Mostrando entradas con la etiqueta camino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta camino. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de agosto de 2018

Camino Santiago Norte. Tramo Santander-Unquera en cicloturismo familiar

El tiempo es relativo, más aún para quien se mueve en bici, sin prisas. No es solo cuando se llega sino como se llega. Así que un año de retraso tampoco es tanto para publicar esta crónica.
Si algo define al Camino de Santiago en verano es la saturación. Miles y miles de personas transitando sobre todo los últimos 100km en una riada interminable de gente en el Camino Francés.
Una buena idea es anticiparse a la oleada de julio y agosto, y ya de paso ahorrarse el calor. Y tampoco es mala idea optar por el Camino del Norte. Una alternativa que quizá no posee los espectaculares monumentos del Camino Francés pero sí unos escenarios naturales impresionantes y unas playas nada desdeñables.
Esto combinado con una afluencia que es la cuarta parte del Francés nos hizo optar por ella y, además, hacerlo en bicicleta de alforjas, incluyendo un transportín en el que iba nuestra hija de un año.


Puerto de Santander. Aunque no lo parezca, era verano.


El recorrido completo es largo y empinado, así que comenzamos en Santander, un punto intermedio de fácil acceso. La salida de la ciudad, eso sí, no es agradable por el exceso de tráfico, aunque se hace por un cómodo carril bici que nos lleva hasta una carretera horrible y muy transitada.
Lo peor, sin duda, del Camino Norte es el exceso de asfalto para la gente que va caminando, que se combina con sendas y pistas con unas tremendas cuestas imposibles de remontar montado en la bici, a no ser que se esté en una extraordinaria forma física y se lleven cubiertas de tacos de cierta calidad.
La primera etapa no nos gustó demasiado. Mucha, pero mucha carretera y una cuarentena de kilómetros para llegar hasta Requejada, con el albergue lleno, en plena noche y un trozo de césped junto a una carretera (otra vez carretera) donde plantamos la tienda.
Eso sí, de camino no faltaron algunos rincones bonitos y algunas estrecheces y cuestas también.
Sorprendente también el desconocimiento de la gente de la zona sobre el Camino: por dónde va su recorrido, alojamientos o albergues. Quizá da idea de que es un camino un tanto concebido sobre la marcha, sin el arraigo histórico del Camino Francés.




Etapa Santander-Requejada



El segundo día etapa muy corta que empezó con el trayecto junto a la impresionante planta química de Solvay. Luego cambia totalmente con una plácida y preciosa ruta hasta Cóbreces. La entrada a la comarca de Alfoz de Lloredo nos introduce en la Cantabria más verde, llena de arbolado y con el paso obligado por la preciosa san Martín de Cigüenza. Mejor disfrutar ese tramo, porque será de lo más hermoso y plácido en todo el recorrido.


En esa etapa la parada es obligada en Santillana del Mar. Localidad monumental de la que poco más hay que contar que lo que cuentan cientos de páginas escritas sobre la misma.
Inevitable perder unas horas recorriéndola, pasear por un pueblo muy acondicionado para el turismo pero igualmente hermoso.
Hay una oficina de turismo muy conveniente, pues facilitan mapas y sugerencias muy prácticas. Se echan de menos indicaciones específicas para bicicletas.



Santillana del Mar

Nuestra hija, Goya, cumplió un año en esta etapa y lo celebramos convenientemente



Etapa Requejada-Cóbreces



La salida al día siguiente nos acerca de nuevo a la costa y a un trayecto algo menos urbano. A la salida de Cóbreces y durante los primeros kms hay señales que pueden parecer contradictorias y hay que andar con tiento pues en bici te puedes saltar algunas.
Primero parada y café en Comillas y paseo por esta impresionante villa, aunque un tanto atestada de turismo pues ese día coincidía con una feria medieval. La entrada para las bicis puede ser delicada por el acceso compartido con los coches. Ojo al tráfico que atesta las entradas y salidas.


Capricho de Gaudí, Comillas

Por desgracia cuando hay que circular por carretera en el Camino Norte es una constante el escaso respeto de muchos conductores hacia ciclistas y  caminantes.
De Comillas a san Vicente de la Barquera es un cómodo paseo que nos deja en la playa a pasar las horas de más calor. De fondo el paisaje de los Picos de Europa nos acompañará unos días.
La salida de san Vicente nos lleva a una nueva cuesta que nos ofrece una vista única de la ría. Siempre se puede optar por tirar directamente por la carretera, pues, al fin y al cabo, nos conducirá al mismo punto: Unquera. Eso sí, la carretera no nos ofrece el paisaje que recorre las aldeas de Acebosa y Serdio.


