miércoles, 18 de septiembre de 2019

Georgia y Armenia en cicloturismo. Frontera armenia a Ereván

Tras cuatro días pedaleando por Georgia la entrada a Armenia fue fácil por la frontera de Bavra, la más rápida del país y apenas transitada. Una muestra más de la hospitalidad tanto armenia como georgiana es el buen trato de los policías de frontera.
Nada más cruzar un curioso espectáculo que se repetiría en toda la Armenia rural: personas haciendo ladrillos de estiércol. Un combustible gratuito en un país con pocos árboles.
Todo el país es muy ganadero, mayormente vacas, aunque también ovejas, cabras y caballos. La agricultura armenia es muy limitada y casi todo el agro se concentra en una pequeña franja de terreno fronterizo con Turquía.



En la Santa Sede de Echmiazdin


Ladrillos de estiércol en Bavra

Las primeras impresiones: Un país más árido que Georgia, mucho más alto (Medio país está por encima de 2000m de altitud) y con un sesgo étnico muy evidente. Todos los armenios se parecen, como en un mal chiste.



Uno de los muchos volcanes extintos

Lo cierto es que me encontré un pueblo amable y acogedor, aunque la barrera del idioma fue muy grande. Más allá de los lugares turísticos y alguna persona joven me fue imposible encontrar alguien que hablara inglés. Eso sí, todo el mundo habla un perfecto ruso en el que balbuceo unas pocas palabras.


Un cafécito con lugareños

La constante en todo el país son las cuestas, que encontré desde el primer momento.
Y entre cuestas y vacas por unas carreteras muy tranquilas me planté en la segunda ciudad del país: Gyumri.
Gyumri alberga una inmensa base militar rusa. De hecho entrar por la carretera del Norte a la ciudad te lleva por una larga avenida con rótulos en ruso, bares para la soldadesca, discretos prostíbulos y alojamientos económicos.




Detalles soviéticos

La ciudad resultó muy dañada en el gran terremoto de 1988 en el que murieron miles de sus habitantes. Un memorial lo recuerda tras la reconstruida catedral de la Salvación.



Memorial del terremoto de 1988

Gyumri es una ciudad tranquila, un buen sitio para hacer compras y pillar una cama, lo que me vino de lujo tras unos días de tienda de campaña.
La ciudad tiene una amplia oferta cultural y una plaza principal amenizada por música armenia





Desde Gyumri, con un sol de justicia y más calor de lo que esperaba tomé camino a través de una zona muy rural en una etapa bastante larga, más de 100km, en la que fui viendo el majestuoso monte Ararat a ratos y su hermano pequeño, el Aragats (4090m), algo más claro. Verlos pero no fotografiarlos muy bien por desgracia por las malas condiciones de luz.
Ambos son volcanes extintos y con una leyenda que los convierte en hermanas reñidas pero juntas.



El Aragats entre nubes

También pude comprobar con tristeza como parte del patrimonio armenio se encuentra bastante abandonado, como las iglesias medievales de Talin, nada menos que del siglo VII, entre las que pastan las ovejas. Muchos valiosos khachkars (cruces de piedra armenias) de siglos de antigüedad se encuentran en cualquier rincón bastante maltratados.



Complejo monástico de Talin

Paré a dormir en un tranquilo altiplano con vistas al Ararat y a Echmiadzin, sede de la Santa Sede Armenia, una especie de Vaticano en miniatura.



Echmiadzin es una pequeña ciudad con un claro epicentro en el rectángulo que conforma la sede del katholikos, máxima autoridad religiosa del país.
Por supuesto está llena de edificios religiosos y tiene varias iglesias de especial interés. A mí me gustó especialmente Santa Gayane y pasear por los cementerios llenos de tumbas con lápidas muy historiadas.




Iglesia de Santa Gayane

La Santa Sede en sí es una mezcla de edificios históricos con otros modernos que resultan un poco mamotreto.
Se nota que el turismo está creciendo en Armenia. El lugar estaba a tope.






Diferentes rincones de la Santa Sede de Echmiadzin

De la beata tranquilidad de Echmiadzin pasé a una carretera de seis carriles y tráfico feroz que hacía evidente que me acercaba a Ereván, capital del país que concentra a la mitad de la población nacional.
Aunque Echmiadzin está a unos 20km de la ciudad luego queda llegar hasta el centro, por lo que hay sumarle al menos 8-10km extra.


