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sábado, 18 de noviembre de 2023

Jordania o las jordanias

Cuando te planteas un viaje turístico sueles plantear el país como un pack, un todo simplificado basado en cuatro postales (highlights que dicen los gringos) sin plantearte a menudo si detrás de los tópicos hay algo más. Si esperas una lista de sitios a visitar puedes dejar de leer.

Hacer el viaje en bicicleta, como suele ser mi caso, ayuda a entender un poquito más y el ritmo lento, a digerir mejor el país. 


Este ha sido el caso de mi reciente viaje a Jordania, 800 kilómetros de pedales y reaprender un país que ya había visitado y que va más allá de Petra, la agobiante Amán, las joyas romanas de Jerash o el paisaje de otro mundo del Mar Muerto. Tampoco fue un viaje que preparara al detalle, más allá de lo físico, por lo que los apuntes que lance aquí serán un ir y venir de ideas, conversaciones y flashes.

Por lo pronto confirmar un par de tópicos muy reales: la gente es hospitalaria, mucho. Hasta el extremo de invitarte a comer (me sucedió) y, además, imbuida por su curiosidad, alargan la conversación en la medida que permiten las barreras idiomáticas. 



Otro tópico universal es el sistema de doble precio local vs turista. Solo que en Jordania el sistema es incentivado desde el propio Estado con precios como el de Petra, que multiplica hasta 50 veces el precio de la entrada con respecto al de los jordanos.

Pero hay una Jordania hablada y contada. La que empieza con imperios de los que ignoraba mucho. La de los nabateos, más conocidos por haber edificado esa maravilla de la Humanidad que es Petra, arrancando de la piedra una ciudad con palacios y templos imponentes. Pero también los moabitas, los amonitas, los arameos... Pueblos que se movieron por una ruta histórica que yo recorrí en bici: la conocida como camino o ruta del Rey. Hoy en día una tranquila carretera secundaria que estaba allí, más o menos, hace 3000 años y que sigue siendo, básicamente, la forma de moverse por la orilla Este del río Jordán y el Mar Muerto hasta el Golfo de Aqaba en el Mar Rojo.

Recorrer esta ruta en bici, si quieres ver los puntos de interés, no es fácil ni cómodo. Aparte del efecto sartén de ese lago salino que es el Mar Muerto los desniveles pueden ser de hasta 1700 m de diferencia, como me sucedió para llegar a Al Karak, en la ruta de los castillos. La misma que hizo Saladino expulsando a los cruzados (los francos como les llaman los árabes).


Por otro lado el recorrido por el Mar Muerto, empezando por el  presunto lugar de bautismo de Jesús, enseña una Jordania escrita en la Biblia, con la histórica Madaba, un auténtico museo del mosaico bizantino con piezas únicas en el mundo. Madaba agrupa a la práctica totalidad de la comunidad cristiana de Jordania, parte de ellos palestinos o libaneses refugiados tras la aparición de Israel en escena.

Puedes seguir historias contadas en la Biblia en el Monte Nebo, desde donde a Moisés le fue permitido ver la Tierra Prometida que nunca pisaría, las comunidades monásticas cercanas a Jerash, el lugar de nacimiento del profeta Isaías, la ira de Dios contra Sodoma o el propio lugar del bautismo, una especie de parque de atracciones cristiano con vistas a los soldados israelíes armados hasta los dientes del otro lado del Jordán. 

Israel es el "fucking neighbor" como me dijo Musa. Un vecino presente y odiado que acompaña como una sombra buena parte del recorrido que discurre, a menudo, a un paso de la frontera que el despliegue militar deja bien claro que está ahí. Frontera que ni unos ni otros cruzan. Solo los turistas y con un visado turístico. Ironías de la vida. El turismo se permite, la convivencia está vetada. Los palestinos ni cuentan, aunque, básicamente, palestinos y jordanos son el mismo pueblo con distinto nombre.

Quién iba a pensar que, tan apenas unos días después de mi vuelta, estallaría el conflicto en Gaza de la forma en que lo ha hecho. Aunque la guerra es parte del día a día de esa zona.

El abuelo de Fadi era de Ramala, ahora en Cisjordania. Fadi es un musulmán progresista. De los que ven con preocupación como se polariza el país entre laicos y musulmanes moderados frente a la corriente más islamista tradicional y el Islam político (no me detendré en los matices porque es muy largo de explicar) de mujeres tapadas hasta los ojos, barbudos y contenidos educativos totalmente lastrados por la religión. 

