miércoles, 30 de agosto de 2017

Remontando el río Leza y bajando el Cidacos

Hace cosa de un año se empezó a dar a conocer el término España vacía a raíz de un libro de Sergio del Molino sobre la despoblación. Esa tierra en retroceso es la que recorre mi propuesta cicloturista: la sierra de Camero Viejo en la Rioja, las Tierras Altas de Soria y el Alto Cidacos. Una tierra de paisaje agreste que se puede recorrer en bici unos pocos meses al año por lo duro de su clima, así que mejor aprovechar desde mitad de la primavera hasta comienzos del otoño.
Empecé desde Logroño, en plena ola de calor por desgracia, con una subida fácil hasta Villanueva de Iregua, territorio de adosados. Nada más tomar el desvío que nos llevará a Ribafrecha la carretera cambia y el tráfico disminuye progresivamente según nos adentramos en la sierra de Camero Viejo. El trayecto es tranquilo aunque la carretera no tiene arcén. La subida se irá haciendo más evidente y la perspectiva de las peñas de Iregua, Leza y Jubera se va acercando.
Mejor avisar: Desde Logroño hasta lo alto del viejo puerto de Piqueras son casi 70km de subida constante, salvo algún tramo de unos cientos de metros. Es bastante tendida, así que no es especialmente dura.




De camino mucho ganado, a veces en mitad mismo de la carretera. Tranquilidad, que las vacas no comen ciclistas, pero si vas en coche hay que ser muy cuidadoso.



Todo el recorrido lo acompaña el río Leza, a la izquierda de la carretera LR 250, que se encañona en tramos con paredes de decenas de metros verticales. Se pueden ver buitres y otras rapaces y hay una propuesta de caminata hasta Soto en Cameros desde un mirador.
Soto en Cameros tiene un precioso albergue y restaurante en una casona del XVIII que merece una visita aunque no nos quedemos a dormir: las huellas de Cameros.Último lugar donde comprar algo en 20kms, así que atentos. Además en Soto hay una estupenda piscina, en realidad una represa de agua del río Leza.



Por toda la carretera pude comprobar hasta que punto la sequía se había cebado en la comarca. El río baja a grandes tramos completamente seco y en los pueblos se ha emitido un bando limitando el uso del agua corriente a lo estrictamente doméstico.
Desayuno en Laguna de Cameros y desde allí comienza la subida hasta el Puerto de Sancho Leza, donde empieza el Parque Natural de Sierra Cebollera. La carretera se vuelve una sucesión de parches por varios kilómetros y se rodea de arbolado.



Desde lo alto del Collado de Sancho Leza se puede llegar a la provincia de Soria también, pero son 10kms remontando una pista forestal en bastante mal estado, así que opté por bajar hasta Venta de Piqueras por la N-111, un paraje muy tranquilo al lado de la carretera y desde allí coger el antiguo puerto de montaña, hoy casi abandonado, desde cuya cima sale una pista que lleva a Santa Cruz de Yanguas.
En este tramo como mucho encuentras otros ciclistas y algún motero disfrutando las curvas cerradas y el paisaje por lo que se discurre con total tranquilidad.
Hay que tomar la primera pista a la izquierda que sale directamente de la cima del puerto aunque no hay señalización de ningún tipo. Sirva de referente el propio indicador del puerto y un curioso pilar de los riojanos residentes en Chile.



La bajada es de infarto. Desde el punto más alto de la pista, a unos 1750ms de altura, bajamos hasta 1200m en poco más de 10km. Hay piedras sueltas, gravilla y conviene tomarlo con calma si se viaja con alforjas. El paisaje recompensa el esfuerzo y hay una fuente muy oportuna a mitad de camino.
Es una zona de explotación forestal por lo que me aseguraron que entre semana es posible encontrar maquinaria pesada. Gente y coches pocos o ninguno.




Con el calor del día me sentó bien el vermú en Santa Cruz de Yanguas, pequeño y bonito pueblo al pie mismo de la sierra. Luego viene un rosario de núcleos deshabitados o con un número mínimo de habitantes. Un dato: Villar del Río suma, con sus 14 pedanías, 172 habitantes censados.
Cereal, campos yermos, casas de piedra, iglesias semiderruidas y casi nulo paisaje humano.
Recomendable la parada en Villar para visitar su aula paleontológica y tomar algo. Total iba de bajada y tenía tiempo.




Desde allí un momento de llaneo y seguimos bajando hasta Yanguas, uno de los pueblos más bonitos de España según reza el cartel a su entrada. Puede que lo sea, o al menos es un cuidado pueblo de calles empedradas que merece el paseo.



