martes, 14 de mayo de 2019

Rodear la Laguna de Gallocanta, mejor en primavera

Si hay un momento para visitar la laguna de Gallocanta, a caballo entre Zaragoza y Teruel, es sin duda cuando miles de grullas acuden a ella a pasar el invierno. Eso sí, prepárate para pasar frío del bueno en ese altiplano inclemente.
Ahora bien, si lo que quieres es rodearla en bicicleta sin duda lo mejor es la primavera.
Existen varios senderos que circundan la laguna casi en su totalidad, salvo un pequeño tramo de carretera que nos lleva hasta Bello. También hay escapes en todo momento que nos permiten volver a la carretera, muy cómoda y poco transitada.
No es necesaria una bici de BTT, ni siquiera suspensión. Nos podemos arreglar con unas ruedas sin mucho taco, aunque no nos servirá una de carretera, desde luego. No hay muchas piedras y tan apenas cuestas, pero si ha llovido el terreno sí que puede volverse problemático.


No asustarse, fue solo un mal momento

Optamos por principios de mayo, con una temperatura diurna agradable por regla general y heladora por la noche, como fue nuestro caso, en que llegó a los -2ºC. Otra vez cicloturismo en familia con nuestra hija que cumplirá 3 años, osea que la ruta es fácil (o no tanto).
Un buen consejo es que estés preparado para cualquier tiempo y cambio de clima. Suele hacer un viento incómodo y el clima en verano es tórrido y en invierno es para valientes. Son frecuentes las tormentas y los cambios bruscos de temperatura.
Un problema es llegar en transporte público. Te puedes acercar en bus hasta Daroca o en el único bus diario que te deja en la parada de empalme de Gallocanta, la siguiente al pueblo de Santed si no tienes problema por cargar la bici en él. Algo más cómodo es tomar el tren hasta Calamocha y desde allí unos 20km de leve cuesta arriba.


Vista parcial de la laguna desde el castillo de Berrueco

Finalmente cargamos las bicis en furgoneta y paramos en el aparcamiento del centro de interpretación junto al pueblo de Gallocanta. Es el mejor punto de partida y se puede hacer en dos sentidos.
En el recorrido en torno a la laguna hay varios pueblos, todos ellos con bares donde tomar un café o comer y se puede comprar pan y algunas cosas básicas. Pero la tienda más cercana está en Used, así que mejor ir pertrechados de lo que haga falta.
Por lo demás el recorrido fue cómodo, prácticamente llano y en él nos encontramos con muchas aves, el mayor patrimonio de Gallocanta. Desde alondras, escribanos o carriceros a, en las mismas aguas de la laguna zarapitos, fochas, ánades y un aguilucho lagunero de caza.



Primavera también es la mejor estación porque es cuando los arroyos y acuíferos de los alrededores están vertiendo a la laguna y es fácil encontrar ranas, cangrejos de río, algunos peces e incluso, con suerte, pequeños mamíferos que acuden a beber. Hay corzos, zorros y jabalíes, aunque no son fáciles de ver. En esta ocasión la bulliciosa presencia de nuestra hija no ayudó a ello.


Paramos en varios de los observatorios de la laguna, todos en excelente estado de conservación.
Es un espacio protegido y es prioritario no molestar a la fauna, así que hay que respetar las indicaciones de prohibido el paso, incluso a pie.
Todo el entorno es también tierra de cereal y ganadería. De hecho los excesos de la agricultura hicieron que Gallocanta estuviera a punto de desaparecer al no recibir aportes de agua de los acuíferos del entorno.
También se encuentran en las orillas los chopos cabeceros, muy típicos del Sur de Aragón, de los que se iban talando sus ramas periódicamente para aprovechamiento desde forraje a vigas de casa.


Chopos cabeceros


Una pequeña crítica es la falta de recogida de basuras. Encontramos muchas papeleras y algunos contenedores a rebosar.


Llegando a Bello comenzó viento de frente y racheado. Desde allí parte una pista que rodea la laguna y que es una opción más larga que tomar la carretera. Eso sí, te perderás los llamados ojos. Pequeños círculos de agua llenos de vida y los carrizales que los rodean.



Se puede seguir por carretera hasta las Cuerlas y de allí tomar de nuevo la pista de tierra que remonta levemente hasta la ermita del Buen Acuerdo, con un merendero, baños (no siempre abiertos) y a cubierto del incómodo vientecillo.
Eso sí, una vez allí es importante seguir la señalización. Hay caminos más cortos, es cierto, pero te conducen primero a una empinadísima cuesta y luego, en temporada de lluvias, a varios pasos inundados, dos de los cuales se pueden sortear con puentes precarios y un tercero que cubre hasta más arriba de la rodilla, con suerte.
No siempre el camino más corto es el más breve.


