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domingo, 30 de mayo de 2021

Mis recuerdos del Sáhara ocupado

Hace más o menos 12 años, entre junio y julio de 2009, crucé parte del Sáhara Occidental ocupado por Marruecos en bicicleta. Dejé constancia en mi blog de entonces y luego lo trasladé a este en varias entradas





En estos días en que el conflicto del Sáhara Occidental vuelve a estar en la palestra, para mal, como casi siempre, son muchos los recuerdos que me vienen. Este será un relato subjetivo, pero algo es algo entre el atronador silencio que rodea a la situación del Sáhara ocupado. 

Empezaré por el final, en mi viaje en bus de vuelta hacia Marrakech. Por la conversación en mi precario francés con un colegial, que hizo una defensa de nacionalismo marroquí y de la pertenencia del Sáhara. Todo esto con escasos 12 años.

Para el marroquí de a pie no hay cuestionamiento posible: el Sáhara es de Marruecos y sus habitantes  bandas de nómadas irrelevantes. Una paradoja en un país en que la mayoría de la población desciende de tribus nómadas.


Campamento nómada.

Tampoco es ninguna novedad para mí. En mis visitas a Marruecos rara vez he encontrado ni un atisbo de la mínima crítica a la realidad existente, con la excepción de una charla bastante productiva con un profesor en la remota Boumalne Dadés en que hablamos directamente de problemas tan reales como el analfabetismo.


El Aaiún/Laayoune

Llegar a el Aaiún, capital del Sáhara ocupado, te da clara idea de que algo no es normal allí. En una ciudad relativamente pequeña ves militares y policías casi en cada esquina. Eso los que se ven, porque la policía secreta está por todas partes y, de vez en cuando, se hacen sentir. Que te hagan una serie de preguntas incómodas una pareja de jóvenes elegantes en un castellano perfecto resulta chocante. 

Un turista llama la atención. No es un destino frecuente y los únicos no africanos que se dejan ver por allí suelen ser miembros de la misión de la ONU en el Sáhara (Minurso) que se suelen alojar en los mejores hoteles y se pasean con sus flamantes 4x4. Lo mismo es válido para Dajla, la ciudad más al Sur del Sáhara y muy cerca ya de Mauritania. 


Vehículos de Minurso y hotelazo

Por aquel entonces aún había quien se aventuraba en un recorrido hacia el Sur, cruzando a Mauritania y aún más allá. Ahora mismo la ruta es muy peligrosa y, con la pandemia, directamente intransitable.

Al poco de salir de el Aaiún se llega al puerto de la ciudad y un poco más allá el pantalán que se adentra tres kilómetros en el mar en el que termina la gigantesca cinta de transporte de los fosfatos de Fos-Boucraa.



Pescadores, al fondo el pantalán de Fos-Boucraa

Cien kilómetros de cinta desde la explotación en el interior del desierto, un negocio redondo del que saca tajada directamente la monarquía alauita y uno de los motivos por los que la tiranía marroquí siempre estuvo tan interesada en ese territorio. Toneladas de fosfatos que suponen millones de euros anuales.

La costa hasta Boujdour, ciudad creada en torno a la antigua base española de Cabo Bojador, es quebrada, llena de acantilados que dan a un Atlántico en el que solo encuentras pequeños asentamientos de pescadores y algunos pastores nómadas.

Los rebaños de camellos son una constante todo el camino. Se comen, son un medio de transporte y se exportan para que los turistas hagan el guiri en las Canarias. 

En cuanto a Boujdour llama la atención cuánta población negra y cuántos militares. Lógico, pues es el último punto de aprovisionamiento para miles de subsaharianos dispuestos a dar el salto a una precaria embarcación y al sueño europeo. 


Boujdour o Cabo Bojador

Con mirar un mapa es fácil ver lo cerca que están las islas Canarias. Toda la costa hacia el Norte es zona de cayucos. Una costa que es imposible de controlar en su totalidad y desde donde salen las frágiles embarcaciones con destino a territorio de la UE... o a la muerte. No hay más que ver las impresionantes olas atlánticas como para ser consciente de la magnitud del riesgo.

El calor aprieta, acaba de empezar el verano. Los mercados descansan a mediodía y siguen hasta altas horas de la noche. Se escuchan lenguas de esas de las que en Europa no sabemos ni el nombre.

De tiempos del colonialismo el faro y, una constante en toda la costa: las instalaciones militares. Abandonadas o en uso. El control de la costa ahí está y la Gendarmería también. 

El paisaje no cambia cuando te diriges hacia el Sur pero se hace más evidente la industria pesquera. 

Aquí y allá aparecen campamentos y pequeños puertos. Rincones de precariedad e infravivienda. Conversaciones y té. El rito del té me ha seguido todo el camino.


Campamento de pescadores y naves conserveras al fondo

Hablo en castellano. Quien más quien menos ha buscado trabajo sobre todo en Andalucía. Pero también en Galicia o Euskalherria. 

En un paso estoy en Dajla.  Las playas que reciben al recién llegado son idílicas pero no tienen turistas. Algún friki haciendo kitesurf y poco más. Más instalaciones abandonadas de la colonia y nuevos barrios en construcción.

Es otra constante. Se ven barriadas y pueblos enteros en construcción durante todo el recorrido. La ocupación marroquí lo es también a base de ladrillos, aunque la carretera sea de segunda y la comunicación con muchos lugares sea una simple pista de tierra.