¡Aúpa con el repecho!


EL tramo final hasta Unquera nos lleva además por una fea carretera bastante transitada a esta localidad sin demasiado interés aunque con un dulce típico, las corbatas, que podremos encontrar en diversos sabores y tamaños. No vinieron mal después del esfuerzo, eso sí, son para grandes golosos y adictos al azúcar.

Etapa Cóbreces-Unquera




Distancia total 101km
Pocas plazas en albergues. 
Albergues no oficiales en Cóbreces. Recomendable El Pino, a pie de carretera
Posible acampar junto a albergue de Requejada y camping en Santillana, Comillas y Parque Natural de Oyambre. Pocas posibilidades de acampar por libre.



miércoles, 26 de julio de 2017

Camino Santiago del Norte. Tramo gallego en cicloturismo de alforjas.

El Camino de Santiago Norte en su tramo final en Galicia es algo menos duro que tramos como el cántabro o alguna parte especialmente peliaguda del asturiano.
Muy bien señalizado es casi imposible perderse y hay varios recorridos alternativos más cortos, menos duros o que ofrecen mejor paisaje. También hay posibilidad de desviarse a carreteras secundarias bastante seguras y casi desiertas.
En total son unos 200km, partiendo desde Ribadeo, lo que nos permitirá obtener la Compostela una vez en Santiago, aunque hay que sellar al menos dos veces por día nuestra credencial de peregrino. Tres-cuatro días deben ser suficientes, sin matarse, para completar el trayecto aunque se transite todo el tiempo por el Camino, que alterna asfalto con pistas forestales y muy poco sendero al uso.



En mi caso venía desde Santander pedaleando en familia, lo que será objeto de otro post, por lo que la salida fue desde Ribadeo tras un breve descanso. Comencé en un día que amenazaba lluvia y todo el recorrido me acompañaría a veces con verdaderos aguaceros y otras con el típico orballo gallego, lluvia fina pero persistente y que igualmente cala. 
Fundamental ropa de abrigo y para la lluvia. En mi caso el tiempo fue muy frío pese a ser verano.



Primera etapa: Ribadeo-Mondoñedo 40km



La primera etapa, si se hace a pie, lleva hasta Lourenzá, pero no es un tramo especialmente duro, así que opté por seguir hasta Mondoñedo, unos 40km en total.
El comienzo de la subida de Lourenzá hacía Mondoñedo es imposible en bici, sobre todo si ha llovido por lo que es mejor cubrir el primer km por la carretera. 

Mondoñedo es un lugar que merece una visita. El centro de interpretación del Camino facilita información muy útil y el responsable está al tanto de condiciones de tránsito, actividades y cualquier eventualidad que surja. 
Por otro lado la catedral es muy notable y la villa es muy agradable para pasar un rato.
Esta catedral es el único monumento de cierta entidad que encontraremos. Esta parte del camino es más bien de iglesias humildes y de parajes naturales, unidos a una sensible despoblación, que invitan a la calma.




Segunda etapa: Mondoñedo-Baamonde 69Km 


Cuando se sale de Mondoñedo hay varias alternativas. Yo escogí la que sale de detrás del Albergue y que está marcada como Camino Complementario. 

Aquí el mapa con las dos alternativas saliendo de Mondoñedo




Esta alternativa nos lleva a una carretera secundaria y para la bici es ideal. Para caminar es víctima de un mal que se repite en todo el Camino Norte: demasiado asfalto.
Prácticamente sin tráfico, aunque también sin alojamiento, ni tan siquiera un bar en casi 13km, excepción hecha de un pequeño lugar a 3km de Mondoñedo.
Se llega a Abadín, cruce de caminos sin mucho interés y ya podemos afirmar que nos hallamos en lo que en Galicia se conoce como Terra Chá, Tierra Llana, que hace honor a su nombre. Se trata de un paraje muy cómodo para pedalear y con un paisaje que se resume en prados, vacas, algunas ovejas, ríos cristalinos y pocos humanos.