Hay quien pasa más fácil

Desde este punto ya es un cómodo último kilómetro hasta el pueblo de Gallocanta y su albergue Allucant, un lugar amable que lleva funcionando casi 25 años y que es totalmente recomendable.
En resumen, si no conoces Gallocanta ya es tiempo de hacerlo. Y si ya la conoces, vuelve en primavera y disfruta del paseo.



Ficha técnica


4 de mayo 2019
Distancia total: 34 kms pistas agrícolas, camino y carretera.
Bicicletas VSF Manufaktur Deore T-300 con asiento infantil y Orbea Travel ambas con neumáticos Schwalbe Marathon Plus anti pinchazos.
Transporte: Un bus diario Zaragoza-Molina de Aragón que deja en el cruce de Gallocanta o tren hasta Calamocha (4 al día desde Zaragoza y Teruel, dos desde Valencia)



Fuente: PRAMES








lunes, 25 de febrero de 2019

Sta María de Huerta-Tudela. Cruzando la Soria despoblada

Mi planteamiento para este fin de semana, invernal pero con sol, fue simple: cruzar el Este de la provincia de Soria por su parte más despoblada. Lo conseguí y encontré rutas tranquilas, fáciles y gente amable.
Arranqué desde Santa María de Huerta, primer pueblo de Soria saliendo desde Aragón, donde se toma el Sendero Ibérico soriano, GR-86, una ruta bien señalizada por pistas agrícolas sin grandes subidas ni bajadas en este tramo. Hasta Torlengua no hay que dejar las marcas rojas y blancas.
Una nota interesante. Lo que tengas que comprar que sea en Sta María, porque, siguiendo la ruta que propongo, no encontrarás otra tienda en 60km.
Se llega allí con tren regional, un trayecto bonito que solemos llenar los ciclistas.



Monteagudo de las Vicarías es uno de los muchos pueblos con castillo de la zona. De hecho encontré castillos en ruinas por todo el recorrido. Fue tierra de frontera entre Castilla y Aragón en conflicto permanente. Un paseo con sol a mediodía, parada en la plaza y algún turista.



Desde Monteagudo a Torlengua y el camino se vuelve totalmente solitario. Parada y comida en Torlengua y de allí se toma de nuevo la GR-86 aunque el sendero se abandona para llegar a Mazaterón. Conveniente guiarse con el amigo Google Maps.


Desde Mazaterón, siguiendo el río Henar por carreteras más que secundarias y alguna pista agrícola, me fui acercando hacia el Moncayo, del que se tiene una vista privilegiada buena parte del camino.
Todos los pueblos que encontré por el camino tienen de 5 a 20 habitantes en invierno. No esperes poder tomar un café porque no hay bares abiertos salvo en Cardejón.
Pasé un rato agradable en el establecimiento de la señora Rosa junto a la carretera N-234. Es un bar tan pequeño que es fácil pasarse de largo.
Intencionadamente esquivé las poblaciones más grandes como Gómara.




Aún así la despoblación da imagen de una realidad acuciante: Soria languidece. Ya ni cereales se ven en muchos tramos y sí campos abandonados, algo de ganadería y poco más.
Mucho tiene que cambiar el rumbo de la historia para que llegue a repuntar la provincia, como tantas otras de la España interior atrapadas por una demografía en descenso.

En Cardejón planté la tienda en el viejo lavadero (tampoco es fácil encontrar alojamientos) y amanecí a -3ºC. Cosa habitual en esta época del año. Así apetece pedalear con más brío.
Desde Cardejón un tramo de camino y luego una confusión que me hizo tomar la C-101 hasta Noviercas, aunque hay otra posibilidad más tranquila pero más incómoda de ir por camino hasta Ólvega.


Noviercas obliga a coger un camino paralelo a la carretera y llega un momento en que hay que tomar la CL-101 que sube hacia el puerto de Carrascal. Desde allí es una cómoda bajada y por fin una localidad de cierto tamaño, Ólvega. Termina la zona más despoblada y tímidamente va apareciendo algo de industria y dos localidades muy animadas: Ólvega y Ágreda.



Ágreda tiene un casco histórico bastante grande que da idea de su pasado señorial. También algunos bares no menos interesantes y asequibles.
En esta localidad, como a lo largo del camino, te encuentras con restos de la desaparecida línea de ferrocarril que permitía conectar con Zaragoza.
Puede que no sea el medio más usado, pero de donde desaparecen las vías a veces termina desapareciendo la gente.