Dajla es una ciudad de mar, tranquila, bonita y con cafés y restaurantes. Allá va parte de la clase acomodada marroquí que se lo puede permitir. Hay muchos militares también, entre otras varios barcos de guerra.




Dakhla/Dajla

Pero también es una ciudad de naves industriales y barcos que transportan el pescado que se esquilma en las aguas saharauis. No es nada secreto. Están al lado de la ciudad y son fáciles de ver.

Vuelvo al bus del principio. Retorno a Marrakech y recuerdo las conversaciones con las personas que han viajado allí a posteriori. Si algo ha cambiado ha sido para peor. De hecho alguna de esas personas volvieron deportadas por el régimen marroquí. No son bienvenidos los testigos incómodos. Menos aún tras los disturbios de Gdeim Izik en 2010.

El Sáhara es más hermético, es un tema de segunda en las noticias salvo cuando sucede algo especialmente grave. Hace tiempo que ningún conocido recala por allí y no espero que lo hagan pronto.

En estos días ha sido noticia, sí. Pero luego nos olvidaremos. Poca gente pisa esa tierra herida, mejor no hablar de ella.

Ojalá pueda volver pronto. Seguro que tendré algo que contar.



lunes, 9 de junio de 2014

Vuelta a casa. Hasta pronto, Sáhara

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Empezaba el blog hablando de la necesaria memoria, de viajar, mirar y tomar nota. De la importancia que tiene para mí el no ser un simple observador pasivo, sino contar lo que veo y tomar partido. Al hilo de esto creo que nos vendrá bien un ejercicio de memoria, que puede ser útil para hacernos una composición de lugar de la injusticia social y económica cometida en el Sáhara.
En los años 70 y 80, cuando la posible independencia del Sáhara estaba en el candelero, alguien se molestó en sacar cuentas de los ingentes recursos económicos de lo que había sido el Sáhara Español.
Teniendo en cuenta la producción de fosfatos, los grandes bancos de pesca y una incipiente agricultura, a lo que había que sumar el recurso de la energía solar, en aquel entonces en pleno proceso de desarrollo, dividido por la escasa población del territorio salia una renta per cápita similar a la de Kuwait.
Ahora bien, la realidad hoy en día es muy otra.
165.000 saharauis viven aún refugiad@s en los campos de Tindouf en Argelia, separados por el muro que ha construido Marruecos. Los miles que viven en el territorio mantienen su cultura, lengua y costumbres pero desempeñan los oficios más humildes o bien siguen viviendo de la pesca de subsistencia o el pastoreo nómada de camellos y cabras.
Respecto a los marroquíes asentados en el territorio, si no son militares o gendarmes (Que son legión), regentan pequeños negocios o bien tienen trabajos muy duros generalmente en la pesca o la minería. Eso sin contar la gran bolsa de desempleados, provenientes de grandes ciudades, que viven de trabajos esporádicos y que yerran por un territorio que no es el suyo.
Así pues, lo que podria ser un país próspero es una de las regiones más pobres de Marruecos a mayor gloria de las importadoras de pescado o las multinacionales de los fosfatos, cuyos beneficiarios puede que ni tan siquiera sepan situar Laayoune, Dakhla o Smara en un mapa.
Pero los saharauis miran al futuro, como yo ahora miro hacia Zaragoza, mi ciudad y mi realidad. Como las dos mujeres de la foto miran al Atlántico envueltas en sus melhfas. Como yo miro, si me dejan, siempre un poco mas lejos.

Post data

Noticias de Laayoune


Escribe Circoa desde Laayoune (Lo pego debajo), mientras otras tres ciclistas han emprendido un viaje similar al mío, recorriendo aquella tierra que se me hizo tan querida, donde la injusticia de un pueblo exiliado sigue clamando por injusticias como ésta:
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=538435
Mucha suerte, muy especialmente a Pili, que me facilitó mapas y topografía para mi recorrido saharaui.
6.11.2009
Que pasa cuando uno es incapaz de explicar y abarcar una situacion que no le pertenece, que no sufre, pero sin embargo se encuentra en ella. Como en una pelicula de ciencia ficcion donde golpean (sin sangre) a los personajes en batallas  cosmicas y la gente disfruta en las butacas de un cine con mas de 3500 luces en el centro comercial de moda de sus ciudades.
Igual? Los personajes estan aqui delante mio, me ensenan las cicatrices de sus batallas, me cuentan las historias interminables de su dia a dia, y a la vez preparamos la comida, el te, reimos y bailamos; nos miramos a los ojos como seres de planetas diferentes y nos abrazamos fuerte, como deseando que por fin algo de aqui y de alla se toque, se equilibre.
"El problema", los personajes estan en mi corazon, bien asentados desde hace ya algunos anos. Entonces: como separar realidades, como estar aqui sin estar alli, y como normalizarlo, sin tener mi cabeza aqui.
Inevitablemente, esta visible el otro bando, me permito decir el de los "MALOS", ellos estan en las calles, se pasean libremente con su traje superespacial, con todos los complementos que requiere su papel: pistola o metralleta, porra, cinturon portabalas y un millar de bolsillitos que la verdad ni quiero saber que guardan.
Cabeza de malo bien alta, sin sonrisa por supuesto, el papel de torturador nunca lo puede hacer alguien risueno.
Ellos golpean, persiguen, torturan; vigilan, violan, manipulan,... ese es su trabajo, con salario mensual por supuesto.
Mientras continua la batalla en las calles, yo permanezco aqui, en sus casas, conversando, posponiendo mi vuelta a marte, planeando con mis companeras saharauis un futuro mejor, porque este es nuestro papel decisivo (y aqui os cito con todo mi carino amigas radiofonicas), somos mujeres que conectando luchas trabajamos para lograr el mundo que deseamos.
Simplemente: JUSTICIA.