El Islam penetra la vida, aunque los no musulmanes no podemos penetrar en las mezquitas. También es una realidad ceñida al idioma árabe, con lo cual queda lejos de los occidentales. 

Mi árabe es paupérrimo y me permite conversaciones banales, divertidos regateos, decir mi edad, agradecer o quejarme un poco. Siempre con hombres, claro. Las mujeres son el otro mundo en un país musulmán y a mí me está vetado.

El viaje enseña cosas. El silencio también. Silencio como el de las mujeres jordanas. En 15 días de viaje a duras penas intercambio unas pocas frases con alguna camarera o guía. No es que no hablen inglés, es que no hablan con desconocidos del sexo opuesto. Es lo que hay.

Es bueno cambiar el chip. Para mucha población occidental Sadam Hussein solo fue un tirano. Para mucha gente en Jordania es una especie de héroe.

A poco más de mitad de camino me encuentro con Petra. Es mi segunda visita y he de reconocer que la encuentro más descuidada. El afán por sacar un dinero extra ha sembrado de chiringuitos las ruinas milenarias. Hay más basura y un turismo masivo que padece los rigores de las polvorientas ruinas (de punta a punta son casi 7km que incluyen escaleras interminables) para las que más vale ir bien provisto de agua. 






Petra es difícil de describir. No es una sola ciudad sino una acumulación de culturas una sobre otra. Un mosaico a cielo abierto de imperios que dejaron su huella en lo que empezó siendo una ciudad única arrancada a la piedra. Por allí pasaron griegos, romanos, construyeron iglesias los cristianos bizantinos, establecieron su hogar los beduinos...

Solo el paraje, con su célebre entrada por el Siq, ya merecería una visita en sí. Lo que no merece tanto la pena es la ciudad anexa. Un lugar sin gracia ninguna pensado para el turista y donde los precios son un escándalo y la calidad de la comida amerita una diarrea, como me sucedió a mí mismo.

El camino sigue hacia el desierto, la vegetación va desapareciendo paulatinamente a partir de Wadi Musa, el estrecho valle que encierra a Petra.

El camino hacia el Sur deja en Wadi Rum, probablemente una de las áreas desérticas más populares del Mundo. 

Wadi Rum es el decorado de la película de Lawrence de Arabia y es sinónimo de un paraje en el que solo el camello o el 4x4 te pueden transportar. La bici descansó, yo no.

Dicen que es el desierto más bello y lo cierto es que el tiempo se hace corto recorriendo las formaciones geológicas, el cañón donde culturas milenarias dejaron petroglifos, viendo los cambios de color con la luz, escuchando el silencio... Y eso pese al calor inclemente y una arena que se cuela hasta el último rincón del cuerpo.

Me alojo en casa de la familia de Yusuf. Beduino y descendiente de beduinos. 


Hace un siglo más de la mitad de la población jordana era nómada o seminómada. Ahora esa mitad de la población vive en Amán y su área metropolitana.

Las formas de vida tradicionales, con excepción de parte de la gastronomía, han quedado para el folklore y poco más.

La Jordania rural se está despoblando y la población se concentra en núcleos urbanos. Además el país padece una gran dependencia alimentaria e importa mucha de la comida que consume.

Más al sur el país termina en el Mar Rojo. Llego de la única manera posible: por una atestada carretera en la que mi bicicleta parece una pulga entre cientos de camiones que se dirigen al único puerto del país en Aqaba.



De la antigua Ayla, puerto histórico que se situaba en la zona donde ahora se encuentran los hoteles más lujosos de la ciudad, poco queda.

Aqaba es una ciudad moderna donde lo que es una rareza en el resto de Jordania aquí es normal: alcohol, guiris en bikini, garitos con música moderna y una vía de escape para los vecinos de la cercana Arabia Saudí, fronteriza a escasos 30km.

También es un lugar especialmente caluroso y donde el calor de la tensión política se mastica. En un puñado de kilómetros se apiñan las fronteras israelí, jordana, saudí y la convulsa frontera egipcia en la península del Sinaí.




Vuelvo a Amán en autobús. Los buses de Jett son cómodos, baratos y rápidos, un buen motivo para no necesitar tours organizados. Además el país es muy seguro.

Amán, a pesar de su tráfico infernal y su capa de contaminación, me gusta. 

