domingo, 30 de mayo de 2021

Mis recuerdos del Sáhara ocupado

Hace más o menos 12 años, entre junio y julio de 2009, crucé parte del Sáhara Occidental ocupado por Marruecos en bicicleta. Dejé constancia en mi blog de entonces y luego lo trasladé a este en varias entradas





En estos días en que el conflicto del Sáhara Occidental vuelve a estar en la palestra, para mal, como casi siempre, son muchos los recuerdos que me vienen. Este será un relato subjetivo, pero algo es algo entre el atronador silencio que rodea a la situación del Sáhara ocupado. 

Empezaré por el final, en mi viaje en bus de vuelta hacia Marrakech. Por la conversación en mi precario francés con un colegial, que hizo una defensa de nacionalismo marroquí y de la pertenencia del Sáhara. Todo esto con escasos 12 años.

Para el marroquí de a pie no hay cuestionamiento posible: el Sáhara es de Marruecos y sus habitantes  bandas de nómadas irrelevantes. Una paradoja en un país en que la mayoría de la población desciende de tribus nómadas.


Campamento nómada.

Tampoco es ninguna novedad para mí. En mis visitas a Marruecos rara vez he encontrado ni un atisbo de la mínima crítica a la realidad existente, con la excepción de una charla bastante productiva con un profesor en la remota Boumalne Dadés en que hablamos directamente de problemas tan reales como el analfabetismo.


El Aaiún/Laayoune

Llegar a el Aaiún, capital del Sáhara ocupado, te da clara idea de que algo no es normal allí. En una ciudad relativamente pequeña ves militares y policías casi en cada esquina. Eso los que se ven, porque la policía secreta está por todas partes y, de vez en cuando, se hacen sentir. Que te hagan una serie de preguntas incómodas una pareja de jóvenes elegantes en un castellano perfecto resulta chocante. 

Un turista llama la atención. No es un destino frecuente y los únicos no africanos que se dejan ver por allí suelen ser miembros de la misión de la ONU en el Sáhara (Minurso) que se suelen alojar en los mejores hoteles y se pasean con sus flamantes 4x4. Lo mismo es válido para Dajla, la ciudad más al Sur del Sáhara y muy cerca ya de Mauritania. 


Vehículos de Minurso y hotelazo

Por aquel entonces aún había quien se aventuraba en un recorrido hacia el Sur, cruzando a Mauritania y aún más allá. Ahora mismo la ruta es muy peligrosa y, con la pandemia, directamente intransitable.

Al poco de salir de el Aaiún se llega al puerto de la ciudad y un poco más allá el pantalán que se adentra tres kilómetros en el mar en el que termina la gigantesca cinta de transporte de los fosfatos de Fos-Boucraa.



Pescadores, al fondo el pantalán de Fos-Boucraa

Cien kilómetros de cinta desde la explotación en el interior del desierto, un negocio redondo del que saca tajada directamente la monarquía alauita y uno de los motivos por los que la tiranía marroquí siempre estuvo tan interesada en ese territorio. Toneladas de fosfatos que suponen millones de euros anuales.

La costa hasta Boujdour, ciudad creada en torno a la antigua base española de Cabo Bojador, es quebrada, llena de acantilados que dan a un Atlántico en el que solo encuentras pequeños asentamientos de pescadores y algunos pastores nómadas.

Los rebaños de camellos son una constante todo el camino. Se comen, son un medio de transporte y se exportan para que los turistas hagan el guiri en las Canarias. 

En cuanto a Boujdour llama la atención cuánta población negra y cuántos militares. Lógico, pues es el último punto de aprovisionamiento para miles de subsaharianos dispuestos a dar el salto a una precaria embarcación y al sueño europeo. 


Boujdour o Cabo Bojador

Con mirar un mapa es fácil ver lo cerca que están las islas Canarias. Toda la costa hacia el Norte es zona de cayucos. Una costa que es imposible de controlar en su totalidad y desde donde salen las frágiles embarcaciones con destino a territorio de la UE... o a la muerte. No hay más que ver las impresionantes olas atlánticas como para ser consciente de la magnitud del riesgo.