Entrando a Ereván. Los coches retro les chiflan

A un lateral de la carretera y a mitad de camino están las ruinas de Zvarnots (no confundir con el aeropuerto que se llama igual y está al lado) en las que hay una peculiar catedral circular en ruinas. Poco hay que ver pero la parada se agradece, aunque el día que entré yo el sol pegaba de lo lindo.
Por el camino, y en bastantes zonas de Armenia encontré los carteles del proyecto árbol. Una ambiciosa idea para reforestar el árido paisaje.


Aunque el tráfico era agobiante lo cierto es que Ereván es una ciudad bastante ordenada, muy cartesiana en la que es muy fácil orientarse.
Pero eso queda para la siguiente entrada.


viernes, 6 de septiembre de 2019

Georgia y Armenia en Cicloturismo. De Tiflis a la frontera armenia

Cumplir 50 añitos es un motivo de celebración bastante bueno como para regalarme este viaje cicloturista en solitario, que recorrió un poco más de 1000km por el Caúcaso sur o Transcaucasia. Una zona de grandes convulsiones políticas y conflictos bélicos recientes que está llena de tranquilas carreteras secundarias, gente majísima y paisajes que merecen de sobra el gasto en avión.
Al final de esta entrada adjunto ficha técnica que repetiré en la última de este viaje. Espero que os sea de utilidad.
Para empezar, algo práctico, el vuelo a Tiflis. No hay vuelos directos a la zona. Está la posibilidad de volar con Turkish Airlines a Georgia y Azerbaiyán o con Aeroflot a Armenia como las dos opciones más económicas haciendo transbordo en Estambul o Moscú. Ninguna de las opciones es cómoda e implica llegar a horarios que pueden ser horribles, como en mi caso que llegué a Tiflis a las 4,30 de la mañana.
Tiflis puede ser la peor pesadilla de un ciclista y hay que tomarlo con calma. Conducción muy agresiva, coches muy contaminantes, ruido infernal... Como muestra sirven los 16km hasta el Casco Histórico desde el aeropuerto.
El peatón ha sido totalmente expulsado de la ciudad por el coche y a nadie parece importarle. Se ven pocos ciclistas y con el único que hablé lo tomaba con resignación.
Lo positivo es que desde un principio encontré gente dispuesta a ayudar. Gracias Bacho por tus orientaciones en la ciudad.
Me alojé en un hostel en el casco histórico, la parte que más merece la pena de la ciudad y donde se concentra la mayor parte de los alojamientos y cometí el error de intentar hacer turismo en bici. Sinceramente es mejor a pie.
Para referencia sobre turisteo en la capital georgiana puede servir lo que escribí en la entrada anterior.
Opté por seguir una ruta hacia el Oeste para luego tomar dirección Sur hasta cruzar la frontera armenia.

Ruta aproximada de estas cuatro etapas

La salida de Tiflis mejora las cosas en cuanto al tráfico. Si bien los primeros kilómetros es un infierno parecido a la capital, en cuanto se deja la carretera principal, parecida a la autopista, espera una secundaria de la que sale a su vez una pequeña carretera que nos lleva al Monasterio de Jvari.



Monasterio de Jvari

Este monasterio es un mirador imprescindible sobre el cruce de dos ríos, Kura y Aragvi y el meandro en que se encuentra Mtskheta, siguiente parada de la ruta y lugar más sagrado para la religión ortodoxa georgiana, además de patrimonio de la Humanidad.






Mtskheta desde el Monasterio y Catedral

Mtskheta es un no parar de misas, bodas y bastante turismo. Aquí se nota que Georgia y Armenia se están poniendo de moda.
Pero también es una auténtica joya, ahora en proceso de restauración, sobre todo de sus delicados frescos medievales.




Desde Mtskheta (pronúnciese jeta) lo mejor es tomar la carretera secundaria que nos lleva a Gori a través de una serie de pequeños pueblos donde se puede empezar a tomar contacto con la Georgia rural. Interesante evitar Kaspi y sus alrededores, una zona industrial muy contaminada y sin nada que ver. Hay que seguir siempre la ribera sur del río Kura y todo será más fácil y cómodo.






Eso sí, no hace falta fijarse mucho para darse cuenta que Georgia es Europa pero está muy lejos aún de los estándares de calidad de vida de la otra Europa, en la que vivo yo.
Hay aún agricultura y ganadería de subsistencia y solo encontré asfalto en las carreteras principales en esa parte del país. El resto son, básicamente, pistas de tierra y no andan sobradas de indicaciones, así que mejor llevar mapa propio o preguntar.