Llegué a Vilalba tras cruzar varios puentes en parajes idílicos y me sorprendió el horrible lugar elegido para ubicar el albergue de peregrinos en mitad de un polígono industrial. La localidad tiene de todo para abastecerse, comer o dormir.
A la salida de Villalba un tranquilo camino y nueva tromba de agua. Nada destacable más allá de una pequeña cuesta y, como una sopa, llegada al albergue de Baamonde. En muy buen estado y donde se puede limpiar la bicicleta con la manguera del jardín.
Un sitio curioso para visitar en Baamonde es la casa-museo del artista local Víctor Corral, además de la iglesia románica.




Tercera etapa: Baamonde-Boimorto 54Km


Mi tercer día amaneció con unos sorprendentes 7ºC. Recordar que era verano, aunque no lo parecía. La etapa que marcan diversas guías para hacer a pie personalmente me parece demencial. Son 41km e incluso en bici tiene tramos muy duros.
Una vez pasado Miraz y As Laxes nos espera un desolado tramo en que hay que llevar especial cuidado al rodar por la piedra que aflora y que resbala bastante.
Tramo muy malo cuando se alcanza el techo del recorrido en Corteporco totalmente al descubierto y con piso de piedra resbaladizo. Con lluvia, temperaturas bajas, viento perpetuo y sin árboles en varios km es mejor intentar pasarlo rápido, aunque en la aldea de Corteporco hay un pequeño lugar para tomar algo y resucitar.



Desde allí empieza la bajada hasta el concurrido monasterio de Sobrado dos Monxes. Inmenso recinto que conoció tiempos mejores y que ahora presenta muchas zonas un tanto descuidadas. Es un estupendo albergue pero en temporada alta se llena hasta los topes.
Yo seguí unos pocos kilómetros más hasta Boimorto.
El albergue de peregrinos de Boimorto es una pequeña joya. Prácticamente nuevo, impecable y casi sin usuarios. Está en un lugar especialmente tranquilo, junto a una pequeña laguna y tienen que venir a abrirte.






Cuarta etapa: Boimorto-Santiago 50Km


Salida de Boimorto y paseo por aldeas y bastante carretera hasta Arzúa donde termina el Camino del Norte y se junta con la verdadera marabunta que recorre el Camino Francés, la más habitual de las rutas santiagueras. Termina la señalización en mal estado y pasa a haber un establecimiento que vive del camino tras otro.



Me tocó emplear los frenos a fondo y esquivar cientos de caminantes. Tras pasar tantos días en las soledades del Camino Norte me resultaba hasta agresivo.
Imposible perderse aunque no hubiera señales. No hay más que seguir la riada de gente.
Esta zona del Camino es muy fácil, aunque hay que ser cuidadoso con la tierra suelta. Miles de pies han horadado el camino y si le añadimos el factor de la lluvia, hace que se formen numerosos agujeros en los que es fácil meter la rueda.
En tramos en los que el recorrido discurre junto a la carretera mejor tomar el asfalto y así no incordiamos a los caminantes.
En Santiago larga espera para obtener la Compostela. Hasta entonces no fui consciente de la cantidad de gente que lleva el Camino en estos últimos años: dos horas de espera y cientos de peregrinos.
Aún así ganas de volver y de encontrar nuevas vías en torno a una ruta tan trillada, pero a la vez tan divertida y siempre con algo novedoso.



Ficha técnica

Tramo gallego Camino Norte del Camino de Santiago 
del 26 al 30 Junio de 2017
Total 213 Km contando pequeños desvíos
Gastos incluyendo albergues y comidas: 67 euros
Retorno a Zaragoza:
Varios trenes sin bicis así que hay que ir a Ourense.
Bus directo por 68 euros, bici incluida, operado por Alsa/Rutas del Cantábrico, 2 viajes al día

miércoles, 10 de mayo de 2017

Camino de Santiago aragonés. Pequeño gran desconocido

El turismo en Aragón se basa en modelos muy concretos y etiquetados: rural, religioso, de aventura y el monocultivo de la nieve, en el que se despilfarran millones.
Frente a las grandes cifras el Camino de Santiago por Aragón, en realidad uno de los ramales del llamado Camino Francés, también conocido como vía tolosana o de Arlés, pasa un poco desapercibido. Es una alternativa económica de conocer arte, paisaje, gentes y gastronomía que debería ser merecedora de mejor fortuna.