Un abrazo muy fuerte desde las calles de El Aiun ocupado, capital del Sahara Occidental.
CIRCOA

domingo, 8 de junio de 2014

2009 Sáhara en bicicleta (IV)

Séptima etapa: Playa Ntirift-Río Aguila (75kms)

 

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Ruinas de fortificaciones y de un pueblo de pastores a la entrada de Oued Eddahab

A un paso de Dakhla!
Hoy el viento ha sido terrible. Rachas laterales y frontales que traian arena que latigaba y quemaba la piel. Mis piernas estan rojas como un tomate y a ratos he pedaleado con manga larga y la cara totalmente envuelta como un tuareg.
El camino discurre serpenteando entre la costa y el interior asolado del desierto, con la única poblacion de Ntirift por medio.
Ntirift es una nueva colonia de pescadores viviendo en condiciones deplorables, sin una triste tienda, ni servicios sanitarios básicos, recogida de basuras o alcantarillado. Cerca del asentamiento de jaimas y chabolas la llamada Agencia para el Desarrollo de las Provincias del Sur de Marruecos ha construido un pueblo con su mezquita y su ayuntamiento, pero de momento permanece desierto y no lleva poco tiempo construido. Le ha dado tiempo a oxidarse a las puertas incluso. Permitidme que no entienda nada.
Por lo demás la entrada a la península donde esta Dakhla ha sido impresionante, con la extensión del arenal de Oued Eddahab y el abandonado pueblo frente al arenal, con sus restos de la presencia militar española y, de nuevo, la antigua carretera colonial, semicubierta por la arena, por la que he transitado un rato.
El viento terrible me zarandeaba como una vela. Los coches pitaban y me daban ánimos. No ha faltado incluso dos que me ofrecieran a montar mi bici y llevarme hasta Dakhla, pero mi meta es llegar en bici, sino no tiene gracia.
Finalmente paro en Río Aguila, frente a un plácido islote, rincón de surferos, que también hacen plounge, una variedad con una especie de cometa gigante que parece muy divertida. Bañito helador en el Atlántico y toneladas de aftersun a mi maltrecha piel.

Octava etapa: Río Águila-Dakhla (32kms)

 

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Llegada a Dakhla

Tras una noche en que los fiesteros del surf me dejaron dormir regular tirando a mal, emprendo de nuevo mi camino a Dakhla, a tan solo un paso.
Por fin el viento me da un poco de tregua e incluso sopla a favor, por lo que me planto enseguida en el nuevo control policial a la entrada de Dakhla.
De camino, cultivos e invernaderos dan imagen de una zona en un cierto desarrollo, al margen del timido auge del turismo. Algunos campesinos que me saludan con curiosidad y una febril actividad en torno al desvio a la importante zona portuaria y pesquera.
La primera impresion chocante nada mas entrar a la ciudad, el aeropuerto pegado a las casas literalmente y un Atlantico precioso, con todos los matices del verde y el azul, agitado por una brisa que sopla desde la cercana Mauritania, nuevo puerto de cayucos.
Pero bueno, el caso es que ya estoy aqui!

Dakhla, lugar para relajarse


 

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Hora de la siesta en la Pza Ghurb

Dakhla, la antigua Villa Cisneros de los españoles, reposa tranquila a orillas del Atlàntico, agitada generalmente por un viento que refresca un poco el implacable sol.
Es esta una ciudad de toque indolente donde se combina una desconchada herencia española en edificios como las antiguas instalaciones militares, con cierto toque de castillo medieval fuera de lugar, la iglesia (Ahora cerrada) justo frente al lujoso hotel Sahara Regency o rincones como el Cafe Valencia o el Hotel las Dunas.
Tampoco falta el toque musulman, con especial encanto en la transitada Plaza El Ghurb, con su mezquita un tanto desconchada, pero, paradojicamente mas frecuentada para la oracion diaria que la flamante nueva mezquita del Paseo Maritimo.
Y es una ciudad con mar, un Atlantico que muestra el camino a Mauritania, casi enfrente mismo de la ciudad, bordeado por el reciente paseo maritimo y sobre todo de innumerables factorias dedicadas a procesar el pescado proveniente de los ricos caladeros saharauis. Factorias que muchas veces tienen nombre extranjero.
Tomo te con Ahmed, economista, que me cuenta en perfecto castellano como esta es una zona de mucho flujo economico, pero sobre todo migratorio, lo que tambien estimula al primero.
Es cierto. Por la calle abundan los mauritanos, que se entienden en Hassania, su idioma comun, con los saharauis. Es curioso, y no se a qué se debera, pero la mayor parte de la gente mauritana regenta fruterias o vende especias.
Hay tambien senegaleses, gambianos e incluso conozco a Fatah, que me vende espuma de afeitar con la que remedio mi barba de diez dias, que es de Mali. Bromea diciendo que ha llegado desde Tombuctu en un camello.
Como de costumbre en estas latitudes, la ciudad duerme una larga siesta y resucita al atardecer, con terrazas abarrotadas, zocos y un cierto aire de jolgorio general.

