miércoles, 6 de abril de 2016

Cicloturismo balcánico. Costa dálmata. Makarska-Neum 99kms.

Un comienzo de día realmente idílico, con un sol estupendo, sonido de mar y ardillas correteando en el pinar donde desperté.
Luego toda una maratón ciclista de 99kms, aunque con el viento levemente a favor y un perfil plano tampoco es de extrañar.







El primer punto de parada y desayuno con palacinke (versión eslava de los pancakes) fue en Tucepi. Baño en la playa, normalmente saturada, aunque si se acude a una hora temprana se puede estar bastante tranquilo.
Conviene recordar aquí que en Croacia no existen las playas privadas, por mucho que lo intenten los resorts hoteleros, así que viene bien aprovechar para bañarse en las claras aguas del Adriático, siempre accesibles en bicicleta.



La costa tiene unas vistas impresionantes en todo momento: La isla de Hvar, la península donde se encuentra Trpanj y Loviste. También algunos lagos más hacia el interior y bastantes aves.
Pese a la abundancia de residencias turísticas, apartmani y hoteles entre medio sobreviven iglesias medievales, monasterios o restos de fortaleza.





Y especialmente agradable la zona de la desembocadura del Neretva, donde se atraviesa una fértil albufera típicamente mediterránea con cultivos de cítricos, huertas y miel. En la zona sorprende un pequeño puerto con unas pronunciadas cuestas que me hicieron sudar. Fue de agradecer el zumo natural al terminar la cuesta.




Por contra al bajar el puerto me encontré con la fea e industrial bahía de Ploce. Una zona portuaria donde termina la línea del ferrocarril croata. En el breve descanso se me comieron los mosquitos.
El atardecer me pilló justo cruzando la frontera con Bosnia-Herzegovina.
Así pues, mi largo recorrido terminó en territorio Bosnio, pues Neum es la única salida al mar de Bosnia-Hercegovina, aunque el lugar no tiene ningún interés.
Una larga hilera de edificios turísticos apelotonados junto al mar y un camping caro y que no recomiendo al que llegué de noche. El señor que lo atendía, muy amable, no hablaba inglés pero sí un curioso francés de academia.



La ruta del día, aproximadamente

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