La población local va más a su rollo y no te suelen dar la murga, aunque muchos hablan un excelente inglés. Es un lugar febril, de compras y paso obligado, uno de cuyos mayores atractivos es lo que queda de la antigua ciudad romana (Filadelfia se llamaba) y la variedad gastronómica a precio razonable.

Es ciudad además de contrastes. Con arrabales pobres que se extienden muchos kilómetros al tiempo que urbanizaciones de lujo o colegios privados muy exclusivos. 



También concentra mucha población flotante porque los mejores hospitales, las universidades y las instituciones están aquí.

Llego al aeropuerto. Muchos miran como un marciano al calvo en bici.

Dejo Jordania, empieza una guerra a un paso pero siempre quiero volver a esta zona del planeta.

lunes, 3 de octubre de 2022

De Rijeka a Venecia. Un paseo adriático.

En una distancia muy corta tantas cosas para ver subido a mi bici, terminé pensando.

Un paseito en Croacia y Eslovenia y fin de trayecto por la costa italiana. El final de un viaje sin preparar gran cosa pero que, ya lo dije, superó mis expectativas.





Venía de cruzar Eslovenia, como ya dije en otra entrada del blog. El tiempo ya iba apurando, la maldición del cicloturista de depender de unas fechas cuando para lo demás no depende más que de sí mismo.

Así que tuve que tomar un atajo y, para ello, empecé por entrar a Croacia desde el Sur de Eslovenia.




Se aceptan euros, se cambian kunas. Croacia entra al euro en enero de 2023 y la ansiedad por pillar divisas frescas es evidente nada más pasar la frontera.

Aunque Croacia ha avanzado mucho en las últimas décadas tienen pendientes asuntos como una moneda débil en comparación con los euros que traen todos sus turistas, que son muchos y que se multiplican año tras año.

Frente a la opulenta costa croata parte del interior del país es rural y tranquilo. En concreto el condado de Primorje-Gorski, cuya cabecera es Rijeka, es en su parte montañosa una sucesión de pueblos, algunos de ellos diminutos, paisaje alpino y pequeñas explotaciones ganaderas.



Lo peor de esta primera jornada sin duda el tiempo. Hice pocas fotos por ello.

Tras aguantar en los Alpes Julianos temperaturas de canícula pase a un desagradable viento racheado y lluvia que hizo incómodo el trayecto. Y el inconveniente añadido del puerto de Gorje Jelenje. Una subida agotadora de 22km.

Fue sorprendente, asimismo, comprobar como en apenas 40km el paisaje cambia de zonas boscosas con presencia de osos y linces a olivares y viñedos. 

Frontera eslovena-Rijeka (59km aprox)

Rijeka es una ciudad portuaria. Atractiva y horrible a la vez. 

Es lo que tiene moverse despacio: que da para apreciar todo. Lo que incluye unas instalaciones portuarias, las más grandes de Croacia, que ocupan varios kilómetros de costa, además de astilleros y las inevitables montañas de basura que rodean los puertos.

Pero el centro histórico de la ciudad es menos apreciado en cuanto a su atractivo turístico con respecto a las otras ciudades más turísticas de Croacia como Dubrovnik o Split.

Tiene legado lo mismo romano que Barroco (no perderse la curiosa catedral de San Vito) o modernista.



En la misma ciudad de Rijeka no hay propiamente playas. Hay que desplazarse unos kilómetros y es fácil encontrar las típicas calas de la costa dálmata. Playas de piedrecitas con un agua cristalina incluso para ti solo. Algo impensable en la mayor parte del litoral mediterráneo español.

Desde la costa croata la forma más rápida de cambiar a la costa eslovena era por el interior. El paisaje ya es el típicamente mediterráneo, con pequeñas islas de bosque templado. Muchos olivares y viñedos. 

Pedaleo fácil con alguna pequeña cuesta. Una rápida y cómoda pedalada, pese a las tormentas, que me llevó a la pequeña ciudad de Koper. 

Koper o Capodistria es una ciudad de clara influencia veneciana. Como toda la zona costera ha ido cambiando sus fronteras y hasta hace unas décadas tenía mayoría de población italoparlante. 



Las fronteras y las poblaciones se han ido moviendo. Una ciudad como Rijeka, por ejemplo, tenía un 80% de población italiana hasta los años 40.

Trieste fue austriaca y ahora italiana, Rijeka húngara, Koper territorio de la república veneciana... Todo un batiburrillo histórico.

