaciones. Un río muy vivo y muy aprovechado. A veces más que aprovechado explotado hasta la última gota, como se pretende hacer con el embalse de Mularroya, uno de esos despropósitos en forma de obra hidráulica tan típicos de España.


Me decidí a seguir el curso del río aprovechando el puente de la Constitución, en diciembre, aunque no son fechas muy recomendables. En este caso se esperaba buen tiempo y así fue.
Tomé el tren hasta Medinaceli, Soria, a un paso del nacimiento del río. Paciencia, un libro y a remontar el Jalón precisamente, pues buena parte del trayecto, muy interesante, recorre el río.


Desde el arco romano de Medinaceli las salinas del Jalón

Medinaceli es un pueblo con mucho patrimonio al que dediqué un rato, aunque ya lo conocía. 
Desde varios puntos se domina el Jalón y la N-II, que inevitablemente hay que seguir.
Por el mismo punto por el que pasó la calzada romana que unía Zaragoza y Mérida, paralela al río, se hizo la N-II, ahora con muy poco tráfico e ideal para pedalear.




Medinaceli

Desde Medinaceli es un cómodo paseo de bajada con un río que se encañona y a ratos la carretera va encajonada o junto a paredes donde viven colonias de buitres que se pueden apreciar sin siquiera prismáticos, a un paso de la calzada.



Somaén y el Jalón cerca de Jubera

Se atraviesan pueblos como Somaén con su castillo, Arcos de Jalón y se llega a Santa María de Huerta, con su monasterio cisterciense.
La despoblación ha hecho mella y se nota. Pueblos muy pequeños, muchos despoblados y las ruinas de antiguas ventas y casas de campo acompañan todo el camino, también al pasar a Aragón.


Locomotora de época en Arcos de Jalón

Medinaceli-Santa María de Huerta (Frontera con Aragón) 34kms aprox


Una vez en Aragón viene muy bien coger el Camino del Cid que te deja en Cetina, En esta zona la ruta discurre por pistas de tierra de uso agrícola en buen estado, para las que no es necesaria la BTT. Alguna rampa delicada lo único.
Al salir de Cetina hay que estar al tanto para no terminar en alguna pista con el agua por la rodilla. Los caminos se vuelven confusos hasta empalmar de nuevo con la N-II que te deja en Alhama de Aragón, pueblo balneario que también hay que visitar.


Alhama de Aragón


Alhama es un lugar con un toque decadente, pero es una población de cierta entidad con supermercado, bares, alojamientos y cruce de caminos para visitar lugares como el Monasterio de Piedra.
Desde allí el Jalón va creciendo en caudal. Desembocan el río Piedra y el Manubles, en un bonito paseo en Ateca.
Luego es un paseo hasta Calatayud que se puede atravesar totalmente por el carril bici paralelo al Jalón y proseguir por un parque que conecta con un tramo de vía verde que nos llevará hasta una de estas carreteras solitarias aragonesas que son una pequeña joya.

De Cetina a Calatayud por carretera secundaria



Carril bici junto al Jalón, Calatayud

Si se duda hay que preguntar por Huérmeda, barrio de Calatayud y tomar la ruta que sigue hasta Embid de la Ribera.
Una carretera estrecha con frutales, despoblados y de nuevo buitreras.
De esta zona, hasta la llegada a Morata de Jalón, destacar que nos volvemos a encontrar con la dura realidad de la despoblación. Dos pueblos abandonados, Campiel y Morata de Jalón.
El paisaje es duro pero la carretera, sin tráfico, se disfruta a fondo.


Buitrera junto al Jalón


Embid de la Ribera


Cementera de Morata

De Calatayud a Morata de Jalón

Desde Morata hay que hacer una pequeña odisea para evitar la autovía y llegar a Ricla. Lo mejor es preguntar. En el albergue de los escaladores son especialmente amables, aunque muchos en el pueblo conocen la ruta.
Se tiene que tomar la carretera a Santa Cruz de Grío y desviarse por la antigua N-II en las obras del pantano de Mularroya. Hay derecho de paso, aunque los guardias de seguridad te avisarán. Desde allí es una pista forestal que lleva directamente a la Almunia, con tramos asfaltados. Está muy bien señalizada. En Google Maps está señalizado como ruta peatonal.

Mapa aproximado Morata de Jalón-Ricla


El embalse de Mularroya es un proyecto que consiste, en esencia, en represar un río como es el Grío, que tan apenas transporta caudal de agua muchos meses al año, para lo cual se trasvasará caudal del Jalón realizando un túnel. Al final ni llevará agua el Grío ni la llevará el Jalón. Lo dicho, una de estas locuras de obra pública que uno se pregunta qué cabeza calenturienta diseñó.


Obras de la presa de Mularroya

Tras llegar a Ricla, donde terminé durmiendo en un campo de frutales un poco de cualquier manera, llega la parte totalmente llana del recorrido.
El Jalón riega miles de hectáreas y la población aumenta de forma exponencial. Se acaban los pueblos diminutos y hay más actividad, más población. Algo de industria, granjas y, sobre todo, frutales.


Hay quien tira cualquier cosa cerca del río

El río queda como una referencia que vamos cruzando de vez en cuando y en la que se pasa de la margen izquierda a la derecha. Se deja a un lado Épila y se atraviesan pueblos como Calatorao, Rueda de Jalón o Bárboles.



Rueda de Jalón

De Ricla a Grisén

Un paseo que empalma caminos agrícolas con carreteras secundarias hasta llegar a Grisén,a un paso de la fábrica de PSA Citröen, que se ve con el Moncayo de fondo.
En Grisén la impresionante muralla que se construyó para que el Canal Imperial pasara sobre el Jalón en el siglo XVIII.
Hay obras que cortan el acceso a Alagón y una gran acumulación de tierras, por lo que hay que dar un rodeo y tomar por el Canal.



Muralla de Grisén y acueducto del Canal Imperial en un día de niebla

En Alagón está el paraje de el Caracol, un merendero que se llena en los meses de verano pero yo encontré tranquilo.
Y ya desde Alagón el camino señalizado con flechas rojas nos lleva directamente a Torres de Berrellén, donde está muy bien indicada la desembocadura, justo junto al histórico paso de barca del Ebro y frente al paraje de el Castellar.



Desembocadura del Jalón. Paraje del Castellar.


Desde allí es una tirada de poco más de 20kms a Zaragoza, en mi caso, pero se puede llegar a la estación de Casetas en unos 8kms y desde ahí tomar regionales o empalmar dirección las provincias aragonesas, Navarra o Rioja.

Torres de Berrellén-Zaragoza


FICHA TÉCNICA

Fechas: Del 7 al 10 de diciembre 2018
Distancia recorrida: 246kms
Varios trenes diarios dejan y recogen a lo largo de todo el recorrido.
Algunas líneas regionales cobran 3€ de suplemento por la bici.
Camping en Saviñan, albergue en Morata de Jalón, algunas pensiones y casas rurales.
Posibilidad de acampar por libre en eras y campos de cultivo abandonados.
Fecha ideal para el recorrido: Primavera y otoño. El calor en verano y el frío en invierno son muy extremos.