El calor aprieta, acaba de empezar el verano. Los mercados descansan a mediodía y siguen hasta altas horas de la noche. Se escuchan lenguas de esas de las que en Europa no sabemos ni el nombre.

De tiempos del colonialismo el faro y, una constante en toda la costa: las instalaciones militares. Abandonadas o en uso. El control de la costa ahí está y la Gendarmería también. 

El paisaje no cambia cuando te diriges hacia el Sur pero se hace más evidente la industria pesquera. 

Aquí y allá aparecen campamentos y pequeños puertos. Rincones de precariedad e infravivienda. Conversaciones y té. El rito del té me ha seguido todo el camino.


Campamento de pescadores y naves conserveras al fondo

Hablo en castellano. Quien más quien menos ha buscado trabajo sobre todo en Andalucía. Pero también en Galicia o Euskalherria. 

En un paso estoy en Dajla.  Las playas que reciben al recién llegado son idílicas pero no tienen turistas. Algún friki haciendo kitesurf y poco más. Más instalaciones abandonadas de la colonia y nuevos barrios en construcción.

Es otra constante. Se ven barriadas y pueblos enteros en construcción durante todo el recorrido. La ocupación marroquí lo es también a base de ladrillos, aunque la carretera sea de segunda y la comunicación con muchos lugares sea una simple pista de tierra.

Dajla es una ciudad de mar, tranquila, bonita y con cafés y restaurantes. Allá va parte de la clase acomodada marroquí que se lo puede permitir. Hay muchos militares también, entre otras varios barcos de guerra.




Dakhla/Dajla

Pero también es una ciudad de naves industriales y barcos que transportan el pescado que se esquilma en las aguas saharauis. No es nada secreto. Están al lado de la ciudad y son fáciles de ver.

Vuelvo al bus del principio. Retorno a Marrakech y recuerdo las conversaciones con las personas que han viajado allí a posteriori. Si algo ha cambiado ha sido para peor. De hecho alguna de esas personas volvieron deportadas por el régimen marroquí. No son bienvenidos los testigos incómodos. Menos aún tras los disturbios de Gdeim Izik en 2010.

El Sáhara es más hermético, es un tema de segunda en las noticias salvo cuando sucede algo especialmente grave. Hace tiempo que ningún conocido recala por allí y no espero que lo hagan pronto.

En estos días ha sido noticia, sí. Pero luego nos olvidaremos. Poca gente pisa esa tierra herida, mejor no hablar de ella.

Ojalá pueda volver pronto. Seguro que tendré algo que contar.



sábado, 5 de septiembre de 2020

Dos vías verdes en Occitania.

 La ventaja del cicloturismo sin grandes planificaciones es que te da la oportunidad de encontrar senderos que no esperabas. Mejor aún si te ahorran kilómetros y son en un entorno tan bonito como el de dos vías verdes: la Foix-St Girons que empalma con otra hasta Prat-Montepaux.

Saliendo desde la histórica ciudad de Foix, a la que se puede llegar por tren muy cómodamente aunque yo llegué en bici, a unos tres kilómetros sale desde Vernajoul la Vía Verde Vernajoul-Saint Girons antigua vía de tren que forma parte de la Veloroute 81, una vía ciclable que cruza, o más bien cruzará porque no está concluida, los Pirineos franceses  desde Bayona a Perpignan.


Foix, comienzo de ruta

Esta vía verde está totalmente acondicionada y se puede recorrer en cualquier época del año en teoría. Es una zona especialmente húmeda y bastante fría, así que, en efecto, es solo en teoría. En cualquier caso esta vía como las que la siguen coinciden en trayecto con la carretera D-117, posible alternativa.

Un buen punto para incorporarse a la vía es desde la Gruta de Labouiche, un río subterráneo que se puede navegar, aunque de momento permanece cerrado por la pandemia.


Antigua estación reconvertida en vivienda

Toda la ruta es plenamente rural, rodeada de pueblos de menos de 1000 habitantes y ofrece la posibilidad de pernocta por libre. Asimismo las antiguas estaciones se han reconvertido en viviendas particulares, por lo que no se pueden usar como techo de emergencia. También hay algunos campings, pero hay que hacer kilómetros extra por pistas asfaltadas que son muy cómodas. La ventaja: unas vistas privilegiadas del Pirineo y una tranquilidad absoluta.