Ya que estamos a orillas del Cidacos lo seguimos descendiendo para encontrarnos con uno de esos horrores de hormigón que pueblan tantos rincones de la península: la futura presa de Enciso.
Una mole de 100 metros de altura que represará el Cidacos, que por cierto baja seco a tramos y que como mucho lleva un caudal mínimo.
Una presa cuestionada y que es un despropósito ecológico sin una utilidad clara. Sobre todo en un río de tan escaso caudal. Según los datos prácticamente todo el caudal del río debería embalsarse para poder llenar el embalse.



Una breve subida nos proporcionará una vista privilegiada de las obras y desde allí de nuevo a bajar hasta Enciso, conocido por sus yacimientos de icnitas. Enciso también es un pueblo interesante y da paso a otro rosario de pequeños pueblos, además de estar al pie de otra sierra con gran número de despoblados.
En otro tiempo está fue una zona minera y de producción textil de la que ya no queda más que el recuerdo en forma de talleres y una pequeña vía verde, la de Préjano, que remonta el antiguo tren minero.

Desde Enciso la bajada a Arnedillo es por una carretera en la que hay tramos que requieren cierta precaución.
Y desde Arnedillo arranca la vía verde del Cidacos, un trayecto muy sencillo, totalmente señalizado y que recorren miles de personas al año y que me llevó hasta Calahorra.



El paisaje humano cambia. Los pueblos se hacen más grandes y eso se nota especialmente al llegar a Arnedo, Quel, Autol. De localidades de unas decenas de habitantes pasamos a pueblos de cierta entidad y con mucha actividad económica.
Fin de trayecto en Calahorra y vuelta a Zaragoza en el tren. Por cierto, desde una estación vacía, sin pantallas anunciadoras, ni taquilla, ni máquina expendedora. Y hablo de un lugar como Calahorra (24.000 habitantes) no de un pueblito perdido.
Una ruta para pensar un poco sobre la despoblación, las formas de vida tradicionales que desaparecen y un paisaje que merece la pena visitar.

Ficha de la ruta

Ruta por Cameros y Tierras Altas de Soria del 28 al 30 de julio de 2017. Total 150km
Bicicleta con alforjas, acampada por libre. 
Recomendable ropa de abrigo. 
Intransitable en invierno.

Primera etapa: Mapa Logroño-Cabezón de Cameros 42km 

Segunda etapa: Mapa Cabezón de Cameros-Puerto de Piquera
Mapa Puerto Piqueras-Arnedillo Total 83Km

Tercera etapa: Mapa Arnedillo-Calahorra 25km por vía verde

Tren Zaragoza-Logroño varios al día. Regional 15,30+3 euros por la bici
Tren Calahorra-Zaragoza varios al día Regional Express 10,45+3 euros por la bici
También hay buses de la compañía Jiménez a Logroño y Calahorra y posibilidad de empalmar fácilmente en Arnedo









jueves, 10 de agosto de 2017

Transporte público y bicicletas. Lento pero seguro.

En la actualidad, no hay que negarlo, llevar una bicicleta en transporte público interurbano se ha vuelto mucho más fácil. Ya no es tan habitual algo que tantas veces se denunciaba desde los colectivos ciclistas: malas caras, impedimentos o restricciones absurdas.
Años de reivindicaciones y una mayor sensibilidad de las empresas, que también han visto una oportunidad de negocio, han dado sus frutos y las transformaciones avanzan lento pero seguro.
En general el transporte en bus es sencillo y hay diversas, aunque no baratas, alternativas de paquetería. El ferrocarril pegó un salto de gigante con el cambio de normativa pero sigue sin ser fácil transportar una bici en algunos trenes, quedando a merced del personal que te toque en suerte en muchos casos. En las próximas líneas recorreré todas las posibilidades.
Hoy en día muchas compañías de transporte han visto el filón en el creciente número de ciclistas, que se concentra aún más en recorridos como el Camino de Santiago con sus bicigrinos (23.347 en 2016) o en zonas costeras.