Un paseo por la península de Dakhla (39kms)

 

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Como llegue un dia antes de lo previsto, que menos que dedicar un ratito a conocer los alrededores de la ciudad de Dakhla y la península donde está ubicada.
Asi pues, ni corto ni perezoso volvi a montar las alforjas en mi bici y empece con la intencion de dirigirme, tras visitar la zona industrial, al antiguo faro español.
Comence saliendo de la ciudad por el humilde barrio de Al Irfane al deprimente suburbio de Essalam, en el camino del Puerto Pesquero de Ilot.
Hay planes para reformar Essalam, pero Mubarak, habitante del barrio que habla español bastante correcto tras trabajar varios años a las ordenes de un capitan gallego tocayo mio, no lo ve muy claro.
Me cuenta de su paso por todos los puertos de la costa marroqui, saharaui e incluso mauritana. Tambien de la importancia de las instalaciones pesqueras de la zona y de lo complicado de llegar al faro.
De todo ello soy testigo a posteriori. Ciertamente las instalaciones portuarias son inmensas y las fabricas tambien. Un verdadero laberinto de naves, por cierto bastante sucio. Constante trajin de todo tipo de vehiculos: Desde carros con su burro a trailers de alto tonelaje.
Los intentos de acceder al viejo faro se convierten en un verdadero problema. La arena me atrapa las ruedas y finalmente me quedo a un par de kms. Lo que podria ser un agradable paseo se ha convertido tambien en un basural hediondo.
Pero al menos no me pierdo unas hermosas vistas del Atlantico en todo su esplendor y brillo y pienso en aquellos que, a solo unos kms de aquí, abordan el sueño europeo en cayuco.

Tirón de orejas a la ONU

 


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Como ya he comentado, en toda la zona del Sáhara funciona la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental). MINURSO está encargada de la limpia celebración de un referéndum, que lleva posponiéndose desde 1975, en que el pueblo saharaui pueda decidir sobre su autodeterminación.
Aparte de que su eficacia con el tema de momento es casi nula, me he llevado una impresion un tanto desfavorable de esta delegación.
No digo que vivan en una jaima o un arrabal de chabolas, pero hasta el momento la práctica totalidad de los coches oficiales de la ONU, fácilmente reconocibles por sus siglas UN y su color blanco, que he visto estacionados ha sido en la puerta de los hoteles mas exclusivos del Sahara, como el Al Massira de Laayoune o los de la foto superior, en el Sahara Regency de Dakhla.
Sin más comentarios.

El vieno Laayoune y el oasis de siempre

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Viviendas tradicionales en Hatarrambla

Tras un nuevo viaje en los buses saltarines por las parcheadas carreteras saharauis, nueva visita a Laayoune, esta vez con mas tiempo para recorrerlo.
Históricamente, Laayoune se construyó a orillas de Saguia Al Hamra, literalmente el río/torrente rojo, por el color de la arcilla de la zona. Es en torno a esa acumulación de agua, convertida ahora en pequeña represa que almacena agua usada para riego mayormente, donde se puede ver lo que fue la ciudad colonial española y disfrutar de rincones con bastante más encanto que la funcional ciudad actual.
Básicamente la ciudad estaba claramente dividida en la zona donde vivían los españoles, casi todo militares, que aún conserva rinconcillos curiosos, como viejos cafetines, tiendas y los bares donde se servía alcohol, hoy cerrados. También conserva algunas de las placas de las calles, verdaderas reliquias descoloridas, en castellano.
Cómo no, la colonia tenia una parte administrativa y militarizada, que básicamente ha sido reciclada por las autoridades marroquíes, incluyendo la iglesia, ahora en obras, que supongo permanece cerrada, sobre todo si tenemos en cuenta la ínfima comunidad cristiana potencial usuaria.
Y queda el arrabal musulmán, llamado en aquel entonces Zemla. Un abigarrado conjunto de casitas, que los saharauis han ido adaptando a su manera, con plantas, azulejos y pequeñas reformas. El aspecto es un tanto rural, con mucho encanto, calles en cuesta que bajan hacia la Saguia y algunas casas muy peculiares, de construcción abovedada y unidas entre sí, con un corral interior.
De allí, una corta pedaleada me lleva al oasis de Fadachel que, con la rápida expansión de la ciudad, cada vez se encuentra más cerca de las casas y, sobre todo, los polígonos industriales.
Un rincón con agua, flamencos y garzas, palmeras e ingeniosos métodos para frenar la arena, ir repoblando y tener cultivos ocasionales. Una extensión de dunas se extiende hasta el mar. El paisaje tiene algo de desierto clásico, de película, con viento agitando las crestas de las dunas, que cambian de colores caprichosamente. La luna llena dio toda la noche una claridad estupenda y me acompañó no solo a mi, sino a varios saharauis que, tradicionalmente, vienen a dormir al Badia, según me explicaron, especialmente en noches de luna.

Algo para leer

 

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Dunas en el erg cerca de Fadachel
Durante este viaje me ha acompañado un libro que creo merece la pena leer.
El Imperio Desierto de Ramon Mayrata. Trata sobre la descolonización del Sáhara Occidental por los españoles, un triste episodio (Sobre todo para los saharauis) escrito en plan novela, pero con todo el rigor de la historia de una persona que vivio todo aquello en directo y que es muy util tambien para conocer algo de la forma de entender la vida de los saharauis.
Por supuesto me han acompañado otras lecturas, pero creo que esta es necesaria, precisiones al margen de su calidad literaria, mas que aceptable.
Es curioso comprobar que la novela tiene ya 17 añitos, pero se puede leer tanto si hubiera sido publicada en el 77 como el año pasado. La historia es de plena vigencia y nos puede enseñar algunas cositas, que siempre se agradece.
Está editada además dentro de una colección especializada en el tema, como es Sgarit, las voces del desierto. Imprescindible.