Saint-Girons no tiene especial interés, aunque en sus alrededores tienen mucho interés por estar en la linde del Parc National des Pyrénées Ariegeoises. En el entorno hay varias iglesias fortificadas, castillos, viviendas tradicionales y muchas vacas. 


Vista de Saint-Girons

A 2km de Saint-Girons se encuentra Saint-Lizier, un pueblo de estructura medieval con varios monumentos reseñables, aunque su castillo está de reformas. Una preciosidad y una atalaya muy buena para ver el valle.


Saint Lizier

Al pie de Saint-Lizier empieza otra corta Vía Verde hasta Prat-Bonrepaux. Son 12km siguiendo el curso del río Salat mucho peor acondicionados que la anterior. La vía coincide en algunos tramos con carreteras secundarias de tráfico muy tranquilo y el bosque cambia por una extensión de terreno agrícola.




Cuando terminé con la vía en Prat-Monrepaux me dirigí hacia la vía del Garona, pues tenía que volver a cruzar la frontera y a casita. Por ello tomé un atajo por varios pueblos, pero es posible tomar la vía verde del río Salat, que desemboca en el Garona.

Queda pendiente, quien sabe si pronto, hacer la Eurovelo 81 cruzando Francia al pie de los Pirineos. Si el tiempo y los virus malignos lo permiten.

Vía Verde Vernajoul-St Girons


Eurovelo 81




viernes, 28 de agosto de 2020

Remontando el río Ariège.

El río Ariège es un afluente del Garona que desemboca junto a Toulouse. No es muy conocido como ruta ciclable, pero es una ruta muy estimulante que añade a su atractivo tener varias vías verdes muy cercanas.

Es un río montañoso de recorrido mayormente rural pero que atraviesa varios enclaves monumentales, el más conocido la ciudad de Foix.

Comencé el recorrido desde Toulouse, a donde había llegado siguiendo el Garona. Desde allí fue un paseo llegar al Parc du Confluent, reserva natural donde desemboca el Ariège junto a la localidad de Portet-sur-Garonne. La primera parte del camino es carril-bici y luego se toma la D4 para evitar el tráfico intenso.


De las varias formas de seguir el río opté por ir lo más pegado posible al cauce. Eso hizo que me metiera en más de un camino estrecho e inapropiado para bici con alforjas. Es frecuente que el río cambie de caudal y hay mucha zona de regadío, por lo que los senderos de tierra pueden ser un barrizal.

Mejor fiarse del instinto que de Google Maps, eso para empezar. Como no pude encontrar camping dormí por libre en el pueblo de Cintegabelle, junto a su zona deportiva. Me llevó allí Esteban, un joven del pueblo que encima hablaba castellano.


 

Al poco de arrancar al día siguiente llegué al memorial del campo de concentración de Vernet, una visita no agradable pero sí necesaria. Miles de españoles pasaron por allí. El más conocido el escritor Max Aub que dejó escrita su experiencia allí en el libro Manuscrito cuervo. Queda en pie la estación desde donde se deportaba a los infortunados presos y parte del cementerio.


Memorial campo de concentración de Vernet

Desde allí una corta tirada me dejó en la histórica Pamiers. Una ciudad pequeña y tranquila de la que me gustó especialmente su sistema de canales, en uso desde la Edad Media. Pamiers es una especie de réplica en pequeño de Toulouse y es un buen lugar para dedicar un rato.




Pamiers

El mismo día llegué a Foix, otra villa histórica dominada por el imponente castillo condal. Foix, pero también todos sus alrededores, tienen historia de sobra. Desde los cercanos abrigos prehistóricos que se pueden visitar a los restos medievales, edificios modernistas y toda la herencia de los cátaros.



Foix, villa señorial


Desde Foix la la carretera empieza a ascender. Primero poco a poco y luego en fuertes pendientes. También muy cerca de Foix podemos tomar una interesante vía verde de la que hablaré en otra entrada.