Tiflis-Monasterio de Jvari
Mtskheta-Grakali

Para dormir opté por acampar por libre junto al río en la localidad de Grakali. La acampada libre está totalmente aceptada y ni tan siquiera la policía te dirá nada.
Comencé el día siguiente en la pequeña ciudad de Gori.
Esta ciudad es la cuna del georgiano más famoso de todos los tiempos: Iósif Dzhugashvili, más conocido como Stalin.
Si esperas encontrar la mínima crítica a semejante personaje Gori no es el lugar. El museo es totalmente laudatorio y hasta se conserva su casa natal como si fuera una especie de portal de Belén.


La ciudad, por lo demás, no tiene gran cosa que ver. La fortaleza está prácticamente en ruinas (como la mayoría en Georgia, por otro lado) y es una ciudad pequeña que muestra cierta añoranza por el abyecto personaje que la puso en el mapa.



Fortaleza de Gori

Desde Gori empezó, eso sí, algo de lo que ya me habían avisado: un viento terrible que sopla desde el Oeste, similar al cierzo aragonés y que es especialmente frío hasta en verano. Un verdadero suplicio al que se añade que tuve que recorrer por una autovía llena de tráfico 25km hasta Kareli.
Desde Kareli la mejor opción es tomar la carretera secundaria que va por pueblos pequeños y que te deja en Khasuri, una localidad que no tiene nada de especial, pero que es un nudo de comunicaciones ideal para descansar y hacer pequeñas excursiones.



Uno de los muchos monasterios fortificados

En Khasuri me alojé en el mejor establecimiento del viaje el Rest Camp Georgia, en el que se puede también acampar y donde los cicloturistas son especialmente bienvenidos. Allí coincidí con otros dos ciclistas: un suizo que iba de vuelta y un alemán que intentaba la vuelta al mundo.



Lo más interesante que encontré en Khasuri: agricultura local 

Con mucho menos viento el día siguiente fue mucho más agradable pedaleando por una carretera en leve pendiente hasta Borjomi o Borshomi (transcribir el georgiano no es fácil y puedes encontrar varias interpretaciones) una ciudad balneario célebre por su agua mineral.





Dos muestras de edificios de Borjomi. Casa tradicional y bloque soviético


Borjomi en sí es mucho menos interesante que su entorno, con el parque Nacional Borjomi-Karaughli, el más grande de Georgia y visita obligada para amantes de la naturaleza.




Ya lo había recorrido un poco en una visita anterior desde Turquía, así que me tome un descanso y empecé a subir hasta la estación de esquí de Bakuriani.

La tumba de un soldado georgiano víctima de una de las guerras contra Rusia

La subida hasta Bakuriani es muy agradable y no especialmente dura (sobre todo comparado por lo que me esperaba al día siguiente).
En todo momento vas paralelo a ríos y torrentes y remontas un puerto con mucho arbolado y poco tráfico. De camino hay pequeños pueblos y balnearios.



De camino a Bakuriani

Dormí en Bakuriani en un pequeño hotel, Edelweiss, por un precio muy económico con cena y desayuno para campeones.
Desde Bakuriani tomé el camino más recto por un puerto de nombre impronunciable: Tskhaskaros. Una agotadora subida de casi 20km por pista de tierra, con pedruscos como puños que compensaba por el entorno natural y la vista impresionante de la cordillera del Caúcaso.







La llegada a la cumbre fue estupenda. Aparte de un absurdo control policial, las praderas a 2400m de altura tienen en verano numerosos campamentos de pastores nómadas y es un entorno de torrentes de agua, frescor y paisaje tranquilo.





En la cumbre del puerto de Tskhaskaros

¡Ojo a los perros! Tienen muy malas pulgas.
La bajada fue tan impresionante como la subida. Metiendo freno para no partirme la crisma.
Aunque me quedaba un paso para llegar a Armenia terminé, bastante reventado, acampando en una arboleda cerca del pueblo de Ninotsminda, para dedicar un rato a ajustar la mecánica de mi sufrida bici.

De Bakuriani a Ninotsminda por el puerto de Tskhaskaros

Hasta la frontera con Armenia otro tramo de carretera en obras. Por lo extremo del invierno se aprovecha la temporada de verano para parchear las vías y es fácil encontrar obras en muchos puntos del camino.



Casa tradicional en Ninotsminda

Toda esta zona es llana, muy rural, con muchas praderas y llena de pequeños lagos, alguno de los cuales son espacios protegidos por la presencia de numerosas aves.
Una frontera de lo más tranquilo (el paso de Bavra es el menos frecuentado) y ¡Barev Armenia!