Algunos datos prácticos. Retornando...


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Ya toca despedirme de Laayoune, tomar carretera (Y menuda carretera) y plantarme en Marrakech, para definitivamente volver a Zaragoza.
Pero no quiero despedirme de este viaje sin un par de cosillas. La primera unos cuantos datos prácticos sobre alojamientos y transporte en el Sáhara.

Hoteles
No tienen por que ser los mejores pero si los que yo recomiendo por cosas como relación calidad-precio, limpieza o economía, sobre todo lo ultimo, tacañete que es uno.
LAAYOUNE:
Zimmour: Por algo más de seis euros habitacion individual. Limpio, cómodo y con una estupenda cafetería en la planta baja. Frente a complejo Las Dunas. La ducha esta incluida.
Dcheira: Junto al Zimmour, algo mas económico, pero también con personal muy amable y con su saloncito con la tele a volumen atronador.
Essaleh: A la entrada al zoco. Realmente muy barato, unos tres euros la noche, pero mejor acudir si no queda otra opción, como fue mi caso. Eso sí, muy corteses.
BOUJDOUR:
GOS: Sin duda una agradable sorpresa este hotelito en un viejo caserón de tiempos de la colonia. Cuarto con tele y mobiliario peculiar y recepcionista octogenario encantador. Buenas vistas al faro. 70 dirhams la individual.
LACRAA:
Gasolinera PNA: En este sitio se puede dormir, aunque yo no lo hice, pero no deja de ser una solución de emergencia puesto que esta a pie de carretera y en un punto donde los hoteles mas cercanos están a más de 100kms. 40 dirham. Un poco cuchitril.
DAKHLA:
Sahara: No confundir con el hiperlujoso Sahara Regency. En una plaza con mucho ambientillo y vistas al mar. 60 dirham individual limpia y tranquila. A un paso de los buses de Supratours.
Imlili: En la zona del zoco también. Algo más barato, pero limpio y con el ciber al lado. Paran los buses de CTM a 10ms.
DUCHAS: El agua es un bien precioso en el Sáhara. Dejar claro que ni se os ocurra beber del grifo. Ni los propios lugareños lo hacen. Es por ello que en los hoteles, salvo en los de gama alta y en aquellos que lo especifican, se suele cobrar la ducha aparte, que es más cara que un café o un refresco en terraza. Suele costar 10 dirham.
BUSES: Hay solo tres compañías y conviene reservar con tiempo o te puedes quedar "colgado" como ha sido mi caso. Un trayecto Laayoune Marrakech cuesta 300 Dh. 170 más si es desde Dakhla. Personalmente recomiendo Supratours. Tambien están CTM y Satas, esta última para valientes, con sus buses-cafetera.
COMER:Sería muy difícil seleccionar un sitio, pero hay algunos impresionantes por su calidad y variedad, como Casa Luis en Dakhla, si os quereis dejar un poco más de dinero de lo habitual (60Dh menú de pescado o marisco). Para una dieta vegetariana lo más recomendable es acudir a la tradicional Harira y otros tipos de sopas y las pizzerías. Ya sabéis que las frutas y verduras crudas pueden ser peligrosas, pero las hay asequibles en los mercados callejeros y se pueden desinfectar con unas gotas de yodo o lejía alimentaria.

viernes, 6 de junio de 2014

Julio 2009. Sáhara en bicicleta (III)

Cuarta etapa: Boujdour-Iraifia (69kms)

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Vista de Cabo Boujdour

Empece la etapa dándome cuenta de que no eran 300 sino 340 los kms que me separaban de Dakhla. Pero peor podría ser.
De salida, nuevas explotaciones de fosfatos, una nueva mina encontrada a un paso de Boudour y ya en plena explotacion.
Durante todo el camino, sobre todo los primeros 40kms, me acompañan acantilados de vertigo, preciosas vistas del cabo Boujdour, con la ciudad al fondo. El calor mas bien moderado y reposo a mediodia, como de costumbre.
Llama la atencion como se reduce el trafico, siendo casi exclusivamente de camiones y buses. Al lado de la carretera y al borde de los acantilados, eso si, aparecen pescadores caminando, a veces cargados con el fardo de su pesca. Saludan. Pocos de ellos hablan otra cosa que no sea arabe o Hassaniya. Los mas mayores unas pocas palabras en castellano. Los de origen marroqui, un poco de frances.
Cerca de la llegada esta el antiguo oasis y pueblo pescador de Iraifia, aunque ahora mismo deshabitado, generando uno de los nuevos pueblos de colonizacion que esta creando Marruecos y que de momento son aldeas fantasma.
Termino durmiendo a un paso de un acantilado. Un atardecer increible y un ameno rato de conversación (En la medida de lo posible) con dos pescadores.