Rijeka-Koper. (90km aprox)


Koper es pequeña y placentera. De calles estrechas y casco histórico encantador. También es portuaria y llena de centros comerciales donde compran más barato los vecinos de la fronteriza Italia. 


Llegar y salir es fácil pues hay carriles bici segregados de la calzada. Es además una de las paradas de la eurovelo 8, recorrido ciclista por toda la costa mediterránea, por lo que es fácil coincidir con otros cicloturistas.

Y desde Koper ya es un pequeño paseo para cruzar la frontera con Italia y plantarse en otra joya de ciudad: Trieste.

Trieste es todo un ejemplo de cómo las ciudades mediterráneas rara vez se edificaban junto al mar, sino que sus edificios principales permanecían alejados de la costa, generalmente en puntos altos que sirvieran de bastión defensivo.

Trieste hay que visitarlo con calma. Si entras con bicicleta el primer lugar que visité lo recomiendo a todo el mundo aunque dista de ser un lugar agradable: la Risiera de San Sabba. Único campo de concentración estable en Italia, del que yo desconocía su existencia. Debería ser un deber moral para comprobar hasta qué punto llega la barbarie humana.



Luego un cafécito, que si no es en la costa es bastante económico, y, en un momento,  puedes estar en la colina en torno a la cual se construyó la romana Tergeste, importante centro bizantino y después catedral gótica de San Giusto. Todo ello fuente de un impresionante legado arqueológico.


Trieste tiene varias peculiaridades en cuanto a su población. Alberga la mayor comunidad judía de Italia, pese al Holocausto, una importante comunidad serbia y unas heladerías fuera de serie y bastante económicas.





Y más allá de su interés turístico también es un puerto muy activo rodeado de una zona industrial de la que se sale por una carretera bastante incómoda para pedalear.

Toda la costa hasta Monfalcone, quitando pequeños reductos como el Castello de Miramare, es una de las más zonas industriales más pujantes de Italia. Hay que saber por dónde meterse para evitar el intenso tráfico de algunas zonas.

La costa hasta Venecia y más allá es una sucesión de marismas y lagunas de agua salada. Hay varios espacios naturales protegidos, aunque, por desgracia, la mayor parte de la costa está privatizada. 


Es difícil encontrar playas accesibles e incluso alojamiento asequible. 
Pero, a mitad de camino, se encuentra la antigua ciudad romana de AquileaNo hay nada como ignorar lo que te vas a encontrar para que te sorprenda.


Aquilea es un  lugar que desconocía y que es una muestra de arquitectura paleocristiana única. Difícil describir lo que impresionan sus mosaicos, en un estupendo estado de conservación tras 1500 años.



Más costa, más industria y parada en otra ciudad encantadora y de estructura renacentista y barroca: Portogruaro



Debido a la superpoblación de Italia (Una tercera parte más pequeña que España y con 13 millones más de habitantes) hasta Venecia-Mestre es una sucesión de pequeñas poblaciones y carreteras secundarias por las que se puede circular más o menos tranquilo.

Frontera italiana-Venecia (180km aprox)


Último día en un camping, pues los precios de Venecia y sus alrededores en verano son completamente disparatados. E inevitable visita a Venecia.



Venecia puede ser el lugar más turístico del planeta, pero sigue siendo única, aún con las riadas de turistas. 

Por cierto este año la encontré más calmada y con los precios de su hostelería un pelín menos abusivos. Cosas de la pandemia, supongo.



Triste es volver... Otra vez más, siempre un poco más lejos, hasta que el tiempo deje volver al Adriático, un mar cercano y siempre con algo que encontrar. 

Ficha técnica.

27-31 Julio 2022. 

Frontera Eslovenia/Croacia a Venecia

Distancia aproximada 445km.

Bicicleta VSFarradmanufaktur Deore T-300

Alforjas Ortlieb, parrillas Tubus y Racktime.






miércoles, 17 de agosto de 2022

Eslovenia en tres ríos

Si lo tuyo es el cicloturismo, o el ciclismo en general, sin duda Eslovenia es una buena elección. Yo me plantée el viaje sin grandes planes pero, desde luego, terminaría superando mis expectativas.

En principio, mirando el mapa, si algo hay en Eslovenia son cursos de agua. Ríos de aguas increíblemente transparentes que pueden servir de guía para cruzar el país. Una idea refrescante que resultaría no serlo tanto.