Aunque sí que cuenta con un apoyo decidido a nivel municipal en localidades como Jaca o Sangüesa/Zangoza una queja común cuando lo recorres es la falta de apoyo institucional. De instituciones que, por ejemplo, no dudan en querer inundar parte de este declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993 con el recrecimiento del pantano de Yesa.
Llegar al comienzo del trayecto ya puede ser una aventura. Una alternativa es el canfranero, ferrocarril que sigue empeñado en buscar su propia extinción a base de mantener en circulación los conocidos como tamagochis, automotores con su olorcillo a gasoil que tardan, con suerte, casi 4hs en cubrir los 160km que separan Zaragoza de Canfranc, cuya estación, por cierto, está a pie del Camino Jacobeo. También se puede llegar a lo que, realmente, es el punto 0 del camino en la península ibérica tomando el bus a la estación de esquí de Candanchú, pero te deja allí casi de noche.



Antes que nada, el clima. Por pura lógica, salvo titanes del trekking o el cicloturismo, los meses invernales quedan vedados para el recorrido. Además la cabecera del río Aragón y sus afluentes pirenaicos es una zona de especial pluviosidad.
El primer tramo del camino discurre por un hermoso paisaje de montaña, con pequeñas joyas como san Adrián de Sasabe. Bien señalizado pero con el inconveniente de que realmente no existen albergues de peregrinos, si no de propiedad privada, aunque muy bien equipados y en excelentes condiciones de conservación. Por comer y dormir, si se tiene buen bolsillo, no habrá problema pues abundan las instalaciones de la industria del esquí.


Ya en esta parte del recorrido se echa en falta una constante a lo largo de todo el camino: las alternativas ciclables. Miles de personas transitan los diferentes caminos a Santiago en bicicleta y son muchos los albergues con espacios específicos. Pero, por contra, son casi nulas las indicaciones en guías, mapas y oficinas de turismo para las vías por las que se puede pedalear y las que no.
Esto conduce a los ciclistas en más de una ocasión a situaciones comprometidas, como enfrentarse a largos tramos de escaleras o a senderos que serían complicados incluso en BTT, cargados con alforjas.


En Jaca un estupendo albergue de peregrinos que se queda pequeño en numerosas ocasiones, otra constante en todo el camino. Cuando toca sellar la credencial que acompaña al peregrino mejor pensar en hacerlo en la Oficina de Turismo, pues en la espectacular catedral medieval los horarios son más limitados.
Para los creyentes una paradoja: en una ruta que se hacía por fe serán muy pocas las iglesias donde puedan practicarla y menos aún en las que puedan sellar su credencial. Con apertura diaria estable sólo las jacetanas desde Somport hasta Zangoza, más de 100km. Lástima asimismo perderse algunas joyas artísticas por ello.
De camino restos del incendio forestal de Atarés antes de llegar a Esculabolsas y comprobar, gratamente, como en Santa Cilia se opta por la rotulación bilingüe en aragonés/castellano. Desde allí comienza una verdadera odisea por la despoblación que da una imagen fidedigna de una de las más terribles realidades aragonesas. Decenas de kilómetros sin un cajero automático (mejor llevar provisión de dinero), con cobertura deficiente o nula de móvil y, con frecuencia, sin una simple tienda donde aprovisionarse. 


La única opción desviarse del camino, en algunos casos una buena tirada.
Estupendo el Hospital de Peregrinos de Arrés, institución altruista llevada por voluntarios de Amigos del Camino de Santiago. Destacar que es de los pocos que se mantiene abierto todo el año.
Porque ese es otro de los problemas de la senda. Son pocos los albergues que abren de forma permanente. Especial mención al despoblado Ruesta, cedido al sindicato CGT, que resiste aún con trabas burocráticas tan absurdas como la que obligó a cerrar el camping por un recrecimiento que, aunque se llevara a cabo, no lo anegaría.



Y si hablamos de problemas el propio pantano de Yesa es uno de los mayores como ya he dicho. Por lo pronto porque inundó ya una parte del camino original y porque condiciona la vida de los escasos habitantes de la zona. Pero Yesa recrecido además inundará ermitas, necrópolis y villas romanas, además de parte del trazado del camino. El paso por Artieda, ejemplo de resistencia contra el pantano y lleno de pancartas y murales de Yesa No, nos recuerda la lucha contra el mismo.