Así pues todas las compañías de bus tienen ya su tarifa fijada y un número máximo de bicis por vehículo. Las tarifas van desde la gratuidad de una compañía como Therpasa, pasando por los 3 euros de Hife (gratis en Catalunya), los 5 euros de Jiménez o 10 de Alsa hasta los 19 euros del grupo Monbus. En algunas de las compañías se deja claro que se pueden transportar hasta tres bicis si se considera que hay espacio suficiente.
En general el criterio de empaquetado es bastante laxo. Suele bastar con desmontar la rueda delantera y proteger cadena y pedales. Eso sí hay compañías especialmente estrictas en el embalaje, caso de la citada Therpasa, y no siempre es fácil empaquetar una bici. Con que te exijan quitar los pedales (labor a veces difícil y para la que nadie viaja con la llave apropiada) ya te ponen en un aprieto considerable.
Para ello se pueden obtener bolsas en alguna estación, en el caso de Aragón solo en la Intermodal de Delicias en paquetería de autobuses. Si la necesitas te venderán una funda de tamaño considerable que recuerda vagamente a un saco de dormir. Paradoja: la bici sin embolsar molesta pero un envoltorio desproporcionado no. Aún así es de agradecer pues este servicio es una rareza a nivel estatal y solo se encuentra en unas pocas estaciones de las ciudades más grandes.
El tren es otra cosa y entramos en el terreno de la arbitrariedad. Sobre el papel se pueden transportar bicicletas en cualquier tren y la normativa de Renfe lo ampara, pero en la mayoría de los de larga distancia hay un inconveniente: no caben ni aún empaquetadas sin molestar al pasaje. Renfe cambió la ordenanza para permitir el transporte de bicicletas en todos sus trayectos, pero eso fue todo porque no se habilitó espacio en la mayoría de los convoyes para este tipo de equipajes, aún ciñéndonos a la medida especificada, una funda o caja de 120x90x40cm.


Sujetando la bici con el cinturón para discapacitados (y aún así va justa)


En la larga distancia tenemos un problema y es que el bulto de la bici desmontada y enfundada no entra en muchos portaequipajes, menos aún en las estrecheces del AVE. Depende a veces de “sentarla” en algún asiento vacío o encajarla en cualquier hueco, como puertas que no se vayan a utilizar. Invito a visitar páginas de cicloturismo para ver los diversos intentos de enfundar la bici para su transporte con mucha imaginación y diversa fortuna.
En el caso aragonés tenemos un amplio surtido de trenes vetustos de Media Distancia en que se pueden llevar las bicis montadas, pagando un suplemento de 3 euros si se hacen más de 100km. Otra cosa es que las condiciones sean óptimas, pues por un lado nos podemos encontrar con los diminutos tamagochis que atraviesan Aragón de Norte a Sur en los que solo hay un pequeño hueco, prioritario para discapacitados. También hay trenes que se suelen llenar en trayectos tan populares como Tudela-Zaragoza y es un inconveniente encajar pasaje y bicis.



Uno de los conocidos como tamagochi en la estación de Huesca


Así van las bicis en el popular canfranero

Pero tanto en el caso de buses como de trenes queda el inmenso anecdotario de quien, como el que escribe, lleva largo tiempo practicando el cicloturismo.
Situaciones referidas por los aguerridos cicloturistas las hay por cientos: desde trenes con puertas que no se abren, montar verdaderos puzzles de bicis en un espacio ínfimo, negar embarque en una estación sin dar ninguna alternativa o bicis que llegan con piezas de menos tras reiterados golpes en el maletero del bus. También están toda suerte de peculiares diatribas a propósito de los equipajes que pueden dañar las bicis. Aún poniendo por las nubes el precio de una maleta no parece que vaya a ser más cara que una bicicleta, por muy barata que ésta sea. Y un maletón de 20kg impactando contra los cambios, por ejemplo, puede amargar una excursión.


Zona inundada en un regional de Renfe. Mi bici en primer plano


Está asimismo la variedad de opiniones que se sienten autorizadas para asignar un espacio: taquilleros, revisores, guardas de seguridad y, por supuesto, pasajeros. Una cosa es la normativa y otra son los prejuicios.
También hay quien, visto el lío que puede ser mover tu ciclo, ha optado por alquilar una furgoneta para llevar varias bicis e ir uno mismo a destino. Puede salir rentable y desde luego más seguro cuando son varios cicloturistas vistos los precios de la paquetería.
Respecto a mandar la bici como un paquete todas las grandes compañías tienen ya servicios disponibles, aunque es una alternativa poco asequible que ronda entre los 40-50 euros. Compensa la fiabilidad de que tu bici tiene un seguro ante eventuales desperfectos. Además estas compañías suelen ofrecer recoger la bici en tu casa o alojamiento y alguna hasta te la embala, así te ahorras el engorro.
Por desgracia Correos no es la alternativa más barata ni la más cómoda, ya que solo puedes enviar la bici desde sus oficinas y ello si disponen del embalaje, pues solo aceptan el suyo. Ha habido quejas de falta de cajas incluso en localidades de lo que venden como su producto estrella: el Camino de Santiago.