Me pilló una ola de calor en que se batieron récords en los Alpes Julianos, que ocupan buena parte del Noroeste del país, tanto de temperaturas absolutas como de días consecutivos de calor extremo. Nada distinto a lo ocurrido en toda Europa, pero que hizo más dura la pedalada. Una situación climática que ha superado los simples episodios y que empieza a ser preocupante.

Lo primero fue llegar allí. Para los aragoneses está ahora un poco más fácil. Por mi parte llegué a Eslovenia vía Venecia. Al aeropuerto Marco Polo llegan cientos de vuelos diarios, entre los que se incluyen dos semanales desde Zaragoza. Y el recorrido desde Venecia, a poco más de cien kilómetros de la frontera eslovena, es plácido y lleno de lugares interesantes. 



Aeropuerto Marco Polo-Gorizia en bici (Ruta aproximada)

Ya que la cosa iba de ríos, hay varias opciones para cruzar la frontera. La más habitual por Trieste, pero yo elegí Gorizia, o Gorica en esloveno, que se extiende a los dos lados de la frontera natural que es el río Isonzo. 

Gorizia es una ciudad con su parte barroca, parte neoclásica y con un burgo encaramado a una colina desde la que unos cientos de metros nos separan de la frontera. Calles empedradas, bastante encanto y algunas cuestas. Un poco antes está Gradisca de Isonzo, un pequeño pueblo amurallado de estructura barroca.

Al otro lado del río Isonzo Nova Gorica es una ciudad de casinos, locales de dudosa reputación y muchos centros comerciales que hacen competencia a Italia con precios más baratos. La ventaja: nada más pasar la frontera tienes varias alternativas para pedalear, una de las cuales es un trayecto señalizado paralelo al río, que se transforma en el Soča al otro lado de la frontera y acompaña un recorrido montaña arriba hasta su nacimiento.



El Soča es un río de aguas cristalinas que conduce al Parque Nacional de Triglav a través de pequeñas poblaciones bastante tranquilas. Imprescindible tomarse un rato para aprender sobre el escenario bélico de las Batallas del Isonzo en la I Guerra Mundial. 300.000 vidas se perdieron en una serie de encarnizadas batallas que terminaron en tablas. Especialmente interesante el museo de Kobarid, localidad que es, a la vez, una buena puerta de entrada al Parque Nacional.



En todo el trayecto una buena muestra de playas fluviales para todos los gustos. Debido a la ola de calor pasé buen tiempo a remojo. Cascadas, excursiones para todos los niveles muy bien señalizadas, paisajes alpinos idílicos y algo inevitable: subir. 



En un parque tan montañoso como el de Triglav es inevitable toparse con unas cuantas cuestas y un puerto de montaña que es el auténtico coloso de Eslovenia: el puerto de Vrsic, paso asfaltado más alto del país.



Un puerto que también tiene su historia, más allá de su pendiente media del 14%. Es la conocida como carretera de los rusos, construida por prisioneros de guerra de este país en torno a 1916 y que tiene, aparte de las espectaculares vistas a los Alpes Julianos, una capilla ortodoxa rusa atendida por un guía espontáneo que explica la historia de la obra.



Nova Gorica a Puerto de Vrsic (aproximadamente)


También puedes llegar a odiar a los moteros y su ruidera, que se antoja tan inapropiada en ese escenario. Miles de ellos visitan el país y recorren las rutas más habituales. Por suerte hay unas cuantas zonas en las que hay carriles segregados para bicis y rutas alternativas, pero en los espacios naturales la carretera es única. 

De las posibilidades del Triglav opté por descender hacia la pequeña ciudad de Kranjska Gora, de evidente aire austriaco, como hay varias en Eslovenia. 



Todas las ciudades del Imperio austrohúngaro tenían una gran plaza rectangular en torno a la que se agrupaban los centros del Poder terrenal y celestial y que ejercía de mercado. Es un modelo que encontraría también en Kranj, Novo Mesto o la misma Liubliana.

Una cómoda ciclovía junto al río Sava, otro río que me acompañó muchos kilómetros, te cambia el escenario a la industrial Jesenice: una urbe horrible dedicada a la metalurgia y que es útil como parada de aprovisionamiento.

¿He dicho ciclovía? Eslovenia, en los últimos años, se ha vuelto un destino muy popular, pero, además, saben de las condiciones naturales y el atractivo como lugar para todo tipo de ciclismo y han hecho una inversión en infraestructura ciclista que me atrevería a decir los sitúa en los primeros puestos de Europa. Podrás encontrar información, señalización específica y alquiler de bicis casi en cualquier punto del país.



