viernes, 23 de enero de 2015

El único turista de Nusaybin



Nusaybin está en Kurdistán.
Habrá quien diga que está en Turquía y, desde el punto de vista legal, no mentiría. Pero, con un 90% de población kurda, con el kurmanji como primera lengua de uso, aunque proscrita para la enseñanza, y una población turca compuesta por militares y funcionarios que se toman Kurdistán como un castigo hay que entender que la realidad es otra.
Todo territorio de frontera es complicado. Más aún cuando se está a un paso de una guerra y este es el caso, aunque de la guerra hablaré luego. Ya hablan de ella los medios, aunque ahora un poco menos. Los conflictos pasan de moda. Vienen otros a sustituirlos en el imaginario mediático y el de Siria no es una excepción.
Llegar a Nusaybin, nacida hace 2300 años como Antioquía de Migdonia, es fácil. Un minibús te comunica directamente desde la espectacular ciudad de Mardin, que se abre sobre la llanura de Mesopotamia. Tomando un té en la estación veo el valle del río Tigris, expoliado por los pantanos del estado turco para una atroz política de agricultura intensiva (Piénsalo cuando te fumes un Camel). A lo lejos, Siria. A dos horas en bus, la frontera iraquí, si estás lo bastante chalado como para intentarlo.
He quedado con Guner, un amable profesor de inglés que me acoge en su casa, dentro de la red de couchsurfing. Cuando me habla de la cercanía del conflicto no me imagino que lo sea tanto. Me alojo en un cuarto desde el que se aprecia perfectamente las alambradas que nos separan de Siria.



Frontera Nusaybin-Qamishli (Siria y Turquía)

Desde mi cama puedo escuchar como hablan a gritos familiares de un lado y otro de la frontera. En la vía un tren detenido. Nunca pudo llevar sus mercancías hasta la cercana estación de Alepo, vía Qamishli, hoy sombra arrasada de la magnífica ciudad que fue. 
 
Tren detenido en la frontera siria 
 
Hay rebaños en la tierra de nadie. Dado que las personas no pueden circular, bien pueden aprovechar el terreno las ovejas.
A plena luz del día, gente que salta la valla y son detenidos por los militares turcos. Los militares sirios hace tiempo que pasan de todo, sin saber muy bien en qué bando juegan y en qué momento lo hacen. La situación, con el paso de los meses y los años, no ha hecho sino agravarse. A fecha de hoy en los alrededores Nusaybin viven miles de refugiados revueltos con los habitantes tradicionales de la ciudad. La mayor parte de los comercios han cerrado y los refugiados se apiñan en las más diversas localizaciones.
 Detención de un refugiado sirio por militares turcos
Si eres un cristiano sirio un buen sitio puede ser la antigua universidad de Nísibis (nombre latín de la ciudad) donde se encuentra el sepulcro de san Jacobo de Nísibe. Una de las primeras universidades cristianas del mundo hoy alberga a varias familias que viven dentro del recinto. Este grupo cristiano, llamado de rito siríaco antioqueno, conserva aún ceremonias en arameo, un valor en sí mismo que corre el riesgo de desaparecer.



Imágenes Iglesia de san Efrén y sepulcro de san Jacobo de Nísibe
Las ruinas se mezclan con un cementerio musulmán y la iglesia está a escasos 50ms de la principal mezquita. A mí me sorprende, pero para mi improvisado guía es algo normal. La iglesia alberga varias criptas y mantiene velas encendidas de forma constante. Donde hay problemas también hay devoción, no falla.
También hay multitud de refugiados yazidíes en una localidad tolerante con todos los ritos religiosos, en contraste a la dura realidad que se desarrolla en los territorios controlados por el califato islámico, a unos pocos kms. La milenaria religión kurda tenía sus lugares más sagrados en lo que ahora es zona de guerra. Su simple práctica equivale a una sentencia de muerte.
 Pavo real, símbolo del culto yazidíe. El otro pavo es de Zaragoza
Darse un paseo por las excavaciones o simplemente mirar el paisaje es ver un pedacito de historia de una ciudad fronteriza por la que pasaron persas, romanos, asirios, las hordas de Mahoma, los cruzados o donde tuvo su cuna la herejía de los nestorianos.
En el centro de la ciudad una librería de indudable matiz reivindicativo recoge libros en las dos variedades lingüísticas kurdas. También hay un centro cultural kurdo, que hace las veces de templo yazidí, y varias teterías y restaurantes con frescos patios emparrados. Guner me asegura que el centro de la ciudad era especialmente animado, ahora parece adormecido.
A lo largo de la alambrada los niños recogen chatarra y todo aquello que pueda ser de utilidad. Los puestecillos pululan en un improvisado y caótico bazar. Los militares turcos, acantonados en la conflictiva Diyarbakir, caminan en grupos y miran con desconfianza. Cuando me reconocen como turista algunos saludan con el típico hello levantando la mano derecha. Con la izquierda sujetan el arma. Son unos críos. 
 
Recolectores de chatarra
¿Y qué piensan, sienten y sobre todo padecen los habitantes de Nusaybin? La sensación del pueblo kurdo es que llevan mucho tiempo sin tener ningún control de sus propios destinos. Daños colaterales (que término tan repulsivo) de guerras ajenas como la guerra de Irak o la de Siria.
Todo ello añadido al destino de un pueblo que ha tenido prohibida su propia lengua, su cultura y hasta sus nombres tradicionales, además de arrastrar un conflicto armado de décadas que ha traído miles de muertos. Ahora nuevas posibilidades se abren. Un discurso más progresista e integrador, sorprendentemente avanzado y que cuenta con la población femenina como sujeto activo.
Hablo de ello con Guner, decidido defensor de la educación pública y laica y también hablamos de la situación en el cercano de Irak. Hablamos por ejemplo de la permeable y surrealista frontera de Silopi-Zahko a la que puedes llegar con un simple taxi y cruzar pagando un visado absolutamente irregular al territorio ¿Kurdo? ¿Iraquí? Nadie sabe asignar muy bien una etiqueta. Ahora es territorio vetado, a no ser que quieras jugarte una decapitación mediática por parte del ISIS, que controla buena parte del Norte iraquí.

¡Toma ya! ¡Real Mardin, oeee, oeee!

Esta es zona de contrabando, de paso de mercancías irregulares y también de personas, algunas de ellas para unirse a una yihad enloquecida y fragmentada. Mi anfitrión y su amigo Musti me intentar explicar todos los bandos en que se dividen los diferentes conflictos en la zona y termino con dolor de cabeza.
Termino mis días dando una clase de inglés y contando algo de mi realidad local a un grupito de chavales y chavalas. Todos adoran el fútbol. Muchos son hinchas del equipo local, Real Mardin, aún me río cuando me acuerdo. Otra chica se confiesa fan de Green Day, a otro le encanta Eminem. Me despido con tristeza, otro minibús traqueteante me lleva a Dogubayazit, vía Silopi, en las faldas del Monte Ararat y frontera con Irán.Cuando dejé Nusaybin me sentía un poco extraño. Consciente de ser uno de los pocos turistas que se acercan por allí, aunque fuera un poco por casualidades, que son esas cosas que hacen mejor un viaje.

English teacher for one day
Tras la vuelta, tímidos contactos. Las cosas no van mejor. Guner busca voluntarios para hacer de lectores de inglés en la zona. Parece que sigue bien. Tendré que traducirle esto.
 Mis dos grandes guías kurdos en Nusaybin