FICHA TÉCNICA


Viaje a Georgia y Armenia en cicloturismo de alforjas
28 de junio al 15 de Julio 2019

Distancia total 1030km
Bicicleta VSFarradManufaktur Deore T-300, Alforjas Ortlieb, Cubiertas Schwalbe Marathon Plus.
Época ideal principios o finales del verano. 
Acampada libre tolerada. Alojamientos muy económicos. 
Coste vuelo con Turkish Airlines (bici incluida): 417€
Gastos durante el viaje: 286€
Llevar dinero en efectivo, en muchos lugares no aceptan tarjetas.
No hay vías ciclables específicas. Recomendable llevar mapa en papel.

jueves, 8 de agosto de 2019

Erevan y Tiflis, dos capitales del Cáucaso


Dos ciudades no son dos países, pero cuando agrupan a más de la mitad de la población de sus estados, bien pueden ser un espejo donde se refleje la realidad social de los mismos.
Es más, a lo mejor hasta en un breve paseo, una mirada atenta y unas pocas conversaciones (si consigues hacerte entender) te puedes dar idea de lo que está sucediendo en Armenia o Georgia.



Narikala, fortaleza de Tiflis

Un paseo, por ejemplo, por la avenida Rustaveli, donde se ubica el parlamento georgiano, en manifestación permanente contra un inestable gobierno que acaba de cambiar de presidente y con un líder de la oposición que ha eludido la cárcel gracias a una fianza millonaria.



Acampada de protesta frente al Parlamento de Georgia

Una mirada incluso breve revela una más que evidente animadversión hacia Rusia y la presencia de una de las vías de negocio del país: el juego.
Porque en Tiflis hay casinos. Muchos y muy variados. Desde el lujo desmedido hasta el cutrerío más infame mezclado con la prostitución.



Uno de los muchísimos casinos que hay en Georgia

O qué decir de una vueltecita por el ordenado centro de Ereván con su aire retro que trae un regusto soviético. No solo por los uniformes de la policía o por sus monumentos (en Georgia los han quitado casi todos) sino por cuestiones mayores como el urbanismo que reproduce fielmente el sistema de anillos y avenidas transversales de Moscú.
Por contra el casco histórico de Tiflis ha conservado el encanto medieval, muy al contrario que muchas otras ciudades de la antigua URSS, que sufrieron demoliciones de edificios singulares a mayor gloria del hormigón.





Tiflis es una ciudad de gran patrimonio arquitectónico en que lo mismo puedes encontrar desvencijados edificios Art decó, incluidos en la lista de patrimonio amenazado de la ciudad, que casas otomanas mejor conservadas que en la propia Turquía o extravagantes edificios del modernismo soviético. Y, como no, sus ejemplos de arquitectura contemporánea, algunos más afortunados que otros, como el puente de la Paz, y otros perfectamente olvidables.



Puente de la Paz

Por supuesto iglesias, de las que tanto Georgia como Armenia están sembradas, aunque para los acostumbrados a las fastuosas construcciones del Sur de Europa estos templos se antojan modestos. También tiene su mezquita, sinagoga y hasta un templo del fuego zoroastriano del siglo V en el barrio de Betlemi, encerrado entre patios de vecinos.



Barrio de Betlemi, Tiflis

El río Kura, en otro tiempo límite de la ciudad, ahora se ha transformado en una suerte de arteria central, bastante contaminada, que sirve para definir una ciudad que ha ido creciendo por los cerros que la rodean. Puedes estar a 300 metros de altura o a 800 sin dejar de pisar calles habitadas.



Vista del río Kura. Iglesia de la Asunción y estatua del rey Vakhtang

Y si algo caracteriza a Tiflis también es un tráfico ensordecedor y caótico que parece querer expulsar al peatón de la calle. El coche es el absoluto protagonista y su ruido acompaña al visitante a cada rincón. Con todo lo que significa en países donde puede circular lo mismo un vetusto Lada de los 80, que un autobús propulsado por bombonas de gas en el techo o un híbrido último modelo.



Uno de los muchos vehículos destartalados que puedes encontrar (y este está casi bien)

Frente a la caótica Tiflis la propuesta de Ereván es la de una ciudad totalmente cartesiana y que ha sabido combinar espacios peatonales, parques, grandes avenidas y un tráfico denso pero que se mueve por cuatro arterias principales.




Ereván desde el Complejo Cascada


También la idea de ciudad más occidental con sus barrios residenciales en el extrarradio y viviendas de alto standing. La comunidad armenia en diáspora es muy grande y, en algunos casos, acaudalada.