Fútbol, fútbol, fútbol

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Los señores de la foto no esperan que les regalen nada, ni es un mitin o una arenga religiosa del mullah de turno.
Todo este público y mucho mas, se concentraba en las calles de Boujdour por un buen sitio donde ver la final Brasil-USA de la Copa Federaciones de Sudáfrica.
Estés donde estés y más si dices spanish te van a hablar de fútbol, de si el Barça o el Madrid, de Messi, Iniesta, Raul, Etoo. Lo mismo da un cafetín en Ispahan, que un mercado en Bogotá o un pueblo de pescadores en Vietnam. Respondes con lugares comunes: que si tal equipo tiene mejor delantera, que juegan mas bonito. En el Sahara no es una excepción y eso que muchas personas de aquí no han pisado un campo de hierba en la vida.
Pero, guardadme un secreto. No me gusta el fútbol. Nadie es perfecto.

Quinta etapa: Iraifia-Lacraa (111kms) ¡El etapazo!


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Para los mas valientes. 165kms de pista de tierra a traves del desierto.

Creo que el titulo es bastante descriptivo y cuesta muy poco entender el motivo de este etapon, con un viento de cola de mas de 50kms/h que me llevaba sin pedalear a unas velocidades improbables para el cicloturismo de alforjas de hasta 35 por hora.
La etapa ha tenido su parte positiva en el recorrido, nuevos encuentros con pescadores y un desierto mucho mas inclemente, con zonas de nula vegetación, arenales interminables y calor sofocante. Aun asi, los sempiternos camellos indican que en algun sitio hay agua y pastores que se internan en este duro medio para hacerse cargo de estos animales, verdadero 4x4 del desierto.
Tambien he atravesado la entrada a la carretera de tierra que cruza dos provincias del Sahara hasta Bir Azarane y que no hace tanto, enlazaba con Mauritania y luego Tombuctu.
Lo negativo: Me robaron el movil en un pueblito llamado El-Buir, probablemente una cuadrilla de chavales marroquies que merodean en torno a las paradas de camiones, mendigando comida, un cigarro o haciendo pequeños trabajos relacionados con la pesca.
Me asombra la desubicacion de estos chavales marroquies, procedentes de los lugares mas diversos y que terminan en mitad del Sahara sin nada que hacer, en un medio que les es totalmente ajeno, pues suelen ser de grandes ciudades de lmas que son expulsados por sus problemas con la justicia o abandonan ellos mismos.
No les guardo especial rencor, aunque es un problemilla en cuanto a comunicarme, teniendo en cuenta que el Buir y Lacraa son los dos unicos telefonos disponibles en casi 200kms. Gracias al amable gasolinero de Lacraa que me presto su movil para anular el mio, por cierto. Para quienes me leeis y no lo sabeis, por eso no os llamo.
Finalmente dormida en Lacraa, pueblo de pescadores y lugar con cafeteria y estupenda cena.



 Sexta etapa: Lacraa-Playa Nfirit (78kms)

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Pescadores en Playa Ntirift

Arena y más arena. Una extensión interminable de desierto sin un solo pueblo.
Paso el día envuelto en el izam, pañuelo tradicional saharaui, para que la arena que viene racheada no me maltrate tanto la piel.
Tras un buen trecho unos pastores me indican lo que yo entiendo un oasis, aunque agua tengo en mi depósito y no espero sea potable sin tratar. Lo que si espero es encontrar un remanso de agua  con palmeritas, pero encuentro un par de humildes charcas con juncos alrededor. Objetivamente hay agua y rebaños de cabras y camellos que la aprovechan. No hay que ser tan peliculero, ni pensar que las cosas son como las imaginamos. Para las gentes del desierto esto es un tesoro, sin duda.
Glups! Se colgo el ordenador! Pero aqui sigo tras un rato y un te...
Me llama la atención la llegada a un punto que conserva su nombre en castellano, mezclado con árabe, pero sobre todo los campamentos de pescadores, malviviendo en condiciones infrahumanas en lo que en un principio he pensado era un campamento de refugiados.
La pesca es un recurso que genera muchos millones de euros, pero los pescadores no los disfrutan tanto por lo visto. Eso si, dinero para construir la cercana planta de procesado si que parece haber. Lo recordare la proxima vez que vea una conserva de pescado.

Visitante nocturno


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Como ya dije, en el Badia hay vida nocturna, pequeña, discreta, silenciosa.
Me parece estupendo, pero otra cosa es que pretendan viajar de gorra o comerse la comida de mi tienda.
Supongo que este jerbillo lo entenderia asi, cuando lo eche de mi tienda despues de que me despertara con sus patitas sobre mi pecho.
Menos mal que no era una serpiente.

miércoles, 4 de junio de 2014

2009 Sáhara en bicicleta (II)



Primera etapa: Laayoune-Tarouna (85kms)