Desde Ágreda hay pocas alternativas ciclables, así que lo mejor es coger la carretera a Tarazona, que incluye meterse dos kilómetros por un feo final de autovía y tener la privilegiada vista del Moncayo a la espalda y de frente el Pirineo. La carretera se calma un poco al desviarse hacia Tarazona, eso sí.



No me detuve mucho en Tarazona, pues la conozco de sobra, pero es una ciudad que ha enfrentado una intensa restauración y que es imprescindible visitar. Su empinado casco histórico es imponente.






Desde Tarazona a Tudela es una bajada fácil por la Vía Verde del Tarazonica, sobre el antiguo trazado del ferrocarril.
Por desgracia no tiene fuentes disponibles, pero todo lo demás está habilitado perfectamente: merenderos, aparcabicis, zonas de sombra y accesos fáciles a varios pueblos.
Es muy fácil detenerse en pueblos que están junto a la vía como Malón, Tulebras o Cascante.
22km y en Tudela. Tren a Zaragoza y un trayecto que recomiendo para quienes gusten de los parajes solitarios, algo de patrimonio y algo de fauna silvestre.





Ficha técnica


Ruta Santa María de Huerta-Tudela de Navarra 144km en total.
Pistas de tierra y carreteras secundarias.
Tren hasta Santa María de Huerta 15,30€ desde Zaragoza bici incluida
Tren Tudela-Zaragoza 6,30€
Varias combinaciones de trenes a Zaragoza, Madrid, Logroño y Pamplona.
Gasto total en los dos días 30€

Bicicleta VSF con alforjas Ortlieb y bolsa delantera Norco



lunes, 14 de enero de 2019

Jalón en cicloturismo. Río vivido y explotado

El río Jalón es el afluente más caudaloso de la margen derecha del Ebro.
Es un río que riega miles de hectáreas de cultivos, que alimenta industrias, que da de beber a poblaciones. Un río muy vivo y muy aprovechado. A veces más que aprovechado explotado hasta la última gota, como se pretende hacer con el embalse de Mularroya, uno de esos despropósitos en forma de obra hidráulica tan típicos de España.


Me decidí a seguir el curso del río aprovechando el puente de la Constitución, en diciembre, aunque no son fechas muy recomendables. En este caso se esperaba buen tiempo y así fue.
Tomé el tren hasta Medinaceli, Soria, a un paso del nacimiento del río. Paciencia, un libro y a remontar el Jalón precisamente, pues buena parte del trayecto, muy interesante, recorre el río.


Desde el arco romano de Medinaceli las salinas del Jalón

Medinaceli es un pueblo con mucho patrimonio al que dediqué un rato, aunque ya lo conocía. 
Desde varios puntos se domina el Jalón y la N-II, que inevitablemente hay que seguir.
Por el mismo punto por el que pasó la calzada romana que unía Zaragoza y Mérida, paralela al río, se hizo la N-II, ahora con muy poco tráfico e ideal para pedalear.




Medinaceli

Desde Medinaceli es un cómodo paseo de bajada con un río que se encañona y a ratos la carretera va encajonada o junto a paredes donde viven colonias de buitres que se pueden apreciar sin siquiera prismáticos, a un paso de la calzada.



Somaén y el Jalón cerca de Jubera

Se atraviesan pueblos como Somaén con su castillo, Arcos de Jalón y se llega a Santa María de Huerta, con su monasterio cisterciense.
La despoblación ha hecho mella y se nota. Pueblos muy pequeños, muchos despoblados y las ruinas de antiguas ventas y casas de campo acompañan todo el camino, también al pasar a Aragón.


Locomotora de época en Arcos de Jalón

Medinaceli-Santa María de Huerta (Frontera con Aragón) 34kms aprox


Una vez en Aragón viene muy bien coger el Camino del Cid que te deja en Cetina, En esta zona la ruta discurre por pistas de tierra de uso agrícola en buen estado, para las que no es necesaria la BTT. Alguna rampa delicada lo único.
Al salir de Cetina hay que estar al tanto para no terminar en alguna pista con el agua por la rodilla. Los caminos se vuelven confusos hasta empalmar de nuevo con la N-II que te deja en Alhama de Aragón, pueblo balneario que también hay que visitar.