Duduk, instrumento tradicional armenio

Ereván es moderna, muy moderna. De hecho, revisando un poco su historia reciente, se descubre una ciudad interesada por las vanguardias y que ha hecho de un espacio de arte contemporáneo uno de sus mayores atractivos turísticos. El llamado Complejo Cascada alberga un parque de esculturas de algunos de los referentes contemporáneos y un espacio expositivo dividido en varias terrazas que trepa por una colina y en su interior alberga el Centro de Arte Cafesjian. Este magnate neoyorquino aprovechó el mamotreto de 300m de altura para llenarlo de sus pasiones personales por el arte de vanguardia y el resultado es muy estimulante.



Complejo Cascada y parque de esculturas, Ereván


Por otro lado, dentro del nacionalismo furibundo del que hacen gala todos los pueblos del Caúcaso, los armenios han construido mucho mejor el relato. Es por ello que han sabido cuidar su herencia histórica más allá de glorias militares y han creado instituciones como el impresionante Matenadaran, uno de los más importantes depósitos de manuscritos del mundo.



Matenadaran

No falta el museo sobre el Genocidio Armenio, en el extrarradio. Y una multitud de pequeñas casas-museo dedicadas a todos los personajes de la cultura armenia, además de la tradicional agrupación de edificios típica de las grandes ciudades rusas: auditorio, teatro, teatro de marionetas y compañía de danza. Todos ellos con temporada estable.



Teatro de la Ópera de Ereván

Pero si prescindimos de la mirada a lo más turístico la compleja política local y hasta la geopolítica, como ya he dicho, se ve por todos los rincones.
A veces hay que mirar al cielo y, a lo mejor, sorprendes un caza ruso de la base de Giumry, situada en el Noroeste armenio. Los rótulos en cirílico también señalan que el aliado ruso está muy presente. Aunque la relación armenia sea más de vasallaje que de alianza.



Manifestación patriótica de colegiales en Ereván


Es en la cesta de la compra donde más se nota el peso del gigante del Norte. Desde las conservas al papel higiénico casi todo viene del poderoso vecino y este patrón se repite en Tiflis. No se puede entender la historia del Transcaúcaso sin la de Rusia y la URSS. Son inseparables.
Pero volviendo a la actulidad, en Georgia se habla de corrupción y del peso de la mafia con la mayor tranquilidad. Es parte del paisaje cotidiano y a lo mejor es por ello que hay cierta añoranza mal disimulada de un personaje como Stalin y su mano dura.



Antiguallas soviéticas en el rastro de Tiflis

Aún así los tiempos de la criminalidad desbocada han pasado y las dos ciudades son ideales para recorrer a pie. Las distancias entre los atractivos turísticos no son muy grandes y ello permite parar en cualquiera de los locales a tomar algo. Puede ser lo mismo vino que cerveza, el omnipresente vodka o los licores locales como la chacha, una especie de orujo georgiano. Si bebes con un local, hacerlo solo una vez es de mala educación, así que prepárate para la segunda copa.



Porque el alcohol va paralelo a la vida, aunque sea un vicio casi exclusivamente masculino. Se bebe mucho y por cualquier motivo y el alcoholismo es una discreta enfermedad social.
Pero mejor seguir caminando. Si las copas te dejan, podrás leer la historia que cuentan las miles de banderitas de la UE que se ven en las calles. En tiempos de Brexit y anti-europeísmo georgianos y armenios quieren ser los más europeos de todos. La UE se deja querer y suelta dinero.



No hay que escatimar ninguna posibilidad de negocio y la geopolítica juega a a favor de países situados en un territorio de fronteras que se parte entre musulmanes y cristianos, chíitas y sunitas, pro-USA y pro-rusos. Y que reparte alianzas o enemistades con Turquía, con Irán o con Ucrania.
Toda esta ensalada política y de intereses atrae una mezcla curiosa de minorías en la que puedes encontrar azeríes, tártaros, iraníes, árabes del Golfo con mujeres enlutadas, rusos y turistas, una minoría que va creciendo.
Para relajarse, no es mala idea una visita a Abanotubani, el barrio de aguas termales de Tiflis o, para fumadores, una pipa de agua en algún local de Ereván. Mejor no decirlo en el lugar, pero los armenios conservan costumbres con paralelismos muy evidentes con Turquía.
Dos ciudades, muchas historias que cuentan el Caúcaso sur y que comparten cierta obsesión por parecerse a Occidente. En un salto de tren puedes conocer las dos, antes de que la globalización las termine de uniformizar.
Mejor ahora que más tarde. En el Caúcaso la historia corre más rápido que las personas.