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Probando la hospitalidad

Hay que sacar aprendizajes de cada etapa. El primero en esta ocasión, y bastante importante, es tener mucho ojo al internarse en la hammada (Desierto pedregoso, lo contrario del erg, desierto de dunas), sobre todo cuando eres un guiri y vas en bici.
Los caminos, por llamarlos de alguna manera, estan pensados para la pezuña del camello, los duros pies de los saharauis o los 4x4.
De lo contrario puede ser que termines metiendo la rueda en una trampa de arena y besando el suelo con alforjas y todo, como un servidor. Por fortuna sin mayores consecuencias. Se caer con mucha tranquilidad.
A la salida de Laayoune nuevo control y una vista a una pequeña zona de erg. Por lo demas una etapa con desvío a la playa de Foum-el-Oued, incluyendo un té gracias a la hospitalidad de Salem y Abdoul. Salem deja las cosas claras y la frase me sorprende: Abdoul es amigo, pero yo saharaui y el marroqui. Abrazos para los dos.
Disfruto de las primeras vistas del Atlántico desde el interior del desierto, rebaños de camellos, gente que te saluda y El-Marsa (puerto) de El Aaiún, dedicado a la explotacion de los generosos recursos pesqueros del Sahara y a la exportación de fosfatos.
El viento del océano sopla a mi favor de momento y me refresca. Aprovecho esta circunstancia para dormir unos kms mas alla de Tarouma, lugar de pescadores, pero sobre todo de pateras que ahora ya no salen de alli (en teoría, claro, no se lo van a contar a los turistas)  por lo que el pueblo se ha vaciado de habitantes y llenado de militares. El Estado Marroquí esta invirtiendo en la zona para explotarla turisticamente, pero de momento las obras parecen paradas.
Un negocio desaparece. Otro viene. Del viaje forzado por la pobreza al viaje de placer.

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Quien no ha pasado una noche solo en el desierto debería probarlo.
Los sentidos se agudizan. Se escuchan sonidos de la leve vida nocturna y se respira el leve aroma de las plantas crasas.
Se siente el agudo viento nocturno y el cielo tiene más estrellas de las que se pueden contar.
Si encima despiertas como en la foto. Qué más se puede pedir.
Fosfatos 
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Instalaciones de procesamiento de Fosfatos en el-Marsa

Seguro que más de uno de los que leaís esto habréis oído hablar de los tejemanejes en torno a los llamados diamantes de sangre o al Coltan, que provoca guerras terribles en varios paises de Africa.
El Sahara tambien tiene su propia historia oscura en torno a un mineral mucho mas humilde, pero que produce cuantiosos beneficios, sobre todo a la corona Alaui y que tambien cuesta vidas y conflictos.
Son los fosfatos, extraidos en las minas de Bou Craa, cerca de Smara, y transportados por 200kms de cinta transportadora hasta el puerto de El-Marsa.
Todo tipo de productos basicos precisan de este humilde mineral, desde detergentes a abonos. Un mineral que es uno de los motivos del actual estado de las cosas y de la inmensa fortuna personal de Mohamed VI.

Segunda etapa: Tarouna-Lamsied (83kms)

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Camellos cerca de Lamsied

El camino se hizo duro un buen rato hoy porque, tal y como me habían pronosticado, soplo el Ifirit, un viento que viene del interior del Badia (Desierto) y que aplatana a cualquiera.
Arribé a Lamsied, cuatro casas y una gasolinera, con la lengua a rastras pero contento tras una pequeña charla con una animada familia franco-uruguaya que seguian hacia el sur, a Mauritania.
Los coches y camiones saludan y alguno hasta para con la sana intencion de saber que se le ha perdido a este tio por estas soledades. Lo mas chocante del dia es el conato de algunos saharauis (que hablan castellano) por expresarse en Inglés cuando yo les respondia en castellano y me entendian perfectamente y si les respondia en inglés les parecia demasiado dificil. Que cosas.
Tuve que dormir en una sebja, especie de hoyo formado por las tempestuosas aguas estacionales y los rios que viven cortas primaveras en que se llenan para secarse en verano.

Primera etapa: Lamsied-Boujdour (47kms)

 

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Entrada a Boujdour. Pero como se puede ser tan hortera...

Parece que no soy el unico cicloturista en la ruta.
Hans y Michael vienen desde Gambia con sus bicis. Miles de kms, un recorrido increible. Me los cruzo cerca del puesto de control de Boujdour, a la entrada de la ciudad, donde me identifican por enésima vez. Menos mal que por lo menos son bastante amables.
Boujdour tiene un toque perezoso, algo colonial. Llena de militares y con alguna remembranza a lo que fue la colonia española, como el hotel en que me alojo, el hotel GOS, caserón colonial con muebles, moqueta y cortinas estilo inglés que realmente parecen fuera de lugar.
El agua que sale de los grifos es como salida de una charca, pero prometen mejorarla, o eso dicen los carteles de las obras.
Marruecos pretende hacer de la antigua Bojador de los españoles un atractivo turístico y bien podría serlo con su antiguo faro y sus terrazas indolentes donde cumplir el ritual del té.
Compro muchas provisiones. Nuevos encuentros con saharauis. Un té en el cafetín las Canarias y clases apresuradas de Hassaniya (Dialecto arábigo que usan los saharauis y los mauritanos). Sonrisas y apretones de manos.
Si hay algo para no perderse en ningún caso en esta ciudad, o más bien pueblo grande, es el mercado nocturno. Al atardecer empiezan a instalarse montones de puestos de ropa, fruta fresca, carne económica sobre todo de camello y ferreterías improvisadas en una esplanada.
Mauritanos, senegaleses, gambianos, bereber de diversas tribus... hasta personas de origen tuareg hacen sus compras y luego se pierden en el desierto.