Pedales desmontados y manillar girado para empaquetar




Este es el aspecto de un paquete de bici de Seur


Respecto a los aviones es todo un mundo. La horquilla suele variar entre la gratuidad de los vuelos intercontinentales con Iberia a los 70 euros por trayecto de Ryanair, pero las tarifas varían tanto y cambian tan rápido (lo que ahora escribo puede no ser válido al mes que viene) que sería muy aventurado arriesgar un criterio. Y un vuelo, con las muchas manipulaciones de la carga, es un riesgo mayor de daños de las partes más sensibles, así que mejor pensarlo dos veces y empaquetar bien nuestro valioso vehículo.
Queda además el extra de aquellas personas que quieren llevar un remolque infantil, que no deja de ser una sillita, para el que el asunto queda a la buena voluntad del conductor o revisor de turno. Aunque este tipo de remolques son habituales en muchos países europeos en el Estado Español aún no son muy comunes.



Un transportin infantil


Es mucho lo que se ha andado (o ciclado) queda labor por delante y muchos huecos a nivel normativo, pero parece que la lógica se impone y los hábitos de viaje más saludables, con una creciente presencia de cicloturistas, también.
No queda sino animar a pedalear y conocer mundo a un tiempo, sin prisas y sin humos.

miércoles, 26 de julio de 2017

Camino Santiago del Norte. Tramo gallego en cicloturismo de alforjas.

El Camino de Santiago Norte en su tramo final en Galicia es algo menos duro que tramos como el cántabro o alguna parte especialmente peliaguda del asturiano.
Muy bien señalizado es casi imposible perderse y hay varios recorridos alternativos más cortos, menos duros o que ofrecen mejor paisaje. También hay posibilidad de desviarse a carreteras secundarias bastante seguras y casi desiertas.
En total son unos 200km, partiendo desde Ribadeo, lo que nos permitirá obtener la Compostela una vez en Santiago, aunque hay que sellar al menos dos veces por día nuestra credencial de peregrino. Tres-cuatro días deben ser suficientes, sin matarse, para completar el trayecto aunque se transite todo el tiempo por el Camino, que alterna asfalto con pistas forestales y muy poco sendero al uso.



En mi caso venía desde Santander pedaleando en familia, lo que será objeto de otro post, por lo que la salida fue desde Ribadeo tras un breve descanso. Comencé en un día que amenazaba lluvia y todo el recorrido me acompañaría a veces con verdaderos aguaceros y otras con el típico orballo gallego, lluvia fina pero persistente y que igualmente cala. 
Fundamental ropa de abrigo y para la lluvia. En mi caso el tiempo fue muy frío pese a ser verano.



Primera etapa: Ribadeo-Mondoñedo 40km



La primera etapa, si se hace a pie, lleva hasta Lourenzá, pero no es un tramo especialmente duro, así que opté por seguir hasta Mondoñedo, unos 40km en total.
El comienzo de la subida de Lourenzá hacía Mondoñedo es imposible en bici, sobre todo si ha llovido por lo que es mejor cubrir el primer km por la carretera. 

Mondoñedo es un lugar que merece una visita. El centro de interpretación del Camino facilita información muy útil y el responsable está al tanto de condiciones de tránsito, actividades y cualquier eventualidad que surja. 
Por otro lado la catedral es muy notable y la villa es muy agradable para pasar un rato.
Esta catedral es el único monumento de cierta entidad que encontraremos. Esta parte del camino es más bien de iglesias humildes y de parajes naturales, unidos a una sensible despoblación, que invitan a la calma.




Segunda etapa: Mondoñedo-Baamonde 69Km 


Cuando se sale de Mondoñedo hay varias alternativas. Yo escogí la que sale de detrás del Albergue y que está marcada como Camino Complementario. 

Aquí el mapa con las dos alternativas saliendo de Mondoñedo




Esta alternativa nos lleva a una carretera secundaria y para la bici es ideal. Para caminar es víctima de un mal que se repite en todo el Camino Norte: demasiado asfalto.
Prácticamente sin tráfico, aunque también sin alojamiento, ni tan siquiera un bar en casi 13km, excepción hecha de un pequeño lugar a 3km de Mondoñedo.
Se llega a Abadín, cruce de caminos sin mucho interés y ya podemos afirmar que nos hallamos en lo que en Galicia se conoce como Terra Chá, Tierra Llana, que hace honor a su nombre. Se trata de un paraje muy cómodo para pedalear y con un paisaje que se resume en prados, vacas, algunas ovejas, ríos cristalinos y pocos humanos.