Como también es una amenaza la posible construcción de la mina de potasas Muga. Una atrocidad que podría sembrar de montañas de sal la misma linde del camino y contra la que se ha movilizado la población de varios pueblos como Undués de Lerda, parada imprescindible de la ruta y último pueblo aragonés.



Desde Undués varios despoblados y el paso de la muga con Nafarroa que cambia la realidad. Nos encontramos con esa especie de peculiar resort turístico del orgullo navarro que es el Castillo de Javier. Una paradoja de este lugar es que, aunque de indudable raigambre histórica, lo que vemos ahora es una reconstrucción de poco más de un siglo de antigüedad
Y de aquí hasta el final del camino aragonés, ahora ya navarro, la cosa mejora en algunos aspectos. Hay más población y se nota, como también es palpable una mayor inversión del Gobierno Foral en la ruta jacobea.



Aún así es una zona donde los precios suben y los alojamientos son irregulares. Triste comprobar que algunos lugares, como el albergue de Izco, no abren hasta mayo y en octubre ya cierran, con lo que el tiempo se limita y el peregrino queda expuesto a la acampada libre o los precios más elevados de las casas rurales.
La ruta sigue hasta concluir en Puente la Reina de Navarra y lo primero que llama la atención es que la cantidad de peregrinos fácilmente se multiplica por diez. El camino que se inicia en Roncesvalles está mucho más transitado y promocionado. No olvidemos que en los últimos años la cifra de peregrinos ha crecido exponencialmente hasta llegar a los 278.041 del año 2016.
En este trayecto se ha generado toda una industria en torno a la peregrinación a Santiago que ha llegado a la caricatura hasta el punto de poder comprar en máquinas de vending tu propia concha de peregrino y que ha desvirtuado un poco la idea original al existir una planificada red que transporta las mochilas entre paradas.



Del recorrido aragonés destacable el entusiasmo no sólo de los que lo transitan, sino de muchas de las personas que trabajan en él. Es una fuente de creación de empleo constante, como lo ha sido a lo largo de los siglos, pero se agradece la colaboración de aquellas personas con las que te cruzas.
Para terminar, tomar partido. Animar a que, por el motivo que sea, te pongas a caminar o a pedalear a Santiago o hasta donde llegues. Seguro que te sentará bien.



Y no preocuparse demasiado por los grandes monumentos, que los hay y por cientos. Por ello quizá sus fotos no ilustran este artículo. Mirar los rincones, lo que ha ido haciendo la gente de a pie y lo que siguen haciendo quienes habitan a los lados del camino seguro que nos sirve de fuente de aprendizaje.



viernes, 21 de abril de 2017

De Fisterra a Muxía. Un extra del Camino de Santiago, bebé incluida

En el sentido estricto del Camino de Santiago la ruta costera que discurre de Fisterra a Muxía no parece tener mucho que ver con la ruta original.
Aunque la leyenda sitúa la llegada del cuerpo de Santiago para ser enterrado hasta el final de la tierra, Finisterrae, en gallego Fisterra, la ruta costera no deja de ser un interesante trekking de paisajes que van del sempiterno pino gallego a una costa atlántica de mar embravecido.
Para empezar, si no se llega a pie a Fisterra, prolongación natural de la Ruta Jacobea, conviene tomar el autobús correcto. De Santiago a Fisterra hay 80km pero el trayecto puede llegar a desesperar pues toma tres horas hacerlo. Mejor tomarlo como una excursión con vistas.



En Fisterra encontramos cama y, casi acto seguido, nos cayó una tromba de agua como no habíamos conocido en todo el Camino de Santiago. Nos consolamos con un poco de gastronomía local y albariño.
Fisterra es una localidad por encima de todo pesquera, lo que justifica una parada gastronómica.
Tiene su lonja, su paseo que termina en un pequeño bastión reconvertido en museo de la pesca y unas cuantas callejuelas estrechas que aún conservan alguna casa tradicional, aunque la mayor parte del pueblo se reformó en los 60-70.
Aunque sin duda el plato fuerte de Fisterra es animarse a llegar hasta lo que, en otro tiempo, fue el fin del mundo. En un cabo apartado, junto a un faro y con unas estupendas vistas sobre el Océano se encuentra el km 0. Allí, a falta de mejor ofrenda, dejé un pimiento de Padrón que llevaba en el bolsillo y un saludo de nuestra pequeña familia que se disponía a volver a caminar.



