martes, 3 de junio de 2014

Sipla Uma. Un nombre. solo es un nombre


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Foto:Atardecer en el Delta del Orinoco (Venezuela)

Reedito mi proyecto que empezó en 2009 y en un momento dado se congeló.
Un blog de viajes y a veces un poquito de opinión, en el que empezaré colgando mis cositas más viejas, pero que seguro a alguien interesará, o perderá un poquito de tiempo en leer.

Sólo es un nombre, Sipla-uma no es nadie... Bueno sí, alguien soy.
Viajero por necesidad, por devoción o por lo que ustedes prefieran.
Viajero sin blog hasta el momento porque no necesito presumir de nada, no me creo tan especial. Simplemente soy un afortunado primermundista con pasaporte europeo, un poco de dinero (Poco, miente quien dice que hace falta mucho dinero para viajar) y una tarjeta de crédito. Esto y no otra cosa, te garantiza no la seguridad de que no te roben o te puedan pasar unas cuantas cosas desagradables, como tropezar en la maraña de los funcionarios corruptos o la burocracia insufrible, pero te otorga el privilegio de poder viajar más o menos donde quieras. Un privilegio que muchos habitantes de los países del Sur rara vez disfrutan.
Pero aún así creo que algo de lo que os cuente os puede interesar. Así que empiezo por una declaración de intenciones que escribió Roque Dalton hace unos años por mí.

Los Locos
A los locos no nos quedan bien los nombres.

Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mano en mano
con la alegría de las cosas simples.

Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!

Todos extienden, desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
tus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

Los locos no podemos anhelar que nos nombren
pero también lo olvidaremos…

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