300 kms a Dakhla

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La cifra impresiona.
Es más o menos lo que me queda sin poblaciones destacables por medio. Espero que el viento no me maltrate y los espíritus del desierto, que dicen pululan por aquí, me sean propicios.
Ishn Allah!

martes, 3 de junio de 2014

Junio 2009. Sáhara Occidental en bicicleta (I)

Historia triste de un desierto

La historia reciente del Sáhara Occidental es la historia de una injusticia. La cometida primero por el Estado Español, que primero colonizó una tierra durante años para explotarla en su propio beneficio, para luego abandonarla a su suerte.
Y es que el proceso de descolonización del Sáhara resulta vergonzante. Es la crónica de un abandono de todo un pueblo a su suerte, forzando un conflicto bélico y obligando al exilio a miles de personas en 1975, que aún hoy día siguen viviendo en los campamentos de Tindouf, en la zona más dura del desierto argelino, que podéis ver aquí.
Se estima que, en la actualidad, 165.000 saharauis permanecen exiliad@s, extranjeros en mitad de ninguna parte y sin poder volver a la que es su tierra. Miles de niños y jóvenes han nacido y sólo conocen la existencia del campamento de refugiados, excepción hecha de las temporadas de vacaciones que solidariamente les ofrecen personas en el Estado Español.

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Mientras tanto el gobierno marroquí mantiene la explotación de las minas de Fosfatos de Bou Kraa y otorga concesiones sobre unos bancos de pesca, cada vez más esquilmados, que no le pertenecen.
Al mismo tiempo persisten las denuncias sobre violaciones de los derechos humanos, que se agudizaron durante la llamada Intifada saharaui de 2005. Los pobladores saharauis que aún resisten en ciudades como Laayoune muchas veces sufren persecución política, detenciones arbitrarias y la mínima manifestación, por pacífica que sea, es reprimida.
Asimismo persiste la denuncia de otra lacra de esta zona como es la existencia del muro que separa la zona liberada por el Frente Polisario y la zona controlada por Marruecos. En esta zona hay, según informes de organismo oficiales  e independientes, al menos cinco millones de minas antipersona, prohibidas por la normativa internacional.
Ya lo dije otro día, viajar también es comprometerse, “mojarse”, no sólo mirar.


Plano de la zona amurallada


Marrakech en dos miradas

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En la Medina de Marrakech


Marrakech es una ciudad muy hermosa, aunque algunos de sus habitantes, con la costumbre de intentar venderte lo que sea y a ser posible por el triple de su precio, la pueden convertir a veces en un lugar un tanto hostil para el turista desprevenido.
También hay otra Marrakech, que encontré un poco de casualidad. La Marrakech opulenta de los clubs privados, las pistas de tenis y los restaurantes exclusivos. A un paso del tipismo de la Medina o la plaza Djema el Fnaa, pero no menos real.
Pero, puestos a quedarme con algunos rincones de esta ciudad, me quedo con un cafécito en una terraza de la Plaza Foucauld, con un paseo por alguno de sus parques o con su caotica combinacion de beduinos mezclados con oficinistas de traje y corbata. De mujeres enlutadas con jovencitas en vaqueros y con ese bullicio que solo descansa un poco a las ardientes horas del mediodia.
Y sigo mi lento camino. 14 horas de bus y un jueves de montar mi bici, conseguir provisiones y disponerme al largo camino hasta Dakhla, donde el Sàhara mira a Mauritania.

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Marrakech es rojo y anaranjado.
Y esa luz....


Todo en regla

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Pasaporte, papelote y bici
El gendarme que sube en la frontera terrestre de un pais que no existe (No olvidemos que el Sàhara no es un territorio independiente), cerca de Tarfaya, huele a pescado.
Una primera inspeccion de pasaporte para mi solito, haciendo perder tiempo al resto del bus que se lo toman con humor. Anota mi profesion y sonrie. De hecho parece estar de excelente humor.
A la llegada a Laayoune la cosa no es tan amable. Justo a la entrada espera el control milititar que identifica a todos los pasajeros y revisa el equipaje. Les gusta mi bici. Doy el papelito de "guiri" turista que viene a estas tierras a ver quién sabe qué. No se entretienen porque es la burocracia habitual. Me quedo mi copia y el conductor la suya, que debe entregar en el siguiente puesto.
Eso si, no sé qué han entendido porque anotan en mi profesion fontanero, tras un rato un tanto surrealista ayudado por el amable Ahnmadàn, saharaui residente en Madrid que viene de visita familiar, conseguimos resolver el entuerto.
Todo en regla. Por fin estoy en Laayoune (El Aaiún) tras la odisea autobusera.

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En Laayoune no solo hay atascos de coches

La mezcolanza de idiomas que habla la gente en Laayoune es mareante.
Esta ciudad es aparentemente normal, sin atractivos turisticos. Pero desde un primer momento te das cuenta que hay cosas que no cuadran, como por ejemplo los coches oficiales de la ONU recorriendo las calles, o que las patrullas policiales recorran la ciudad con las ventanas enrejadas permanentemente.
Cualquier amable vecino te para con la intencion de hablar un poco de castellano. Muchos hablan de esta tierra como Sahara, nunca como Marruecos, algo que, por supuesto, está prohibido.
La ciudad es un tanto destartalada, aunque Marruecos ha invertido en la restauracion de varias calles y avenidas. Hay pocos vehiculos, pese a lo cual el trafico en el centro es caótico.
De la colonizacion española es bien poco lo que queda. Canarias es el lugar donde todos quieren ir a trabajar. Piensan que se puede hacer dinero rapido con los turistas.
Mohamed toma un te conmigo. Su esposa es de Lanzarote, me cuenta, aunque de origen saharaui. Trabajo varios años con los camellos en Las Palmas, pero ahora eso ya no da mucho. Ahora tambien tiene camellos pero aqui.
Otro rato sigo. Me espera la cena y un rato de te indolente en algun cafetin.