Este punto es patrimonio europeo y en su entorno hay muestras de cultos tanto ancestrales como cristianos. Eso sí, tampoco hay tanto que ver, sobre todo pudiendo acercarse a alguna de las impresionantes playas cercanas, como la de Mar de Fora.
Y ya que estamos allí, se puede empezar a caminar, aunque en nuestro caso un amable paisano nos acercó en coche hasta el comienzo de la andada a Muxía.



A estas alturas del Camino se plantea hacer la ruta, de unos 30km, en un día. El terreno pedregoso y la subida al llamado Facho de Lourido, 9km de subida constante, aconseja tomarlo con calma y dedicar dos días a la caminata.


Así hicimos con nuestra bebé, que había cumplido tres meses en el camino, pernoctando en Lires, casi en la mitad exacta del recorrido y único punto intermedio donde sellar la credencial.
El camino empieza entre urbanizaciones pero enseguida se interna en pequeñas aldeas y el paisaje se vuelve muy gallego.
Cambian los hórreos, que en esta zona son completamente de piedra y la afluencia turística baja en picado. Si en todo el Camino lo normal es ir viendo un peregrino tras otro ahora puede pasar largo rato sin encontrar un sólo caminante.


Si lo que te planteas es hacerlo en bicicleta (alguno encontramos) hay que aclarar que necesitarás rueda con buenos tacos y mejor forma física. El recorrido relativamente cómodo de casi toda Galicia se convierte aquí en, mayormente, abruptas pistas forestales que se encharcan con mucha facilidad.
Atención al agua, hay largos tramos de camino sin una fuente. Tampoco hay apenas ningún bar, tienda o albergue, así que hay que ser previsor.
Las localidades con las que se cruza el recorrido no tienen grandes atractivos, son mayormente pequeñas aldeas con iglesias humildes (y cerradas) entre las que destaca Morquintián y Lires, donde se hallan casi todos los alojamientos del camino.
Por contra los espacios naturales y las vistas sobre el Atlántico, que se escucha en buena parte de la caminata, son muy recomendables y transmiten una sensación de paz y soledad muy reconfortante.
En cuanto a alojarse, volviendo a las poblaciones, Lires tiene varias posibilidades, aunque la que personalmente recomendamos es Casa Luz, un caserón de más de 200 años reconvertido con mucho gusto y por un precio razonable. También está el único restaurante en largo trecho, con unas raciones casi interminables, así que mejor aprovechar.
En todo el camino mucho ganado y mucha explotación maderera. Pinos y más pinos y de vez en cuando los dichosos eucaliptos.
De las playas poco probamos. Lo cierto es que hay oferta como para perderse y disfrutar de costa para ti solito. El inconveniente: agua fría, mareas fuertes y olas traicioneras en algunos casos. Muchas zonas son impracticables para el baño.
Aún así la industria del ladrillo ha alcanzado a la zona y eso incluye alguna urbanización horrenda y un complejo hotelero a la entrada de Muxía.
Una vez en Muxía es inevitable conversar sobre la catástrofe del Prestige en 2003. A día de hoy aún aparecen pequeñas manchas de chapapote del petrolero hundido frente a la Costa da Morte.



Pero Muxía es mucho más. Es ante todo villa pesquera y de ello vive su población. Pero también está avanzando el turismo con una activa concejalía que se inventó la muxiana, documento que, en honor a la Virgen de Barca, perdona los pecados.
La leyenda de la Virgen de la Barca dice que se le apareció flotando en una barca de piedra nada menos, a Santiago que pasaba por allí (pero cuanto se movió este hombre) para infundirle ánimos.
Y terminar la peregrinación en el santuario de la Virgen, frente a un espectacular rompeolas, es una buena idea. Será milagro (quizá de la Virgen) encontrar buen tiempo, nosotros no lo tuvimos.



Una vez allí toca cumplir con un ritual que parece más pagano que otra cosa, pasando nueve veces por debajo de la piedra os Cadrís, que cura los males de espalda y luego subirse a la piedra de abalar, que tiene propiedades adivinatorias. Mi pareja e hija se limitaron a mirar.