Llegué a Vilalba tras cruzar varios puentes en parajes idílicos y me sorprendió el horrible lugar elegido para ubicar el albergue de peregrinos en mitad de un polígono industrial. La localidad tiene de todo para abastecerse, comer o dormir.
A la salida de Villalba un tranquilo camino y nueva tromba de agua. Nada destacable más allá de una pequeña cuesta y, como una sopa, llegada al albergue de Baamonde. En muy buen estado y donde se puede limpiar la bicicleta con la manguera del jardín.
Un sitio curioso para visitar en Baamonde es la casa-museo del artista local Víctor Corral, además de la iglesia románica.




Tercera etapa: Baamonde-Boimorto 54Km


Mi tercer día amaneció con unos sorprendentes 7ºC. Recordar que era verano, aunque no lo parecía. La etapa que marcan diversas guías para hacer a pie personalmente me parece demencial. Son 41km e incluso en bici tiene tramos muy duros.
Una vez pasado Miraz y As Laxes nos espera un desolado tramo en que hay que llevar especial cuidado al rodar por la piedra que aflora y que resbala bastante.
Tramo muy malo cuando se alcanza el techo del recorrido en Corteporco totalmente al descubierto y con piso de piedra resbaladizo. Con lluvia, temperaturas bajas, viento perpetuo y sin árboles en varios km es mejor intentar pasarlo rápido, aunque en la aldea de Corteporco hay un pequeño lugar para tomar algo y resucitar.



Desde allí empieza la bajada hasta el concurrido monasterio de Sobrado dos Monxes. Inmenso recinto que conoció tiempos mejores y que ahora presenta muchas zonas un tanto descuidadas. Es un estupendo albergue pero en temporada alta se llena hasta los topes.
Yo seguí unos pocos kilómetros más hasta Boimorto.
El albergue de peregrinos de Boimorto es una pequeña joya. Prácticamente nuevo, impecable y casi sin usuarios. Está en un lugar especialmente tranquilo, junto a una pequeña laguna y tienen que venir a abrirte.






Cuarta etapa: Boimorto-Santiago 50Km


Salida de Boimorto y paseo por aldeas y bastante carretera hasta Arzúa donde termina el Camino del Norte y se junta con la verdadera marabunta que recorre el Camino Francés, la más habitual de las rutas santiagueras. Termina la señalización en mal estado y pasa a haber un establecimiento que vive del camino tras otro.



Me tocó emplear los frenos a fondo y esquivar cientos de caminantes. Tras pasar tantos días en las soledades del Camino Norte me resultaba hasta agresivo.
Imposible perderse aunque no hubiera señales. No hay más que seguir la riada de gente.
Esta zona del Camino es muy fácil, aunque hay que ser cuidadoso con la tierra suelta. Miles de pies han horadado el camino y si le añadimos el factor de la lluvia, hace que se formen numerosos agujeros en los que es fácil meter la rueda.
En tramos en los que el recorrido discurre junto a la carretera mejor tomar el asfalto y así no incordiamos a los caminantes.
En Santiago larga espera para obtener la Compostela. Hasta entonces no fui consciente de la cantidad de gente que lleva el Camino en estos últimos años: dos horas de espera y cientos de peregrinos.
Aún así ganas de volver y de encontrar nuevas vías en torno a una ruta tan trillada, pero a la vez tan divertida y siempre con algo novedoso.



Ficha técnica

Tramo gallego Camino Norte del Camino de Santiago 
del 26 al 30 Junio de 2017
Total 213 Km contando pequeños desvíos
Gastos incluyendo albergues y comidas: 67 euros
Retorno a Zaragoza:
Varios trenes sin bicis así que hay que ir a Ourense.
Bus directo por 68 euros, bici incluida, operado por Alsa/Rutas del Cantábrico, 2 viajes al día

domingo, 21 de mayo de 2017

Val de Zafán en cicloturismo y en familia

La Vía Verde Val de Zafán es un trayecto cicloturista que recorre parte de las provincias de Teruel y Tarragona por lo que fue el recorrido de un antiguo ferrocarril que comunicaba la Puebla de Híjar con Tortosa.
Aunque la intención original era prolongarlo hasta san Carles de la Rápita. La línea cerró en 1973 y, con los años, se reconvirtió en lo que es la actual vía verde de Val de Zafán-Baix Ebre.
Hemos recorrido esta vía en varias ocasiones, comprobando con tristeza como el tramo catalán no ha hecho más que mejorar a lo largo de los años. Mientras tanto la parte aragonesa, especialmente entre la Puebla de Híjar y Alcañiz no ha pasado de ser un pedregal infame, a menudo una simple pista agrícola, sin más infraestructura que los carteles que señalan la ruta y aún estos adolecen de mantenimiento en algunos tramos.