Desde allí se vuelve a terreno natural protegido y es sólo un paso hacia la postal por excelencia de Eslovenia: el lago Bled.



Puerto de Vrsic a Lago Bled


El Bled es un pequeño lago glaciar con una isla central, la única en Eslovenia, en la que hay varias construcciones y dominado por un castillo. Todo esto en un entorno de bosque templado y ríos. El inconveniente: está muy bien comunicado y recibe miles de visitantes al día que generan un tráfico infernal en unas carreteras bastante angostas.

Ni pensar en alojarse allí o tomar ni un café. Los precios son prohibitivos para una economía mediterránea. Pero un paseo y un baño en el lago, por supuesto. Mejor si pillas el atardecer (tuve suerte) y luego sólo queda seguir el curso del río Sava.



El río Sava es muy simbólico en la historia de la desaparecida Yugoslavia. Une varias de las que fueron sus más importantes capitales y desemboca en el Danubio en Belgrado. También cambia el paisaje que pasa del bosque montañoso a extensiones de cereal, praderas y bosque de ribera.

Para llegar hasta Liubliana desde casi cualquier punto del país, hay varias ciclorutas que esquivan la saturada carretera estatal y, por ejemplo, nos permite disfrutar de Kranj, una ciudad también netamente imperial, que ha hecho de la cerámica su banderín de enganche.


Cuando hablo del Imperio me refiero al vasto reinado de los Habsburgo. Es por ello que en todo el trayecto uno va encontrando el águila imperial, escudo de esta dinastía. A ella se deben buena parte de los edificios más esplendorosos de Eslovenia.

Kranj es casi un pueblo grande, como muchas de las cabeceras administrativas eslovenas, pero merece la pena disfrutar y pasear sus calles y exposiciones. Dede allí es otro paseo de cicloruta por campos de cultivo que deja en la capital, a la que dedicaré una entrada aparte. Una ciudad que me encantó. Por cierto repleta también de bicis y con todas las facilidades para moverte en ella. 

Lago Bled a Liubliana


Desde Liubliana hay varias opciones, todas ellas interesantes. Por mi parte un tercer río me iba a acompañar, en este caso el río Krka, palabra que se antoja impronunciable, así que yo metí una e aleatoria y parece que me entendían. Sería una constante. Muchas palabras de esloveno o serbocroata son una sucesión de consonantes que se antoja impronunciable, pero la buena voluntad local ayuda a entenderse.



Tomé rumbo Sudeste hacia Novo Mesto y, ya de paso, atravesé una de las zonas donde resiste la exigua población de lince boreal del país, no lejos de Zuzemberk, villa amurallada que tiene a este animal por escudo.



El paisaje volvió a cambiar a zonas de bosque mixto y moverse por carreteras secundarias y pistas es lo ideal. Es fácil cruzarse con corzos y ciervos y prácticamente no hay turismo.

La pega fue la lluvia. Hasta llegar a la costa una borrasca me acompañaría varios días, acompañada de vientos racheados que hicieron incómoda la pedalada, unido a los sube-bajas marca del país.

Novo Mesto es una pequeña ciudad somnolienta encajada en un meandro del río que visité con un buen chaparrón pero que merece un buen rato. Todos sus alrededores tienen castillos, villas amuralladas y es la capital de Baja Carniola.

Liubliana a Novo Mesto



Decidí seguir el curso del Krka y llegar a una de las zonas con más población de osos de toda Europa (hasta 600 ejemplares hay en Eslovenia) y un modelo de convivencia al tiempo que atractivo turístico.




La zona está especialmente despoblada y los alojamientos son pocos. En la zona del macizo de Sneznik y bosque de Zdrocle se encuentra una de las pocas extensiones de bosque virgen en Europa. De hecho recientemente fueron declarados patrimonio de la Humanidad.

Noches de lluvia, un erizo que viene a saludar, jabalís rondando... Todo un paraíso natural y la pedalada siguiendo un río que es frontera me llevó a Croacia. Pero esa es otra historia.

Novo Mesto a frontera croata



Ficha técnica.

19-27 Julio 2022. 

Parada de dos días en Liubliana

Distancia aproximada 556km.

Desnivel positivo 5200m

Bicicleta VSFarradmanufaktur Deore T-300

Alforjas Ortlieb, parrillas Tubus y Racktime.