Alhama de Aragón


Alhama es un lugar con un toque decadente, pero es una población de cierta entidad con supermercado, bares, alojamientos y cruce de caminos para visitar lugares como el Monasterio de Piedra.
Desde allí el Jalón va creciendo en caudal. Desembocan el río Piedra y el Manubles, en un bonito paseo en Ateca.
Luego es un paseo hasta Calatayud que se puede atravesar totalmente por el carril bici paralelo al Jalón y proseguir por un parque que conecta con un tramo de vía verde que nos llevará hasta una de estas carreteras solitarias aragonesas que son una pequeña joya.

De Cetina a Calatayud por carretera secundaria



Carril bici junto al Jalón, Calatayud

Si se duda hay que preguntar por Huérmeda, barrio de Calatayud y tomar la ruta que sigue hasta Embid de la Ribera.
Una carretera estrecha con frutales, despoblados y de nuevo buitreras.
De esta zona, hasta la llegada a Morata de Jalón, destacar que nos volvemos a encontrar con la dura realidad de la despoblación. Dos pueblos abandonados, Campiel y Morata de Jalón.
El paisaje es duro pero la carretera, sin tráfico, se disfruta a fondo.


Buitrera junto al Jalón


Embid de la Ribera


Cementera de Morata

De Calatayud a Morata de Jalón

Desde Morata hay que hacer una pequeña odisea para evitar la autovía y llegar a Ricla. Lo mejor es preguntar. En el albergue de los escaladores son especialmente amables, aunque muchos en el pueblo conocen la ruta.
Se tiene que tomar la carretera a Santa Cruz de Grío y desviarse por la antigua N-II en las obras del pantano de Mularroya. Hay derecho de paso, aunque los guardias de seguridad te avisarán. Desde allí es una pista forestal que lleva directamente a la Almunia, con tramos asfaltados. Está muy bien señalizada. En Google Maps está señalizado como ruta peatonal.

Mapa aproximado Morata de Jalón-Ricla


El embalse de Mularroya es un proyecto que consiste, en esencia, en represar un río como es el Grío, que tan apenas transporta caudal de agua muchos meses al año, para lo cual se trasvasará caudal del Jalón realizando un túnel. Al final ni llevará agua el Grío ni la llevará el Jalón. Lo dicho, una de estas locuras de obra pública que uno se pregunta qué cabeza calenturienta diseñó.


Obras de la presa de Mularroya

Tras llegar a Ricla, donde terminé durmiendo en un campo de frutales un poco de cualquier manera, llega la parte totalmente llana del recorrido.
El Jalón riega miles de hectáreas y la población aumenta de forma exponencial. Se acaban los pueblos diminutos y hay más actividad, más población. Algo de industria, granjas y, sobre todo, frutales.


Hay quien tira cualquier cosa cerca del río

El río queda como una referencia que vamos cruzando de vez en cuando y en la que se pasa de la margen izquierda a la derecha. Se deja a un lado Épila y se atraviesan pueblos como Calatorao, Rueda de Jalón o Bárboles.



Rueda de Jalón

De Ricla a Grisén

Un paseo que empalma caminos agrícolas con carreteras secundarias hasta llegar a Grisén,a un paso de la fábrica de PSA Citröen, que se ve con el Moncayo de fondo.
En Grisén la impresionante muralla que se construyó para que el Canal Imperial pasara sobre el Jalón en el siglo XVIII.
Hay obras que cortan el acceso a Alagón y una gran acumulación de tierras, por lo que hay que dar un rodeo y tomar por el Canal.



Muralla de Grisén y acueducto del Canal Imperial en un día de niebla

En Alagón está el paraje de el Caracol, un merendero que se llena en los meses de verano pero yo encontré tranquilo.
Y ya desde Alagón el camino señalizado con flechas rojas nos lleva directamente a Torres de Berrellén, donde está muy bien indicada la desembocadura, justo junto al histórico paso de barca del Ebro y frente al paraje de el Castellar.



Desembocadura del Jalón. Paraje del Castellar.


Desde allí es una tirada de poco más de 20kms a Zaragoza, en mi caso, pero se puede llegar a la estación de Casetas en unos 8kms y desde ahí tomar regionales o empalmar dirección las provincias aragonesas, Navarra o Rioja.

Torres de Berrellén-Zaragoza


FICHA TÉCNICA

Fechas: Del 7 al 10 de diciembre 2018
Distancia recorrida: 246kms
Varios trenes diarios dejan y recogen a lo largo de todo el recorrido.
Algunas líneas regionales cobran 3€ de suplemento por la bici.
Camping en Saviñan, albergue en Morata de Jalón, algunas pensiones y casas rurales.
Posibilidad de acampar por libre en eras y campos de cultivo abandonados.
Fecha ideal para el recorrido: Primavera y otoño. El calor en verano y el frío en invierno son muy extremos.