Aún así nos volvimos a animar el puente del 1 de Mayo.
Elegimos un mal fin de semana, dado que la climatología rara vez acompaña hasta llegar al Ebro y en este caso hizo frío del bueno. Aclarar que el viento viene en contra la mayor parte del año en muchas zonas y no es precisamente cálido, pues a menudo sopla desde los más de 2000 metros de la sierra turolense.
Hay quien hace la ruta de bajada en dos días y el tramo desde Alcañiz en solo uno, pero se antoja un tanto apresurado si se quiere disfrutar el recorrido.



En nuestro caso llevábamos un transportin con nuestra bebé, con lo que el peso añadido hacía que el pedaleo fuera más lento. Tras la experiencia parece recomendable prescindir del primer tramo, si se opta por la opción familiar, y empezar directamente en Alcañiz. La cantidad de pedruscos, algunos del tamaño de un puño, rodadas de tractor y la falta de toda infraestructura hasta llegar al pueblo de Puigmoreno, ya a un paso de Alcañiz, invita a ello.



De camino el paraje del Llano de Chumilla, zona de clima recio donde los haya y prácticamente despoblada. Junto a ella edificios del antiguo ferrocarril muy deteriorados y ni un alma, salvo algún rebaño y algún agricultor en su vehículo. Recomendable llevar buena provisión de agua y repuestos, pues en todo el tramo aragonés, excepción hecha de Alcañiz, no podrás conseguirlos.



Alcañiz es un buen lugar para reposar, aprovisionarse y, en nuestro caso, dormir.
Desde Alcañiz la cosa cambia, aunque aún queda un incómodo tramo cuesta arriba que se comparte esporádicamente con vehículos hasta Valdealgorfa.
Y en Valdealgorfa un descanso y abrigarse, pues nos espera el largo túnel de 3 km, sin iluminación, con firme irregular y mucha humedad. El recorrido hay quien lo encuentra estimulante y hay a quien le desasosiega. Hay una alternativa subiendo al pueblo y de allí tomando la carretera TE-711 dirección Valjunquera.



Y pasar el túnel supone encontrar una vía verde en excelente estado de conservación, con alguna leve subida pero que desde aquí empieza a descender hasta encontrarse con el Ebro y seguir, si se quiere, hasta el Delta.
La vía sigue pasando bastante alejada de cualquier pueblo hasta llegar a Bot, pero tiene varias paradas de fácil acceso en pueblos como Torre del Compte o Cretas. Por otro lado las vistas mejoran y mucho, con los puertos de Beceite al fondo y más arbolado. En nuestro caso, con el inesperado hallazgo de un pollo de cárabo, rapaz nocturna, caído del nido y que dejamos en el hotel de Torre del Compte que hay a pie de vía. Gracias por la colaboración a la amable propietaria.


Torre del Compte es un buen lugar para un descanso y el pueblo no está lejos de la vía.
Desde aquí la vía aún mejora más en el firme, hay una más que práctica fuente y la última subida hasta el precioso pueblo de Cretas. El olivo cede terreno al viñedo y los entendidos dicen que el vino de Cretas es realmente bueno.
En Cretas un buen albergue a pie de vía en el que conviene reservar con tiempo pues se queda pequeño muy a menudo.



Y ya todo bajada desde aquí. A un lado queda Lledó, última población aragonesa que bien merece una visita.
Ya en Cataluña la bajada se hace más pronunciada y merece una visita Horta de Sant Joan, privilegiada atalaya en la que es caro, muy caro alojarse, así que mejor buscar otro sitio donde pernoctar.


Eso sí, hay 10km hasta Bot, donde hay un bar con mucho encanto a pie de vía, pero el pueblo está bien para tomar un vermú. Podemos dar fe de ello.
Desde aquí, aunque ya nos habíamos encontrado con algún túnel, empieza el pasar un túnel tras otro en los que refresca lo suyo. También hay que llevar especial cuidado con otros ciclistas y caminantes. No todo el mundo tiene la misma pericia, muchos circulan sin reflectantes y no falta quien se bandea de un lado a otro del camino.


Buen lugar para una parada es la Fontcalda, donde, con buen tiempo, apetece hasta darse un baño. Desde aquí hay un eventual escape a Gandesa, desde donde hay buses tanto a Zaragoza como a Tortosa y Tarragona.


Parada entre tanto túnel en la antigua estación de Benifallet, llenita de domingueros y en la que es mejor reservar con tiempo si se quiere comer.
Túneles y más túneles (40 en total) y llegada al Ebro. El clima se suaviza y el paisaje cambia de nuevo a partir del histórico azud de Xerta.
Empiezan a aparecer los cítricos. Naranjos y un olor estupendo en primavera que llega hasta la vía ciclable.