Yo lo hice, no adiviné nada y me dolieron los riñones de pasar por el angosto espacio bajo el pedrusco. También eché mi deseo al mar pero llegar allí ya era un deseo cumplido.
Ya en el pueblo bien está probar las xoubas (sardinillas) y otra especialidad de la zona: el congrio seco.
Sellamos la credencial y obtuvimos la muxiana. Nuestra hija, Goya, fue la peregrina más joven que la conseguía hasta el momento, a sus tiernos tres meses de edad.



Sin ganas de volver tuvimos que hacerlo. Galicia engancha, el Camino de Santiago también y siempre se vuelve de una u otra manera. Son tantas las rutas por las que discurre.
Frente al Atlántico de una u otra manera te reafirmas en la promesa de volver y así lo haremos.

lunes, 3 de abril de 2017

Una peregrina de menos de tres meses en la Ruta Jacobea


Goya nació en junio de 2016. Con ella empezó un viaje que nos sobrevivirá y que pasa por ser la mayor de mis aventuras.
Los papás, pero sobre todo las mamás, caminan mucho. Caminar es lo que más hace una madre con una criatura que va creciendo y pesando más, durante meses y años.
Por otro lado el vínculo paterno cuesta más, es más tiempo el que se necesita pues la gran teta, la necesidad de mamar del bebé, lo domina todo en los primeros tiempos de vida.


Así pues no nos pareció mala idea coger los bártulos y plantearnos hacer lo que más se hace con un bebé, caminar y cargarlo, pero con un destino: Santiago.
Allí que nos fuimos, Paloma, Goya y yo, a tan turístico y masificado recorrido, pero en una época más suave que el duro verano, en septiembre, ya terminando la estación.
Aclarar que, viendo que el Camino entero se nos hacía inviable, cosa de las vacaciones, optamos por el tramo gallego partiendo de Sarria, donde llega el cómodo tren nocturno que sale desde Zaragoza. Es la distancia mínima que se requiere para obtener la Compostela, poco más de 100km.
Si se quiere llegar a Galicia desde Zaragoza el TrenHotel 00922 es totalmente recomendable como medio de transporte. Tiene una ventaja añadida y es que también se pueden transportar bicicletas en el coche cama y te pones en Sarria a primera hora de la mañana, ideal para arrancar tras un buen desayuno.
Fue casi el único día en que veríamos la lluvia, algo insólito en Galicia, como insólito ha sido todo este otoño e invierno, secos como no se recordaba en años.
Para caminar con un bebé en el Camino el llevar un carrito se nos antojaba labor titánica, aunque no falta quien lo haya hecho. Mucho más práctico, habida cuenta de que nuestra hija tenía dos meses y medio en aquel momento y era un ser muy delicado, llevarla pegada al cuerpo en una mochila. La senda está pensada para hacerse a pie y, de hecho, en todo el recorrido se aclaran los tramos que no son ciclables, como para pensar en hacerlos con un cochecito.



Desde el primer momento te das cuenta de lo que ya te habían contado: el camino se ha convertido en un destino turístico de primer orden. En el recorrido se puede escuchar hablar más inglés o alemán que gallego y esa afluencia "guiri" ha repercutido en lo que eran unos precios más que modestos hace unos años, cuando Paloma empezó este camino.
Unos datos. En 1990 hubo apenas 5000 peregrinos. En 2016 la cifra oficial fue de 278.041 de los que 150.000 eran internacionales. La ruta jacobea ha sido protagonista en películas, como la infumable The Way de Emilio Estévez. Fue recomendada como antidepresivo por un humorista alemán y hasta escenario para un reality coreano. Esto ha disparado el número de peregrinos exponencialmente y son de lo más variopintos los motivos para peregrinar, aunque esta caminata tenga más que ver con un trekking que con el concepto de peregrinaje religioso.

El camino desde Sarria empieza fácil. Soutos galegos, castaños y carballos que nos acompañarán todo el camino y un clima en general benigno. Por nuestra parte recomendamos no seguir a pies juntillas las etapas que recomiendan las diversas guías, especialmente si se va cargado con una bebé extra, y parar cuando realmente se necesite. Eso sí, ello obliga a cargar con todas las pertenencias y no a enviarlas mediante empresas, una práctica muy extendida entre los peregrinos.
El camino desciende al valle a orillas del Miño y cruza el pueblo nuevo de Portomarín, movido tras anegar la preciosa villa medieval el embalse franquista de Belesar. Tras ello empezará el continuo sube-baja que nos acompañará hasta Santiago. No hay grandes cotas en altura, pero sí algunas subidas molestas.