Tarascon-sur-Ariège


En unos kilómetros llegué a Tarascon-sur-Ariège, un pueblo partido en dos por el río desde el que se divisan ya varias cumbres pirenaicas. Aunque es inevitable a ratos tomar carreteras transitadas la idea es coger siempre la margen derecha del río, que va por pueblos pequeños y tomar la carretera D719 que se llama Route d'Espagne. A mi lado el Ariège fue transformándose en un río de montaña abundante en rápidos y con torrentes y cascadas que desembocan en él.


El río llega a Ax les Thermes, balneario y estación de esquí. Desde allí no queda otra que tomar la carretera N20 que es en algunos tramos un poco pesada porque coincide con bastante tráfico. Al mismo tiempo alguna rampa empieza a ser especialmente inclinada. Un buen sitio para hacer noche es el camping de Mérens.


Aguas termales en Ax-les-Thermes

Llegué hasta un poco más allá de la localidad de L'Hospitalet-près-l'Andorre, fronteriza con Andorra, hasta la cota de 1500. Me quedé a 8km del nacimiento, por eso de evitar el engorroso paso de la Aduana. Otra vez será.



RECORRIDO CICLOTURISTA POR EL RÍO ARIEGE

Desde Toulouse a L'Hospitalet-près-l'Andorre

7 al 9 de Julio 2020

178km de carreteras secundarias y pistas de tierra.

Varios campings por todo el camino, posibilidad pernocta libre




lunes, 17 de agosto de 2020

Garona en cicloturismo. Tramo Beret-Toulouse

Parecía que la pandemia iba de bajada, así que junté unos días de vacaciones para una pedaleada que tenía en la cabeza hace tiempo: Recorrer el río Garona desde su nacimiento hasta la ciudad de Toulouse y añadirle unos kilómetros recorriendo alguna otra zona del Languedoc ya de paso.

Antes que nada aclarar que el recorrido es muy cómodo, apto para todos los públicos, sin grandes cuestas ni puertos si se parte directamente desde Vielha. Además se está habilitando, con tramos aún pendientes, el llamado Parcours cyclable de la Garonne, que ahora mismo va de Cierp Gaud a Carbonne. En el futuro próximo  llegará hasta Toulouse donde empalmará con la vía ciclable que va paralela al canal del Garona y también la del Canal de Midi. También está en construcción el proyecto Trans-Garona que unirá la Val d'Aran con Haute Garonne y que combinará zonas más propias para la BTT con carretera.

Pero empecemos por la salida. No está claro cual es el punto exacto de nacimiento del Garona, así que opté por el que sale en los mapas, en la Pla de Beret, a un paso de la estación de esquí de Baqueira y en lo alto de un puerto que pica bastante está la llamada Fuente de la Garona. Desde la subida hay unas hermosas vistas a parte del Pirineo catalán y aragonés, aunque pillé un día bastante cubierto.

En el nacimiento del Garona, justo antes de empezar.

Llegar hasta allí en transporte público es imposible. Por otro lado la única forma de llegar al Valle de Arán es desde Lleida hasta Vielha con el bus de Alsa. Yo hice trampa y llegué con furgoneta hasta la estación de esquí de Baqueira-Beret.

Baqueira

El valle pirenaico de Arán ha permanecido históricamente aislado y con personalidad propia. Ahora mismo los leñadores y vaqueros, formas tradicionales de vida de la zona, han dejado paso al turismo, el pijerío del esquí y los supermercados para clientela francesa. Eso no quita para que sea un valle precioso.

La bajada desde el nacimiento del Garona hasta Vielha es vertiginosa.  Los 20km hasta Vielha permiten ver el río en cada curva, aunque a mí me tocaron varios tramos en obras con tráfico desagradable.


En Vielha

Desde Vielha el camino es muy fácil. Una carretera en buen estado que atraviesa todo Arán hasta la frontera con Francia y que invita a parar y meter los pies en el río.