En Xerta una estación muy bien reformada, fuente y un par de pastelerías de lo más interesante.
Desde allí y hasta Tortosa una sombra que se agradece y un Ebro que discurre a un paso de la ruta y que proporciona multitud de mosquitos a determinadas horas que es mejor evitar.



Se ha reformado la antaño fea llegada a Tortosa con una pasarela sobre el Ebro que ofrece una buena vista del casco histórico de la ciudad. Desde allí hay un paseo a la estación de bus y tren.



Vuelta a Zaragoza en el bus de Hife. Destacar la amabilidad del conductor que nos ayudó a cargar bicis y transportín. Las cosas van cambiando en el transporte público para bien, sobre todo por quien pone de su parte.
Y ganas de repetir una vez más, a ver si alguna autoridad ve la luz y se le ocurre mejorar el pedregal que es la mayor parte del tramo aragonés. En Cataluña lo han hecho y genera empleo y buena salud.


Ficha técnica
Val de Zafán, Terra Alta, Baix Ebre por vía verde y pequeños tramos de carretera
Distancia total recorrida: 155km (Todos los tramos de la Vía Verde más algún desvío)
Bicicletas: Orbea Travel y Aran, cubiertas Schwalbe Marathon Plus, alforjas Ortlieb, Norco y Bike bag.
Transportín Croozer 737
Billete tren a Puebla de Híjar, 8,10 euros.
Vuelta desde Tortosa/Zaragoza. Varias salidas al día con Hife 18,50 euros
Posibilidad vivac en algunas zonas de la ruta. 
Camping en Alcañiz, Arnes y Bot. Albergue ciclista en Cretas y Benifallet

Aquí el folleto en pdf de la parte catalana
Trayecto en Wikiloc Alcañiz-Tortosa


miércoles, 10 de mayo de 2017

Camino de Santiago aragonés. Pequeño gran desconocido

El turismo en Aragón se basa en modelos muy concretos y etiquetados: rural, religioso, de aventura y el monocultivo de la nieve, en el que se despilfarran millones.
Frente a las grandes cifras el Camino de Santiago por Aragón, en realidad uno de los ramales del llamado Camino Francés, también conocido como vía tolosana o de Arlés, pasa un poco desapercibido. Es una alternativa económica de conocer arte, paisaje, gentes y gastronomía que debería ser merecedora de mejor fortuna.


Aunque sí que cuenta con un apoyo decidido a nivel municipal en localidades como Jaca o Sangüesa/Zangoza una queja común cuando lo recorres es la falta de apoyo institucional. De instituciones que, por ejemplo, no dudan en querer inundar parte de este declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993 con el recrecimiento del pantano de Yesa.
Llegar al comienzo del trayecto ya puede ser una aventura. Una alternativa es el canfranero, ferrocarril que sigue empeñado en buscar su propia extinción a base de mantener en circulación los conocidos como tamagochis, automotores con su olorcillo a gasoil que tardan, con suerte, casi 4hs en cubrir los 160km que separan Zaragoza de Canfranc, cuya estación, por cierto, está a pie del Camino Jacobeo. También se puede llegar a lo que, realmente, es el punto 0 del camino en la península ibérica tomando el bus a la estación de esquí de Candanchú, pero te deja allí casi de noche.



Antes que nada, el clima. Por pura lógica, salvo titanes del trekking o el cicloturismo, los meses invernales quedan vedados para el recorrido. Además la cabecera del río Aragón y sus afluentes pirenaicos es una zona de especial pluviosidad.
El primer tramo del camino discurre por un hermoso paisaje de montaña, con pequeñas joyas como san Adrián de Sasabe. Bien señalizado pero con el inconveniente de que realmente no existen albergues de peregrinos, si no de propiedad privada, aunque muy bien equipados y en excelentes condiciones de conservación. Por comer y dormir, si se tiene buen bolsillo, no habrá problema pues abundan las instalaciones de la industria del esquí.


Ya en esta parte del recorrido se echa en falta una constante a lo largo de todo el camino: las alternativas ciclables. Miles de personas transitan los diferentes caminos a Santiago en bicicleta y son muchos los albergues con espacios específicos. Pero, por contra, son casi nulas las indicaciones en guías, mapas y oficinas de turismo para las vías por las que se puede pedalear y las que no.
Esto conduce a los ciclistas en más de una ocasión a situaciones comprometidas, como enfrentarse a largos tramos de escaleras o a senderos que serían complicados incluso en BTT, cargados con alforjas.