La cuestión de dormir cuando se va con niñas de corta edad restringe los lugares. Una habitación común puede ser un incordio para los demás durmientes y nada cómoda para la mamá sobre todo.
Así pues hay que buscar los albergues que tienen alguna habitación para discapacitados que no se use o bien tirar de habitaciones individuales y pensiones que, por desgracia, suelen tener precios a veces abusivos para lo que ofrecen. Pernoctar al raso no es una opción, aunque muchos peregrinos tienen que hacerlo en temporada alta.
En el top de los albergues señalar el reconvertido pajar de Mercadoiro por su encanto y por instalaciones el Albergue Pereiro en Melide.
Sigue el camino atravesando Galicia y la conversación con los gallegos habla de un mal repetido y que de sobra conocemos en Aragón: la despoblación. Galicia languidece en localidades cada vez más envejecidas y los recursos tradicionales como la ganadería o la explotación maderera dan para mantener a muy pocos.




Al mismo tiempo lo más interesante que uno encuentra en la caminata son las pequeñas aldeas. Furelos, Ribadiso o Astrar son lugares que cuesta encontrar en un mapa, pero, al mismo tiempo, prados y casitas de piedra desde las que ver pasar el tiempo... o las vacas.
Van apareciendo los hórreos, algunos de ellos espectaculares e incluso catalogados. Por desgracia su función agrícola tradicional, nos cuenta un paisano, ha pasado a decorativa.
En la parte gallega de la ruta, hasta llegar a Santiago, no hay grandes iglesias ni catedrales espectaculares, pero sí pequeños templos, muchos cerrados, generalmente de origen románico o gótico. Algunos monasterios y los pazos de la baja nobleza que luego han terminado en manos de la gente con posibles.




Conforme fuimos avanzando nos encontramos con la curiosidad natural que hacía que en alguno de los lugares donde se sella la credencial del peregrino ya esperaban a la bebé de Zaragoza. También hubo detalles simpáticos, como los regalitos que Goya recibió: una flecha de peregrino, una medallita de María Magdalena o un banderín de Puerto Rico.
Cuanto más se acerca el camino al destino final da la sensación de que más personas viven de la ruta en sí. Esa sensación me asaltó en pueblos como Arzua y conforme aumentaban los puestos de souvenirs. A falta de una economía más sólida el fluir de caminantes puede ser un estupendo negocio.
También, sin darse uno apenas cuenta hacen su aparición, por miles, los eucaliptos. Son inmensos, pues crecen rápido y, aunque han desplazado a los tradicionales robles gallegos, hay que reconocer que proporcionan un intenso aroma y son muy estéticos, con sus capas de corteza de colores variados.
Y a lo largo de toda la ruta nos permitimos unas cuantas experiencias gastronómicas. Galicia es tierra de temporadas. En invierno y comienzo de la primavera pote y grelos, comida fuerte y calurosa. Pescado para todo el año y pulpo en todas partes. Septiembre es un mes para el pimiento de padrón. Y siempre vino de ribeiro, albariño y algunas cervezas artesanas de nuevo cuño.








Terminando casi Santiago nos recibe con el Monte do Gozo y su monumento estrambótico donde rezó Juan Pablo II. Barriadas de cemento, el aeropuerto y carreteras hacen que la llegada no sea especialmente bonita. La ilusión amortigua esa fealdad y el casco histórico de la ciudad compensa de sobra.





Por otro lado Santiago es una ciudad activa y moderna. Hay que aprovechar su oferta cultural además de cumplir con el abrazo al santo o visitar sus monumentos. También es un buen punto para acercarse a todo Galicia, especialmente a la Costa da Morte como hicimos, aunque eso dará para otra historia.
Y, terminando, ya se habrá dado cuenta el lector que esto no es una guía de viaje. Tampoco es la intención, pues la idea del peregrinaje, del movimiento, incluso de una cierta espiritualidad es lo que convierte una experiencia tan trillada en algo muy personal, con la ilusión de único. Paloma terminó una ruta empezada nada menos que 15 años atrás. Mi experiencia fue un primer acercamiento. A Goya se lo contaremos más adelante.
Merece la pena recorrer la Ruta Jacobea, no importa si es sólo, acompañado o con una vida que recién empieza y camina contigo.