Un buen sitio con estupenda oferta gastronómica es Bossost y con una ruta a pie por el patrimonio minero que aprovechaba las aguas del río que me quedó pendiente. La mayor parte de los pueblos, eso sí, se encuentran encaramados a pendientes considerables.

Interesante parada también en la frontera donde se reseña el intento de derrocar el régimen de Franco mediante una invasión terrestre en 1944. Todo el recorrido del Garona es una lección de historia que merece la pena seguir. 

Ya en Francia la carretera sigue tranquila en paralelo al río atravesando varios pueblos, todos con sus baños públicos y sus fuentes de agua potable, algo que se agradece en todo el trayecto. 

Hice noche en el camping municipal de Cierp-Gaud, una elección barata y cómoda a orillas del río Pique, afluente del Garona. El tiempo, con lluvias intermitentes, me hizo llegar algo más tarde de lo previsto. Esto en la Francia rural (más de las 18h) equivale a encontrar todo cerrado, pero un amable funcionario municipal me inscribió en el camping.


Cierp-Gaud

En Cierp-Gaud arranca la vía ciclable del Garona. Comodísima y muy bien señalizada aprovecha tramos sin tráfico que la hacen muy agradable. Es la forma ideal de recorrer parte de lo que se llama el país de Comminges, antiguo reino medieval que tiene su parada estrella en el espectacular pueblo de Saint-Bertrand de Comminges. Un pueblo muy bien conservado que tiene restos romanos, varias necrópolis, una ciudad amurallada o una catedral gótica. Me pilló lluvia ese día también, pero luego la cosa mejoró.



Saint Bertrand de Comminges

De camino se pasa por Saint-Gaudens, un polo industrial con una gigantesca fábrica de celulosa. De la ciudad histórica poco queda, pero es el primer punto con ferrocarriles regionales que se pueden tomar como alternativa para subir la bici si uno se siente flojito.


Casa tradicional restaurada. Se encuentran pocas.

La ruta sigue pasando de una ribera a otra del río y yo paré en el camping municipal du Lac en Boussens.

Toda la zona está llena de lagos artificiales en las márgenes del río y represamientos a modo de pequeños embalses, además de canales que salen y mueren en el Garona. Hay mucha agricultura de forrajeras, maíz, patatas y ganadería fundamentalmente bovina.


Conforme avanza el río las poblaciones se hacen más grandes. Las señales de la vía ciclable desaparecen casi de golpe un poco más allá de la población de Carbonne, pero es fácil tomar carreteras secundarias sin apenas tráfico y conectar con pistas agrícolas pavimentadas.


Catedral de Muret. Ejemplo de Gótico Meridional.

Poco antes de Toulouse está la ciudad de Muret, célebre por una batalla medieval, desde donde hay que ser cuidadoso para no meterse en carreteras muy transitadas y agobiantes. Un consejo raro: buscar un centro penitenciario cercano a Muret. Por detrás del mismo pasan varias pistas de tierra que nos conducen al extrarradio de Toulouse en un entorno de lagos que son áreas protegidas.

En Toulouse busqué camping, pero no es una gran idea. Los dos de la ciudad son caros e incómodos, por lo que no los reseño. Ya estaba allí así que hice noche.


El Garona en Toulouse

Dediqué el día siguiente a visitar la ciudad, que ya conozco y que me encanta. Toulouse tiene  un importante casco histórico y mucha vida. 

Impresionante es su Jardin des Plantes y el Museo de la Ciudad anexo. También sus parques y palacios neoclásicos o las casas tradicionales que se conservan. 


Toulouse tiene, además, abundancia de una de las señas de identidad de esta zona: el ladrillo occitano característico del llamado Gótico Meridional.

Pero mejor verlo en persona, al fin y al cabo no soy un experto.

Cerca de Toulouse desemboca el río Ariège en el Garona. La siguiente fase de mi viaje fue remontarlo hasta Andorra. Luego lo cuento.


FUENTE DE LA GARONA-TOULOUSE

Del 1 al 3 de Julio 2020 

226 km por carretera y pistas

Numerosos campings en todo el recorrido, pernocta libre posible aunque difícil.

Transporte público: Buses Val d'Aran permite bicicletas. Trenes regionales en Francia.