En Jaca un estupendo albergue de peregrinos que se queda pequeño en numerosas ocasiones, otra constante en todo el camino. Cuando toca sellar la credencial que acompaña al peregrino mejor pensar en hacerlo en la Oficina de Turismo, pues en la espectacular catedral medieval los horarios son más limitados.
Para los creyentes una paradoja: en una ruta que se hacía por fe serán muy pocas las iglesias donde puedan practicarla y menos aún en las que puedan sellar su credencial. Con apertura diaria estable sólo las jacetanas desde Somport hasta Zangoza, más de 100km. Lástima asimismo perderse algunas joyas artísticas por ello.
De camino restos del incendio forestal de Atarés antes de llegar a Esculabolsas y comprobar, gratamente, como en Santa Cilia se opta por la rotulación bilingüe en aragonés/castellano. Desde allí comienza una verdadera odisea por la despoblación que da una imagen fidedigna de una de las más terribles realidades aragonesas. Decenas de kilómetros sin un cajero automático (mejor llevar provisión de dinero), con cobertura deficiente o nula de móvil y, con frecuencia, sin una simple tienda donde aprovisionarse. 


La única opción desviarse del camino, en algunos casos una buena tirada.
Estupendo el Hospital de Peregrinos de Arrés, institución altruista llevada por voluntarios de Amigos del Camino de Santiago. Destacar que es de los pocos que se mantiene abierto todo el año.
Porque ese es otro de los problemas de la senda. Son pocos los albergues que abren de forma permanente. Especial mención al despoblado Ruesta, cedido al sindicato CGT, que resiste aún con trabas burocráticas tan absurdas como la que obligó a cerrar el camping por un recrecimiento que, aunque se llevara a cabo, no lo anegaría.



Y si hablamos de problemas el propio pantano de Yesa es uno de los mayores como ya he dicho. Por lo pronto porque inundó ya una parte del camino original y porque condiciona la vida de los escasos habitantes de la zona. Pero Yesa recrecido además inundará ermitas, necrópolis y villas romanas, además de parte del trazado del camino. El paso por Artieda, ejemplo de resistencia contra el pantano y lleno de pancartas y murales de Yesa No, nos recuerda la lucha contra el mismo.




Como también es una amenaza la posible construcción de la mina de potasas Muga. Una atrocidad que podría sembrar de montañas de sal la misma linde del camino y contra la que se ha movilizado la población de varios pueblos como Undués de Lerda, parada imprescindible de la ruta y último pueblo aragonés.



Desde Undués varios despoblados y el paso de la muga con Nafarroa que cambia la realidad. Nos encontramos con esa especie de peculiar resort turístico del orgullo navarro que es el Castillo de Javier. Una paradoja de este lugar es que, aunque de indudable raigambre histórica, lo que vemos ahora es una reconstrucción de poco más de un siglo de antigüedad
Y de aquí hasta el final del camino aragonés, ahora ya navarro, la cosa mejora en algunos aspectos. Hay más población y se nota, como también es palpable una mayor inversión del Gobierno Foral en la ruta jacobea.



Aún así es una zona donde los precios suben y los alojamientos son irregulares. Triste comprobar que algunos lugares, como el albergue de Izco, no abren hasta mayo y en octubre ya cierran, con lo que el tiempo se limita y el peregrino queda expuesto a la acampada libre o los precios más elevados de las casas rurales.
La ruta sigue hasta concluir en Puente la Reina de Navarra y lo primero que llama la atención es que la cantidad de peregrinos fácilmente se multiplica por diez. El camino que se inicia en Roncesvalles está mucho más transitado y promocionado. No olvidemos que en los últimos años la cifra de peregrinos ha crecido exponencialmente hasta llegar a los 278.041 del año 2016.
En este trayecto se ha generado toda una industria en torno a la peregrinación a Santiago que ha llegado a la caricatura hasta el punto de poder comprar en máquinas de vending tu propia concha de peregrino y que ha desvirtuado un poco la idea original al existir una planificada red que transporta las mochilas entre paradas.



Del recorrido aragonés destacable el entusiasmo no sólo de los que lo transitan, sino de muchas de las personas que trabajan en él. Es una fuente de creación de empleo constante, como lo ha sido a lo largo de los siglos, pero se agradece la colaboración de aquellas personas con las que te cruzas.
Para terminar, tomar partido. Animar a que, por el motivo que sea, te pongas a caminar o a pedalear a Santiago o hasta donde llegues. Seguro que te sentará bien.



Y no preocuparse demasiado por los grandes monumentos, que los hay y por cientos. Por ello quizá sus fotos no ilustran este artículo. Mirar los rincones, lo que ha ido haciendo la gente de a pie y lo que siguen haciendo quienes habitan a los lados del camino seguro que nos sirve de fuente de aprendizaje.